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EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Cuarta Parte

Butassi y Cabezudo al inaugurar el edificio de la Banda de Música

Volviendo a los encargados de los operativos y secuestros en la ciudad, es preciso recordar al Jefe de Servicios de Informaciones Oficial Raúl Blanco quién estuvo presente en la mayoría de los casos y fue uno de los testigos en el presunto asesinato de Puchi Casari, un fallecimiento que para la Justicia quedó cerrada como muerte accidental. Según las averiguaciones que se pudieron realizar las órdenes llegaban desde Inteligencia de Rosario, siempre con la pasiva actitud de algunos civiles que acompañaron al Proceso, cometiendo las atrocidades como el asesinato a Fanny Giordano, la bomba a Roberto Garín y a Luis Cervigni en sus respectivas casas, los disparos a la vivienda de Horacio Brasca quién es herido y a la noche siguiente del hecho se va de nuestra ciudad iniciando un prolongado exilio;  y la detención a los familiares de Cali Gabriel y de Juan Carlos De Altube, entre otros.

LA HISTORIA DE LOS INTENDENTES... JUAN ROGELIO BUTASSI Y LA VUELTA A LA DEMOCRACIA


El 22 de diciembre de 1981 el Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri recibe de manos del presidente de facto interino Vicealmirante Carlos Lacoste la banda y el bastón presidencial. Las internas de las Fuerzas Armadas hicieron que el Teniente General Roberto Eduardo Viola durara sólo algunos meses al mando del gobierno de facto. La dictadura cívico-militar llegaba a su ocaso. Ellos sabían. La situación económica del país no daba más. Las políticas llevadas a cabo por Martínez de Hoz habían decretado el congelamiento de salarios cayendo el nivel de vida de la población. La pobreza, que desde la década del cuarenta se ubicaba debajo del 10%, y que era del 5,8% en 1974, subió al 12,8% en 1980 y al 37,4% de pobreza en 1982. El desempleo por su parte, se mantuvo relativamente estable, partiendo de un 3,8% en octubre de 1975 y dejando un 3,9% en octubre de 1983, con un pico del 6% en mayo de 1982. El ministro de economía designado por Galtieri era Roberto Alemann, otro de los civiles encargado de acompañar a los “milicos” en el terrorismo de estado. Las fábricas empezaban a cerrar, y los gremios comenzaban a reagruparse. El 30 de marzo de 1982, encabezados por el dirigente sindical Saúl Ubaldini, la CGT, bajo la consigna "Paz, pan y trabajo", reunió a cincuenta mil jóvenes y trabajadores que colmaron la Plaza de Mayo en una huelga impensable hasta entonces por la acritud de la dictadura. Tres días después, la misma plaza colmada victoreaba la locura de Galtieri, dando un manotazo de ahogado, recuperando Malvinas y de ese modo entrar en guerra con Gran Bretaña, ofensiva que al cabo de tres meses dejó centenares de muertos y el gobierno de facto en terapia intensiva.