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| El salón de la Unione Italiana, destruido por el viento |
Comenzaba el Siglo XX y la realidad socio económica del país
era muy diferente al actual. Más allá que hoy solemos escuchar que estuvimos
entre los primeros países del mundo, sólo puede tomarse esa mirada desde el
modelo agro exportador que reinaba en esos años donde unas pocas familias se
repartían la mayor parte de las riquezas por supuesto en una sociedad sin clase
media donde los hijos de los obreros o peones del campo apenas tenían la
posibilidad de aprender a leer y escribir sin llegar a terminar la etapa
primaria de su educación. De otra manera decimos que en esos tiempos «la
oligarquía estableció un sistema por el cual el manejo del poder político,
estaba en manos de un grupo perteneciente a la elite, mientras el grueso de la
población quedaba totalmente marginado de las decisiones ciudadanas. Para que
fuera posible mantener este sistema político se establecieron distintos mecanismos,
que básicamente giraban en torno del fraude electoral organizado, mediante la
distribución de cargos públicos y prebendas a sectores opositores, para
neutralizarlos. En razón de esto, la participación de la población en las elecciones era mínima.
Uno de los elementos esenciales del poder oligárquico, además del económico, ha
sido siempre la difusión, en el conjunto de la opinión pública, de sus
supuestos valores y de la “legitimidad” de su posición social y política. A
través de distintos medios han logrado que otros sectores sociales acepten como
naturales las ideas de la oligarquía.»[1]
