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ARMANDO AMIRATI, NUESTRO CURA SANTO Parte 7




UN PASTOR CON OLOR A OVEJA


En 1972 Armando Amirati inicia su partida hacia el norte de país, principalmente con destino a Salta donde se encontraban algunos sacerdotes conocidos de él. Monseñor Carlos Mariano Pérez era el Arzobispo, uno de los pocos miembros de la curia que criticó a la dictadura cívico militar en 1977 al solicitar al Ministro del Interior de la Nación Albano Harguindeguy, la efectiva libertad de todos los detenidos ya absueltos por la Justicia; el fallo sin demora de los que aún no habían sido juzgados; la humanización del trato de los detenidos, que se les permita recibir visitas y adquirir efectos personales. Pero el camino de Amirati no estaba allá, según nos relata el Padre Roberto Queirolo

ARMANDO AMIRATI, NUESTRO CURA SANTO. Parte 2




Su llegada a Cañada de Gómez

Tras la partida del Cardenal Caggiano hacia Buenos Aires, en 1959, durante la breve gestión de Mons. Silvino Martínez quién fallece en su cargo en 1961 siendo reemplazado por Mons. Guillermo Bolatti comienza en la vida sacerdotal de Armando Amirati una serie de traslado que incluyeron las parroquias de Fray Luis Beltrán, Fisherton, San José Obrero y el Colegio del Huerto. Un 25 de marzo de 1962 bajó sólo de la Estación de trenes, caminó con su pequeño bolso lleno de libros y cruzó la Plaza San Martín rumbo a la casa parroquial un desconocido cura llamado Armando Amirati. Faltaban siete meses para que Juan XXIII, el Papa Bueno, diera inicios a la gran reforma de la Iglesia Católica que fue el Concilio Vaticano II. Ese 11 de octubre de 1962, fecha en que el Santo Pontífice ofreciera la misa inaugural y su recordado discurso Gaudet Mater Ecclesia donde, entre otras cosas, expresara que