Así se tituló su última nota en
Estrella de la Mañana
y aunque cuesta creer que su silbido no se escuche por la ciudad, que fue muy duro comenzar el festival sin él y
aún hoy, muchas veces, lo espero con el mate caliente para compartir anécdotas
en el museo como solía ir, siempre y cuando no haya nadie, porque según él
hablábamos el mismo idioma. Les puedo asegurar que en una grabación de
cincuenta minutos, donde volví a escuchar su voz, me pareció tenerlo cerca y
quizás no nos demos cuenta ahora pero con el paso del tiempo será un acervo
cultural de la ciudad muy valioso, tampoco voy a negar que un par de veces mis
ojos se humedecieron al retornar a la realidad y saber que él ya no está.
