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EL NUNCA MÁS CAÑADENSE, LA HISTORIA DE ANALÍA RIBAUDO

 



Hoy nuestra ciudad va a conocer una historia poco conocida, otra historia más de las atrocidades realizadas por la dictadura cívico-militar que vivió la Argentina entre 1976 y 1983.

Nuestro pueblo cañadense tiene una extensa lista de hombres y mujeres que fueron detenidos, torturados, perseguidos, secuestrados y asesinados. Y en aquella investigación que comencé en el año 2016 pensé que había concluido cuando publiqué este Nunca Más Cañadense.

Hacia finales del año 2021 me encontré con una familiar de Analía, una hija de Cañada de Gómez que hace muchos años vive en Córdoba y que, por casualidad, también fue docente de la Universidad Siglo 21 donde egresé como Procurador y aún sigo cursando mi carrera de Abogacía cuando los tiempos de la vida me lo permite.

En esta nueva crónica histórica vamos a conocer la vida de Analía Inés Ribaudo, quién fue víctima del genocidio de Videla y compañía por defender en este caso no una idea política, sino por defender a sus amistades.

Analía nació el 15 de noviembre de 1953 en la Clínica de los Cagnín, aquella que estaba ubicada en Ocampo al 500 donde hoy se encuentra el Hotel Genga. Sus padres eran Ángel Ribaudo e Inés Cagnín y su hermano mayor es Norberto. Su parto estuvo a cargo de la recordada Rosa Motter, su abuela, pionera de las parteras de la ciudad.

Su familia estaba marcada por la cultura, el deporte y la participación social. Su tío José fue un ilustre escritor, deportista dedicado al boxeo donde obtuvo el torneo Guantes de Oro de la Revista El Gráfico en la década del treinta y un defensor de los derechos de los púgiles argentinos. Su tía Leticia es la madre de Roberto Garín, otro protagonista de esta trágica historia de nuestro país, y una destacada docente de la Escuela Manuel Belgrano. De esa etapa de su niñez Analía recuerda que…

«Por línea materna fui la menor de ocho nietos que tuvo mi abuela Rosa. De todos los hermanos, las tres mujeres y el varón habían tenido una pareja, un varón y nena como hijos… y yo siendo la menor en una época en la que los títulos nobiliarios no estaban de moda me convertí por obra de mis primos en la princesita de la familia, tanto que hasta el día de hoy me siguen diciendo Prince. Por lo tanto, los recuerdos que tengo de mi infancia son felices, son buenos. También tengo recuerdos de mí misma en esa infancia, ese ser la princesita me llevaba de brazo en brazo, de beso en beso cuando nos reuníamos toda la familia. Era disfrutar de un cariño y un amor permanente, fue una época de mi vida muy hermosa, no solo de mi micro cultura familiar de mi familia pequeña, sino era disfrutar del amor de mis primos, tíos, tías, etc.»

La salud de Analía siempre le jugó una mala pasada en su vida, y de eso manifiesta que «paralelamente a eso no me acompañaba mi salud, si bien lo valioso fue estar rodeada de amor permanente debo decir honestamente que, desde muy chiquitita el blanco y el negro, lo bueno y lo malo convivían en mi con toda naturalidad. Todo lo que maravillaba a mi familia sucedía en paralelo a ciertas debilidades en mi salud, entonces en mis recuerdos se mixturan momentos de felicidad plena y otros de tristeza, de miedo, de angustia… Recuerdo que tenía un amor muy profundo por el Dr. Altube que era médico de niños, pediatra y recuerdo verlo llegar a mi casa en horarios insólitos».

Su amor a la provincia de Córdoba lo heredó de su padre, que era cordobés. Ella siempre sintió que tenía las raíces divididas porque amaba los dos lugares y disfrutaba mucho también de los encuentros con la familia de su papá, en cada viaje a Córdoba y sus reuniones con sus primos paternos donde volvía a repetirse esa historia de ser la menor de todos, donde el mayor de ellos era médico y muy compinche de su padre. Finalizando esa etapa, Analía remarca que sus problemas de salud no le impidieron disfrutar de esa maravillosa nube de amor que la envolvía.

Esos problemas de salud que tanto marcaron a Analía, empeoraron cuando a los 8 años contrajo una tos convulsa que le originó una micro hemorragia cerebral en el lóbulo frontotemporal izquierdo y convivió con eso a lo largo de su vida.

Analía de niña, en el salón de la Sociedad Suiza

Comenzó la primaria en el Colegio San Antonio de Padua hasta quinto grado. Lamentablemente debió dejar esa institución a raíz de las innumerables faltas que le ocasionaba su tratamiento médico y la falta de empatía de las docentes de ese tiempo que la obligaron a emigrar a la Escuela Normal Juan Francisco Seguí, donde no sólo terminó la primaria sino la secundaria con el título de bachiller.

Desde muy joven, en su adolescencia, comenzó a tener una fuerte inclinación hacia las materias y asignaturas sociales, lo que la llevó a elegir la carrera de psicología en la Universidad Nacional de Rosario y al igual que su madre, conoció a un cordobés, que se enamoró de él y con un proyecto de familia se fue a vivir a Córdoba. Ese proyecto caducó, no se llevó adelante, pero decidió quedarse en la ciudad mediterránea, finalizando la carrera en la Universidad de allí.

Videla y Menéndez, dos de los genocidas de la dictadura cívico-militar

La provincia de Córdoba fue unos de los epicentros más crueles donde el terrorismo de Estado tuvo su desarrollo más espantoso. Los secuestros y desapariciones se venían llevando tiempo antes del 24 de marzo de 1976, cuando el Gral. Luciano Benjamín Menéndez asume en el III Cuerpo del Ejército en septiembre del año 1975 bajo el interinato de Italo Argentino Lúder en la presidencia de la Nación. Quién se hizo cargo de la gobernación a partir del día del golpe y hasta el 7 de abril fue el Gral. José Vaquero siendo reemplazado por el Gral. Carlos Bernardo Chasseing. Todos ellos tuvieron bajo su mando varios centros clandestinos de detención como «La Perla», «Casa de Hidráulica» o «Embudo», «Malagueño», «La Ribera», el Hospital Militar de Córdoba, entre otros.

Esta historia se centra en lo sucedido en Campo de La Ribera, por este centro clandestino pasaron alrededor de 4000 personas, algunas de las cuales aún hoy permanecen desaparecidas.

En el año 1977 Analía Ribaudo cursaba en la Escuela de Psicología perteneciente a la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional. Ella no tenía militancia política, pero si había brindado ayuda a algunos de los chicos que estaban a cargo del centro de estudiantes de su carrera, permitiéndoles que hicieran un par de reuniones en su casa, donde convivía con una compañera y amiga que estudiaba abogacía. La noche del 23 de junio del ’77 era un miércoles, y Analía nos relata ese momento…

«Lo recuerdo bien porque mi compañera trabajaba en el Banco Social de Córdoba, era un día en que se hacía la lotería de Córdoba, que dependía del mismo y ella tenía que quedarse hasta que terminara de sortearse la lotería. Ella llega a casa muy cansada, yo estaba con mucha fiebre, para ese entonces ya se me habían hecho problemas con mi riñón derecho se había desnivelado lo cual me provocaba cólicos, había adelgazado lo cual causaba un mal funcionamiento de ese riñón, entonces Marilyn, mi amiga me dice: “podemos llamar a un médico o a uno de los chicos que eran unos amigos nuestros que vivían a la vuelta”. En ese momento sentimos el timbre, Marilyn va, voy yo detrás de ella porque me parecía raro eran como las doce de la noche, preguntamos “¿quién es?”, nos dicen “la policía”, entonces Marilyn me mira habrá pasado algo en el barrio no sé, abrimos y cuando lo hicimos se abalanzaron sobre nosotras, no sé cuántas personas, poniéndome una venda en los ojos, a punta de itaca, porque no eran pistolas no eran revólveres, nos llevaron y nos tiraron, nos revolearon, así como a una cosa en la cama. Yo con una itaca apoyada en la sien y otra en el tórax, sentía que estaban dando vuelta la casa. Yo les preguntaba “¿quiénes son? ¿qué buscan?” y me contestaron “somos caperucita roja y estamos buscando al lobo”, Marilyn, supongo estaba en la misma situación yo no podía verla porque estaba vendada. No era la policía, eran los militares, rompieron todo lo que pudieron buscando no sé qué. Se llevaron álbumes de fotos, algunos libros, todas mis joyas que eran bastante, porque cuando yo cumplí quince años había recibido muchos regalos en oro, de todo eso lo que más lamenté fue un regalo que me había dado mi padrino y que había sido un gran esfuerzo para él. Nos llevan a un lugar que en un principio por supuesto no reconocíamos y esa noche nos dejan tiradas en un rincón a las dos.  Al día siguiente nos cambian de lugar, de habitación y vamos a un espacio donde había muchas otras personas y nos tiran sobre un colchón».

Analía no sospechaba lo que iba a suceder desde ese momento. Una joven estudiante, sin militancia política iba a pasar los peores días de su vida, tan sólo por cuidar a sus amistades. Un relato que nos pone la piel de gallina, que nos duele el pecho escucharla, donde hasta sus silencios nos describe las calamidades que estos asesinos hicieron con ella y con una generación entera de argentinos y argentinas.

«Esa noche nos buscan y tanto yo como mi compañera fuimos terriblemente torturadas. Marilyn fue ahogada en tachos, le tomaban el pulso hasta que veían que resistía y yo particularmente esa noche, soporté la picana sobre una cama como si fuera una cama turca pero en lugar de ser de madera era de un material como de lata, filosa que al recibir las descargas eléctricas hacía que el cuerpo se retorciera para todos lados, o sea que terminé con toda la espalda y la parte de atrás de mi cuerpo cortada desde la cabeza hasta los talones y la parte de adelante del cuerpo quemada por la picana, sangrando tanto de un lado como de otro. Fue la picana, fueron golpes y durante una semana eso se repitió… Tortura, abusos, y todo lo que pueda imaginarse el que escuche este relato, todas las noches. El abuso, la tortura, el ir más allá con los golpes, el buscar hacer el mayor daño posible, por ejemplo, me decían a mi “¿te duele el riñón?, bueno ahora te va a doler más” y golpearme justamente en la zona en que más me dolía. La primera noche me separan de Marilyn y me llevan de vuelta a ese lugar donde estaban los colchones y me tiran al lado de una chica, su nombre era Susana. Me habían hecho poner la ropa nuevamente, porque me habían sacado en piyama de mi casa, me habían tirado un pantalón, un buzo y un tapado y botas, pero me los habían hecho poner nuevamente. Ahí me saco el tapado, el buzo y el pantalón y me quedo solamente con el piyama porque no soportaba tanto roce. Recuerdo bien que era un piyama verde, un pantalón suelto y la parte de arriba cerraba como un kimono. Esta chica Susana sintió que yo me quejaba y se levantó un poco la venda y me vio, recuerdo bien sus palabras: “ay Dios mío, mejor morir que pasar por esto”, lo repitió en el juicio de la Megacausa de La Perla que también abarcó La Ribera. Pase por los simulacros de fusilamiento y después de siete días de esa picadora de carne se detuvieron… El capitán, que se hacía llamar Capitán Villegas, su nombre real era Aldo Cecchi se suicidó, yo digo entre comillas, o lo suicidaron, un día antes de que comenzara el juicio de la Megacausa aquí en Córdoba.

» Después de una mañana de abusos conmigo, me había hecho sacar toda la ropa, me dijo “bueno ahora camina” y tuve que caminar de espaldas a él. En un momento escucho que el saca la pistola, debo aclarar que estar sin ver durante tres meses agudiza los otros sentidos, yo escucho el movimiento ese y con más razón escucho cuando el amartilla su arma, entonces me di vuelta me levante la venda y lo miré a los ojos y le dije que si me iba a matar me matara mirándome a los ojos para que no se olvidara de mí y de que estaba matando a un ser humano sin ninguna razón y que cada vez que sentara a su mesa con su familia en su casa, recordara esto que seguramente se lo había hecho a otras personas. Guardó el arma, se enfureció y me tomo del pelo con muchísima fuerza, la fuerza que les daba la impunidad, el horror y la forma en la que habían sido preparados, tomada del pelo me sacudía y me estrellaba contra la pared, una y otra vez… después me dejo tirada y le dijo a un gendarme, que eran los que hacían la guardia, “ocúpense de ella”.  Cosas como estas y muchas más nos tocó atravesar. Pueden imaginar todo tipo de crueldades, al día de hoy en La Ribera todavía están los ganchos donde éramos colgados de las manos, atados para los simulacros de fusilamiento. Hemos escuchado morir a gente al lado nuestro. Y también más allá de la tortura y del abuso físico, estaba la tortura moral, psicológica…Constantemente te decía que “desde que nosotros te chupamos nadie se afuera quiere saber nada con vos, tus padres te niegan, tu familia te detesta, tus amigos no quieren volver a verte, sos para todo el mundo una lacra” ...  Y yo recuerdo haberles dicho que no les creía una palabra de eso, lo que me costó un cachetazo y sangrando mi nariz por ese cachetazo les dije “no les creo nada porque mi corazón siente que mi hermano me está buscando”.

» Y así era, era el corazón que estaba latiendo del lado de la vida para que el mío siguiera latiendo del lado de la muerte. Sobreviví a esto porque pensaba en Sebastián, mi sobrino al que desde el primer día amé profundamente. Creé la fantasía de que tenía que seguir viviendo porque si yo no vivía Sebastián no iba a poder crecer, mi ricitos de oro sin mí, sin que yo le canté las canciones de cuna y todas esas cosas a las que estábamos acostumbrados, no iba a poder crecer. Entonces fue como una lucecita que fue alumbrando mi camino de vuelta a la vida».

Casi noventa días después de aquel secuestro, Analía y su amiga consiguen quedar libres. Volvieron a nacer en un mundo que era oscuro, cruel, siniestro y que aún dudaba de lo que ocurría en las sombras del poder. Aquel 16 de septiembre cuando junto a su amiga Marilyn salieron de Campo La Ribera, recuerda que

«Desde que salimos se hizo largo porque estaba esperando que algunas cosas cicatrizaran en mi cuerpo. De todas formas, algunas marcas quedaron en mi cuerpo. Nunca lograron doblegarme en el sentido de que yo perdiera noción de mi identidad. Cada día que me despertaba yo me repetía: “mi nombre es Analía Inés Ribaudo soy estudiante de psicología y voy a salir de aquí con vida”. Amarrada a la vida de esa manera creo que fue que logré mi objetivo. Ese 16 de septiembre nuestra primera percepción fue que nos sacaban para matarnos porque había llovido nos levantaron en brazos y nos llevaron a un auto, nos subieron a las dos en la parte de atrás y nos dijeron que cuando nos fuéramos a bajar nos teníamos que sacar la venda y dejarla en el piso del auto. Arrancaron, hablaban entre ellos, eran el Capitán Villegas y otro que se hacía llamar Carlos y le decían El Turco. Cuando ellos se bajaron nosotras teníamos la sensación de que estaban decidiendo entre vida o muerte. Yo le digo a Marilyn, “trata de reconocer en qué lugar estamos y cuando te saques la venda ponerla en el bolsillo no la dejes en el auto”,  nos hicieron bajar en una esquina de Parque Sarmiento, detrás del zoológico, Villegas me tomo del pelo y me dijo: “pendeja de mierda como me equivoque con vos, te callas y no contás una palabra de lo que viste y viviste porque si no voy a matar a toda tu familia y a vos al final para que veas cómo lo hago, y voy a empezar por el pendejo ese que vos querés tanto”, se refería a Sebastián. A Marilyn también le dijo lo mismo, que se callara y Marilyn le dijo: “si me vas a matar bueno y sino devolvedme el trabajo porque con eso sostengo a mi madre y a mi hermano”.

» Nos dijeron que empezáramos a caminar y que no nos diésemos vuelta hasta que dejáramos de escuchar el ruido del motor del auto. Nos tomamos de la mano, nos despedimos porque estábamos esperando la bala en la espalda. Yo lo único que pensaba era que mi familia no iba a saber nunca la verdad y que se iban a quedar con un dolor muy profundo. Pero el auto arranco y se empezó a sentir que se iban hasta que en un momento el auto para y sentíamos que Villegas nos llamaba y ahí empezó el terror porque Marilyn me decía. “no te des vuelta, no te des vuelta porque van a decir que los enfrentamos y que entonces nos tuvieron que matar”. No nos dimos vuelta, Villegas corrió hacia nosotros y nos puso dinero en la mano y dijo, “que pelotudas que son como van a llegar a su casa, tomen para el colectivo”. Se volvió al auto arrancaron de nuevo y se fueron. Cuando estuvimos seguras de que se habían ido, creo que como ninjas voladores atravesamos el Parque para llegar a la Av. Sabattini, iluminada y con gente, y tener de una vez por todas, la certeza de que ya no éramos ni muertos ni vivos, desaparecidos como dijo Videla, sino que estábamos de vuelta en el mundo de los vivos».

Todo fue distinto para Analía, al poco tiempo de quedar en libertad, su entonces novio cortó la relación. Vivió dos años en su Cañada de Gómez y al tiempo retornó a Córdoba, donde conoció a Alejandro, un hombre que había quedado viudo con dos hijos, Gabriel y Yanina. Formaron pareja y empezó a cubrir ese espacio de madre que los niños habían perdido por el destino. De ese amor nacieron tres hijas, Alina, Sabrina y Nadia. La vida le siguió golpeando duro a Analía, y Gabriel su único hijo varón falleció a causa de una enfermedad en el sur de Argentina. Hoy disfruta de sus dos nietas con los que suele pasar el tiempo de jubilada después de una amplia trayectoria como docente en las escuelas y facultades cordobesas.

Analía Ribaudo, en su etapa como docente junto a una alumna y un colega


Sobre esa etapa de su vida, ella nos cuenta que…

» Más de una vez me cuestioné que no sabía si era bueno vivir o no vivir, había que dar explicaciones, había que tranquilizar a los que estaban cerca y en un momento me di cuenta de que por suerte no era la misma, que era más fuerte y que en ese transitar para recuperar mi equilibrio estaba creciendo. Me llevo mucho tiempo procesar todo lo vivido en ese lugar tan oscuro, pase por todos los estados, todas las sensaciones. Mi padre estaba enfermo, pero tuve la suerte de que antes de morir pudiera acompañarme en su fortaleza increíble con su palabra, sus valores, su amor también el amor de mi madre por supuesto, pero la sabiduría de mi padre hizo que me quedara con un valioso legado intangible, con un valioso legado… Durante veinte años yo no pude pronunciar acerca de mi secuestro, de mi desaparición, las torturas, los abusos a los que fui sometida, hoy puedo hablar y puedo dar testimonio de todo lo que paso.

» Mi vida transcurrió no sé si normalmente, no sé qué es lo normal o lo no normal, pero pude construir una familia pude volver a la universidad, terminar mis proyectos, pude ir de a poco en pos de lo que quería. Yo siempre tuve en claro que la vida académica era lo que me convocaba en una palabra y al poco tiempo de terminar con esa deuda pendiente de mi carrera, de perfeccionarme en algunas cosas, de aumentar mi conocimiento fui convocada para ser docente en la Universidad Siglo XXI, al año de haberse creado para ser exacta, y formar parte de su equipo de investigación, también por el colegio universitario IES que precedió a la Universidad Siglo XXI en su creación.

» Hice de mi vida realmente lo que quería hacer, disfrute mucho mi trabajo en la universidad, disfruté estar en contacto con los jóvenes, poder contarles esa parte de la historia que parece que no fuera importante, darme cuenta de que los alumnos que llegaban a la universidad querían saber “profe usted sabe algo de la dictadura porque en el colegio nos lo cuentan como al pasar”. Durante mucho tiempo escuche a muchas personas decir que había que olvidarlo, entonces debería olvidarse que San Martin cruzo los Andes y de que Belgrano creó la bandera. ¡Es parte de nuestra historia! Nosotros no somos víctimas, toda nuestra sociedad argentina fue víctima.

» Mi sensación hoy es que cada uno de nosotros, de los que fuimos protagonistas directos, lo vivió en su carne y en su psiquis y estamos marcados para siempre, como toda persona que ha formado parte de una guerra terrible donde hubo víctimas inocentes, chivos expiatorios, personas utilizadas con intereses de alguien, familias que sufrieron, saldo espantoso de un conflicto donde en pos de no sé qué, quienes participaron de ella, del terrorismo de estado, se sintieron dueños de la vida y del universo.

» Yo en este momento estoy escribiendo un libro no para detallar los hechos sino para decirle a quienes no descubrieron su fuerza interior, que se puede con muchas cosas en esta vida que se puede volver de la muerte misma esa muerte ritual que nos desintegra que se puede recuperar la humanidad, aunque el ser haya sido modificado, yo recupere mi humanidad y admito que mi ser fue modificado. Pero lo que seamos depende de nosotros de la capacidad de reconvertir las experiencias… Yo volví al campo de la Ribera cuando se abrió como Centro de Memoria, yo entiendo que el Museo de Memoria tanto de la Ribera como en Buenos Aires y en todos los lugares donde hubo centros clandestinos de detención, poder visitarlos hoy es como un símbolo del triunfo de la vida y es honrar a los sobrevivientes y a los que ya no están, a todos los que de un modo u otro fueron víctimas de aquella despiadada guerra, es honrar a la sociedad toda porque se trató de un proceso social e histórico que involucró a todos los argentinos».

Megacausa La Perla, donde Analía fue una de las testigos

Analía Ribaudo fue testigo en la causa Pérez Esquivel y en la Megacausa La Perla. El 25 de agosto de 2016 se dictó sentencia de ésta última, y concurrió con una de sus cuatro hijas, y de esa jornada describe que «no fue poca la emoción que sentí cuando veía venir gente acercarse a los tribunales federales, gente de todos lados que estaba defendiendo el derecho a la vida, el reclamo de Madre, de Abuelas, el dolor de los sobrevivientes porque lo crean o no cuando se ha pasado por un centro clandestino siempre se queda pensando por qué yo pude salir y los otros no pudieron. Tuve la suerte de que por el hecho de empezar a estudiar antropología hace unos años me contacté con una persona del Museo de Memoria del Cabildo Histórico de Córdoba. Habían encontrado los libros de la comisaría 7ma de Alta Córdoba, donde yo vivía, en otra dependencia tirados en un rincón y allí encontraron la denuncia que habían hecho mi madre y mi hermano, eso puso en blanco el agujero negro que tenía mi vida en esos tres meses que pase en Campo de la Ribera».

Así finalizamos otro capítulo más de esta historia, que hace seis años titulé el Nunca Más Cañadense. En aquel momento pensé que había terminado, pero la vida cada día nos enseña más de ese pasado que ciertos sectores del país pretenden olvidar y muchos de nosotros aferrados a la vida queremos que siga latente en la memoria de muchas generaciones, presentes y futuras.

Su hija Sabrina publicó el 26 de agosto de 2016, un día después de la sentencia algo que a Analía aún hoy en día emociona…

«Siento que he tenido el privilegio de estar a tu lado acompañándote en cada acto de valentía, aquellos que te devolvieron una parte de tu vida. En mi memoria estará grabado por siempre aquel día en Campo La Ribera. Entraste segura, a paso firme, con la convicción de que ese acto de valentía te llevaría a la sanación. Mirabas cada esquina, con cara de sorprendida y a la vez recordando cada espacio con una lucidez increíble. Después vino el momento en que te reencontraste con una de tus compañeras de cautiverio, Cristina. Tampoco olvidaré su mirada cuando le dijiste “soy Analia” y ese abrazo que vino después… Ese abrazo que significó, no pudieron con nosotras, acá estamos, vivas. Y como si eso fuese poco, cada una de ustedes con su hija al lado, casi como un testimonio de vida ante tanta muerte…»

Alberto Ortiz, fue otro testigo de aquella jornada en que Analía y Cristina se abrazaron en La Ribera, con su cámara pudo filmar ese momento. Días posteriores, le escribió a Cristina unas palabras que pongo como cierre a esta crónica, ¡¡¡en la cual seguimos reclamando un NUNCA MÁS y 30000 presentes y ahora y siempre!!!

«Hola Cristina, soy Alberto, soy el que tuvo la oportunidad de encontrarte a vos y a tu compañera de cautiverio Analía, recorriendo este 24 de marzo del 2010 el recuperado Campo de la Ribera.

Escuché emocionado cada palabra que se dijeron, percibí tu asombro desvelado, pisé junto a ustedes esos patios que recorrieron como dos exploradoras de la dignidad.

Junto a ustedes respiré el aire que esta vez fue libre y no como el de aquellos días de viento encarcelado.

Intenté imaginar sus miedos, aun sabiendo que nadie podrá conocer las cavernas que habitaron.

Miré sus ojos, los pensé vendados y la mañana se me cayó en las sombras.

Iban tomadas del brazo, como en aquellos años del infierno, pero esta vez la piel olía a golondrina victoriosa.

Retraté sus fantasmas ardiendo en los nombres que regresan. De los nombres que nunca volverán a ser silencio.

Fui testigo de la revelación de que las cejas servían para levantarse las vendas y me supe un pobre ignorante respetuoso ante la sabiduría que dio el horror. 

Traté de descifrar los ecos que venían del fondo de la juventud que les tajearon, pero no pude abarcar tanta insolencia.

Mujeres que parieron una historia sin héroes, pero sí con memoria anti traiciones.

Las vi de hierro, las descubrí cimientos. Las tuve cerca, me llevaron lejos.

Y entonces apagué mi cámara y me animé a abrazarlas, con toda la verdad de una consigna.

Abrazarlas con los brazos, con las lágrimas, con las culpas.

Abrazarlas por todo lo que nunca las abracé.

Abrazarlas para quedarme con un poquito más de ustedes.

Abrazarlas para que nunca más nadie se atreva con ustedes.

Abrazarlas para abrazar a todas y a todos los que aún no he abrazado.

Abrazarlas para sentir que siempre al final la vida vence».

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Última parte


Que difícil se hace hoy escribir el final de esta historia. En realidad no puedo terminarla. A medida que íbamos publicando semanalmente las notas iban apareciendo nuevos casos, nuevos testimonios. La mayoría de ellos deberán mantenerse en secreto a pedido de las víctimas porque aún tienen miedo, y no es poca cosa, ya que en plena democracia el Estado Argentino se están viviendo situaciones muy parecidas a la de esos tiempos.  

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Vigésima cuarta parte

Jorge Vildoza


JORGE VILDOZA, CAÑADENSE POR ADOPCIÓN Y ASESINO POR ELECCIÓN

Antes de continuar con otros testimonios que enriquecerán esta inédita investigación realizada por primera vez en Cañada de Gómez desde 1983 cuando retornó la democracia, es preciso relatar algunos casos relacionados con la dictadura cívico-militar y nuestra ciudad que fueron sucedieron, o conociéndose a través de estos últimos tiempos.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Vigésima tercera parte


Talio y el Trucha... 

La militancia de Armando en su ciudad natal no fue tan destacada como sí la que realizó en Rosario y en el cordón industrial de esa metrópoli. Se lo recuerda muy activamente en la toma del Colegio Nacional, ocurrida entre septiembre y octubre del ´58, en la famosa Laica o Libre cuando promediaba su segundo período en el nivel medio. El recordado Daud Turco Mamet siempre recordaba aquellas jornadas, donde fue uno de los oradores en la multitudinaria movilización realizada en la Plaza San Martín. Cabe agregar que la mayoría de los alumnos que adherían a la laicidad de la enseñanza tomaron sus escuelas cuyos edificios eran custodiados por los mismos en turnos rotativos donde no dejaban ingresar a los docentes y las asambleas se realizaban en el ahora desaparecido solar Salone XX Setiembre ubicado por calle Rivadavia al 900 enfrente del hoy Sanatorio Regional. En otros de los conflictos que marcaron fuertemente la sociedad cañadenses y donde Armando Giordano también participó fue en la Pueblada del ´69 en defensa del Padre Amiratti donde Trucha, haciendo un piquete frente al Club América junto a otros compañero, no dejaron avanzar a la caballería de Rosario que estaba dispersando a la gente que se movilizaban en defensa del párroco.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Vigésima segunda nota

Armando Giordano, el cuarto desde la izquierda, junto a sus compañeros de la Secundaria en el Nacional


ARMANDO, EL TRUCHA O GARCÍA... DEJAR LA VIDA POR EL OTRO

La tapa del Clarín del 12 de enero de 1977, el boletín oficial de la dictadura cívico-militar anunciaba que el ministro de economía José Martínez de Hoz aplicaría a mitad de ese año un blanqueo de capitales que permitía regularizar a aquellos eventuales incumplimientos cometidos desde 1974. En Francia era liberador el palestino Abu Daoud planificador y cerebro de la masacre de Munich durante los Juegos Olímpicos de 1972. Y Gerald Ford dirigía por última vez un discurso como presidente de Estados Unidos ante el Congreso. Entre el final de esa jornada y la madrugada del día siguiente, en el barrio porteño de la Recoleta era secuestrado el cañadense Armando Luis Giordano, más conocido como el Trucha, una de las víctimas de la dictadura cívico-militar más reconocida fuera de la ciudad y uno de los personajes más pintorescos, solidario y humanos de aquella maravillosa juventud que brilló en la Cañada de los sesenta y que comenzaron a animarse a cambiar el mundo.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Vigésima primera nota

José Pascual Polla y Juan Carlos Vadora

Retomando la historia del Partido Comunista en la ciudad, sobre todo la etapa contemporánea desde mediados del Siglo XX en adelante podemos recordar la histórica elección de 1959 consiguiendo en Cañada de Gómez 984 votos, recordando que un año antes el PC apenas había superado los 200 votos. En la Provincia de Santa Fe se ubicaron en el tercer lugar con 24.565 votos. Cabe agregar que los votos en blancos fueron importantes ya que en Cañada hubo 2.421, o sea, 600 más que el ganador que obtuvo 1.945 mientras que en la provincia también el voto en blanco superó al primero de los partidos, obteniendo 52.478 contra 46.857 del UCRP. Un mes después de esas elecciones ocurridas en julio de 1959 el presidente Frondizi proscribe el Partido Comunista y el 14 de marzo del año siguiente pone en marcha el Plan Conintes. En las elecciones del sesenta el PC apoya el voto en blanco como dijimos anteriormente y vuelve a participar, en 1961, en la alianza denominada Partido del Trabajo y del Progreso, PTP, conformada por los disidentes de la UCRI encabezados por Lisandro Viale, también disidentes socialistas, peronistas de izquierda y los Latorristas donde en Cañada de Gómez sus candidatos sacan 1030 votos en las elecciones de marz y realizando una enorme elección en Rosario siendo la segunda fuerza y obteniendo cinco bancas. Ese mismo año apoyan la fórmula Alejandro Gómez-José Pucci en las elecciones provinciales del mes de diciembre cuando se le devuelve a los peronistas el derecho a postularse y participar como Partido Laborista, siendo posteriormente anuladas en 1962. Ya en 1963, José María Guido proscribe al PTP de participar en las elecciones nacionales por ser la herramienta electoral del Comunismo en Argentina. Finalmente antes de llegar a 1976, tres años antes el PC seguía ilegalizado entonces sus dirigentes y afiliados participaron de la Alianza Popular Revolucionaria llevando a Oscar Allende y Horacio Sueldo como presidente y vice. En la provincia de Santa Fe apoyaron a la lista del peronismo ortodoxo que llevaba al Capitán Campos como gobernador y a Juan Catafesta como Intendente Municipal.

Así llegamos a 1976, año del golpe y de las persecuciones y detenciones a miles de militantes de izquierdas entre ellos a un histórico líder comunista como José Pascual Polla. Sobre su detención su nieta Rosana Polla recuerda que

«El día que lo detuvieron a mi abuelo fue un 8 de diciembre de 1976, él vivía con una hermana viejita, y ella llorando llamó de la casa de un vecino porque no tenían teléfono, avisando que había allanado; ella insultaba y discutía inclusive con los policías, pero allanaron el domicilio y se lo llevaron. En realidad, en mi familia, era bastante común que a mi abuelo lo llevaran detenido, inclusive, en otras épocas, él era trabajador ferroviario, maquinista, y siempre mantuvo una ideología política, la mantuvo, luchó por ella, siempre desde el pensamiento, no desde la acción. Cuando mi papá lo fue a buscar,  se encontró con la sorpresa de que de Cañada de Gómez lo habían trasladado, teóricamente, porque no daban demasiada información en esa época, a Rosario. A nivel familiar se creó una situación muy angustiante, mi papá tenía su hermano en Santa Fe, en realidad durante el Gobierno de Facto toda la familia fue perseguida; a mi papá el 24 de diciembre recibe su telegrama de despido del ferrocarril, donde también era maquinista»

Polla y Vadora estuvieron secuestrados en un espacio inhabitable, estamos hablando de los sótanos de calle Dorrego, donde  se encontraron con  muchos camaradas, de otras épocas, que estaban todos detenidos en el mismo lugar. En ese reducido sitio Juan Carlos Vadora fue una pieza fundamental en la supervivencia de José, en ese lugar que se inundaba donde lo tenían que subir por unas escalinatas para que no se moje y se enferme Juan con la ayuda de otros detenidos contuvieron a don Polla, que a su vez, tenía colgado un aparato de audífono que de un golpe se lo rompieron y no dudaron en picanearlo a pesar de su estado de salud donde a los  hasta ese punto llegaron con una persona anciana y con discapacidad. «En realidad más que mi abuelo, les interesaba la gente  que visitaban la casa de mi abuelo, y él siempre contestaba lo mismo mi casa está abierta a quien quiera entrar y discutir de política, porque en ese momento había juventud que estaba cercana al Partido Comunista» manifestó Rosana.

La detención de Vadora ocurrió un mediodía caluroso de las primeras jornadas de diciembre, Blanco y Pocchettino dos agentes activos de los servicios que actuaron en las detenciones y torturas en Cañada de Gómez llegan a la Panadería Tomasito que pertenecía a mi padre Elmo Di Tomaso y era atendida en ese tiempo por mi madre Ana Vadora, hermana mayor de Juan Carlos. Vestido de civiles, como acostumbran a actuar, preguntaron si Juan estaba en ese lugar. Ana le responde que su hermano se encontraba en la casa de Carmela su mamá, ubicada en Alvear al 400. En ese momento que Blanco y Pocchetino salen del negocio, ingresa mi papá que venía del trabajo y automáticamente le dice a su esposa que debían dirigirse hacia la casa de su suegra ya que los dos individuos eran muy conocidos en la ciudad por su tarea de chupar gente. Al llegar a la casa de Carmela, Blanco ya estaba maltratando a mi abuela para sacarle información mientras que Pocchettino agredía físicamente a Juan en un baño afuera, en el patio de la casa y de allí se lo lleva detenido a la comisaría local. Juan recuerda sobre ese momento que 

«Me llevaron a la Unidad Regional X, me golpearon, decían que estaba detenido por averiguación de actividad, y después de torturarme psicológicamente y golpearme un par de días, me llevan a Rosario. También por sorpresa, en ese momento lo llevan detenido al Sr. Polla, que era una persona mayor, que era el jefe, presidente del Partido Comunista de Cañada de Gómez.  Nos dejan en Rosario varios días en la unidad policial de allí, nos golpeaban, nos torturaban, con los ojos vendados, fueron días terribles los momentos que vivimos. Hasta que luego de días, no recuerdo cuantos, nos llevaron al sótano y ahí digamos que estábamos un poco mejor porque nos sacaron la venda de los ojos. Recuerdo haber estado con gente de la Unión Obrera Metalúrgica de Villa Constitución, mucha gente joven, mujeres. Al tiempo nos llevaron a Polla y a mí, era tremendo el temor, porque no se sabía si era para torturarte o darte la libertad. Yo puedo decir que estoy vivo gracias a don Polla. Cuando me dan la libertad, me dicen llévate a este viejo antes de que se nos muera acá adentro. Nos dieron la libertad y salimos a la calle sin dinero y sin nada.»

Al quedar ambos en libertad, con la poca ropa que tenían, José Polla recordaba que una hermana suya vivía en el barrio Ludueña. Frenaron un taxi, subieron sin saber si encontrarían a ella en esa hora en su casa y poder contar con el dinero necesario para pagar el traslado. De allí toman un tren hacia Cañada de Gómez y regresan finalmente a su ciudad. Juan Carlos recorrió las seis cuadras que separa la Estación de la Panadería de su cuñado y pudo al fin llegar a los brazos de su hermana que en llantos recibió la llegada con vida su hermano menor. Los Vadora fueron una familia muy marcada por las persecuciones políticas y el exilio de cuestiones relacionadas al tema. El abuelo de Juan, llamado José fue activo dirigente radical de la provincia de Córdoba que lideraba un grupo afín a Amadeo Sabatini en la zona comprendida por las localidades de Las Varas, Las Varillas y Arroyito, donde son recordadas aún sus historias de batirse a duelo contra los conservadores que defendían a la oligarquía de la Década Infame. Su hijo, también llamado José, tuvo una militancia menor pero si activa, se afincó en la localidad de San Jorge donde tuvo a sus primeros tres hijos pero por su resistencia al peronismo, en una situación económica bastante débil, decide venirse con su mujer a trabajar en los campos de la familia Dovetta en Cañada de Gómez. Acá tampoco dejó el radicalismo, fue un seguidor de Pagani, amigo del Dr. Meyer Motta quién le pudo conseguir un puesto como domador de caballos en la policía pero un repentina ACV lo dejó sin vida, con apenas 41 años y un bebé, además de los tres hijos mayores, de 15 meses llamado Juan Carlos. Por eso, a su madre, no la sorprendió que una vez más parte de su familia sufriera las consecuencias del odio en la política, pero nunca tomó dimensión que lo que estaba ocurriendo era la crónica más negra de la vida argentina.

Volviendo a José Polla, una vez que llegó a su hogar decidió escribirle al dictador Jorge Rafael Videla, donde en la misma expresa que siendo

«…afiliado al Partido Comunista Argentino desde el año 1937, obrero jubilado del riel desde 1952, ex dirigente sindical de la entidad gremial La Fraternidad, seccional Cañada de Gómez, de 250 afiliados, habiendo ocupado en la misma todos los cargos en su dirección, actualmente tesorero ad honorem de la Cooperativa de Pan, se dirige a Ud. como máxima autoridad del gobierno argentino, cumpliendo el patriótico propósito de dar a conocer una arbitrariedad que empaña vuestra gestión de gobernante… el día 8 del mes ppdo., un grupo de cuatro policías vestidos de civil, siendo las 16 horas, procedieron al allanamiento de mi domicilio, con el propósito de encontrar, según ellos, materiales subversivos, siendo mi respuesta clara y concreta los materiales del Partido Comunista Argentino no son subversivos, sino persuasivos, tras lo cual me llevaron detenido con el secuestro de materiales editados antes del 24 de marzo. Al día siguiente de este hecho, fui trasladado a la jefatura de policía de Rosario, donde permanecí alojado en un sótano junto a otros cuarenta y cuatro presos políticos, hasta el día 17 en que recobré la libertad. No se tuvo en cuenta mis 75 años, ni mi estado físico, ya que padezco de una parcial ceguera e impedimentos auditivos, dolencias éstas que impiden mi normal desenvolvimiento.

»En mi condición de comunista, conociendo la gloriosa trayectoria de nuestro querido Ejército Argentino, inspirado en los más sagrados principios sanmartinianos, de un contenido puramente liberador, nunca opresor, es que considero que se deben poner en libertad a todos los presos sin causa ni proceso y buscar además una salida democrática con la participación del pueblo y las Fuerzas Armadas, con un programa representativo, elaborado en conjunto.»[1]

Finalizando este capítulo, es preciso remarcar las palabras de Juan Carlos Vadora cuando expresa lo duro que fue volver a tener una vida normal…

«Y así me volví a insertar en la sociedad con mucho miedo, y hasta el día de hoy  queda todo ese miedo arraigado. Mi reflexión hoy a más de cuarenta años de lo sucedido es que todavía el monstruo sigue vivo. Es lamentable como aún hoy habiendo transcurrido tantos años todavía hay gente que dice ojalá volvieran los militares, como si aquí no hubiera pasado nada, es terrible tener que seguir así; porque lamentablemente muchos dirigentes no respetan nuestras instituciones. Pero tengo la esperanza que las nuevas generaciones se comprometan con su Patria, con el bienestar de todos, y que todos podamos cumplir con el Preámbulo de la Constitución Nacional.»

Don Polla y Vadora, dos personas que fueron secuestradas, torturadas y vapuleadas por los dictadores por el sólo hecho de ser Comunistas...



[1] Carta enviada a Jorge Rafael Videla, escrita por José Pascual Polla en Enero de 1977

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Décimo Novena parte


Roberto Besso

LOS JÓVENES EN LA MIRA DE LOS SERVICIOS

No cabe ninguna duda, cómo dijimos en el capítulo anterior, que amparados bajo el secreto de los Servicios, o bien, en su alma de botón, muchos cañadenses colaboraron con el accionar de la dictadura en la detención de la mayoría de todos. Comunicadores de prensa, ex agentes del viejo Distrito Militar 35, algunos miembros y colaboradores del gabinete municipal, profesores, empresarios y agentes de la policía; todos en mayor o menor medida aportaron un granito de arena en la persecución que se inició con muchos dirigentes juveniles. Los servicios fueron tomando nota de lo sucedido en la ciudad desde la década del sesenta en adelante, por eso estuvieron marcados con la famosa cruz roja cañadenses que participaron en la huelga ferroviaria del ´61, la pueblada de Amiratti del ´69, las diferentes huelgas gremiales ocurridas entrada los años setenta, la toma de la Escuela de Comercio en el ´74, los integrantes de los Centros de Estudiantes que manifestaban su adhesión a la Juventud Peronista, al Partido Comunista o cualquiera de las diferentes líneas del Socialismo.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Décima Octava

Abel Kauffeler, histórico dirigente del Sindicato de Luz y Fuerza


TRABAJADORES PRESOS

Otro de los graves hechos ocurridos en la ciudad de Cañada de Gómez durante la última dictadura militar fue la detención de tres obreros metalúrgicos de La Helvética. Ellos fueron Mamut Adbala, Aníbal Córdoba y Pedro Bergamaschi. El primero fue uno de los líderes de la huelga realizada entre el 13 y 14 de septiembre de 1976 y los otros restantes obreros y compañeros de la misma empresa. ¿Pero que fue lo grave que reclamaron los obreros metalúrgicos para que fueran apresados treinta días después de la huelga? El reclamo que llevó adelante la Comisión Interna que integraban  además de Abdala, Juan Carlos Tortolicci, Eladio Córdoba, Daniel Fumi y Carlos Botazzi fue la implementación del Laudo 29 del año 1975 en la empresa.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Décimo séptima nota



DECIME QUE SOS ZURDITO…

Así recuerda Omar Pravisani las palabras del capitán O´Coffer  cuando lo interceptó en la antigua terminal de ómnibus de Cañada de Gómez ubicada en la esquina Bv. Balcarce y España. Omar es hijo de Pedro Pravisani y Petrona Peralta, su niñez la frecuentó en el barrio Soto ya que su padre fue el recordado portero de la entonces flamante Escuela Lisandro de la Torre. Gracias a un archivo del Museo Histórico Municipal, que Omar dejará como testimonio en la historia de esta institución educativa podemos ver como fue aquellos primeros años de su vida…

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ...Décimo Sexta parte




EL SOBRINO DEL INTENDENTE

Que difícil es escribir cuando las puertas de la investigación entran en un laberinto sin salida. Nuestra próxima víctima es otro de los desaparecidos nacidos en nuestra ciudad, estamos hablando de Daniel Jorge Colorado Bertoni Cabezudo un veterinario recibido en la Universidad Nacional de La Plata y que fuera secuestrado el 2 de septiembre de 1977 en Canning 2360 del barrio porteño de Palermo. Daniel nació en nuestra ciudad el 10 de octubre de 1945, una semana antes de aquella histórica jornada donde el pueblo colmó las calles pidiendo por la liberación del General, dando nacimiento al partido de masas más popular del Siglo XX. Sus padres eran los propietarios de la Farmacia Lavalle ubicada enfrente del Correo Argentino. De su padre pudimos averiguar que había simpatizado con la figura de Emilio Eguren, aquel rector del Colegio Nacional muy criticado por sus ideales nacionalistas desde la mirada burguesa y liberal de la Cañada de entonces. Elizabeth, su madre, fue una de las primeras alumnas del Florentino Ameghino y era hermana de Gerardo Cabezudo, el contador radical que fuera dos veces intendente de la ciudad en la última de ellas durante la dictadura cívico-militar entre 1976 y 1982.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Décima quinta parte

Victor Hugo Paciaroni


EL ARQUITECTO QUE NO FUE...

Para este capítulo de esta historia me atrevo a imitar en parte el título de un trabajo que realizara la Universidad Nacional de Córdoba denominado Arquitectos que no fueron. Estudiantes y egresados de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Córdoba asesinados y desaparecidos por el terrorismo de Estado, 1975-1983, cuyo prólogo fue escrito por Osvaldo Bayer e impreso en el año 2008 la Municipalidad de Córdoba. Y el cañadense que vamos a recordar en esta parte de este documento único hasta el momento, es a Víctor Hugo Paciaroni.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Décima cuarta parte


Otra de las figuras de la educación que tuvo un final trágico fue nuestra querida Fany asesinada el 8 de febrero de 1977. Cuando recurrimos a los archivos en el Parque de la Memoria podemos leer en la presentación de la cañadense que se llamaba Fany Elena Giordano Brunacci, nacida el 18 de octubre de 1939 en la ciudad de Cañada de Gómez, de profesión docente, simpatizante del radicalismo y asesinada en la provincia de Santa Fe. Pero si recurrimos a la memoria colectiva de la ciudad nos dice que Fany era hija de José Bruno Giordano y de Elena Brunacci, profesora de Historia y de Literatura, una de las primeras egresadas del Profesorado Nº 5 Perito Moreno, hermana de Nancy y de Norma, la tía de Fernando y una querida persona admirada por sus amistades y colegas. Si revisamos sus antecedentes políticos, si bien en el Parque de la Memoria la citan como militante radical, sólo una vez integró una lista de concejales en la UCRI de Frondizi, no tuvo un accionar protagónico en las huelgas docentes ni integró agrupaciones de izquierda y durante la gestión del intendente de facto Hildo Storni fue miembro de la comisión de cultura. Sin embargo algo hubo para que los militares tomaran la decisión de matarla, algo que aún hoy transcurrido más de cuatro décadas de aquella muerte no se ha descubierto.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ...Décimotercera parte

Edgardo Salomón

SILENCIAR A LA EDUCACIÓN

Se sabe que al menos unos seiscientos docentes fueron asesinados y desaparecidos durante los siete años en que duró la dictadura cívico-militar. El 24 de marzo de 2017 la CTERA[1] publicó un documento alusivo a estos hechos donde expresa que las «muertes y desapariciones de líderes barriales, sociales, religiosos, políticos, cuya ausencia nos debilita y nos enflaquece a la hora de luchar en este desgarrador presente de niños desnutridos, de muertes evitables, de piqueteros baleados, de compañeros procesados, de hambre, de pobreza extrema, de exclusión. Por eso no puede haber subterfugios inconstitucionales como la obediencia debida, ni el punto final, ni indultos politiqueros, que nos borren a más de 200 adolescentes arrancados de nuestras aulas ni a los 606 docentes asesinados, detenidos/desaparecidos. Los obreros, los artistas, los poetas, los escritores, los científicos, los militantes de la vida, los vecinos, los amigos, los conocidos, los religiosos, los comprometidos, los humanitarios, cuya desaparición contribuye decisivamente a la falta de liderazgos actuales. Tampoco dejarán la pesadilla los compañeros perseguidos, torturados, exiliados, acosados, sobrevivientes al genocidio.»[2] También en ese documento podemos verificar los nombres de cada uno de los docentes que hoy no se encuentran con vida por culpa del Terrorismo de Estado donde lamentablemente no figura el nombre de Fany Elena Giordano la maestra asesinada en febrero de 1977, pero en esa nómina se puede distinguir a muchos otros oriundos de la provincia de Santa Fe como Clara Argento Fonatine de Couralt, María Catalina Benassi García, Juan Carlos Beraustegui, María Luisa Bregant, Susana María Busaniche, Raúl Churrarin, Raúl García, Nora Larrosa, Cristina Leal, Luis Lezcano, María Cristina Luchessi, María Teresa Manzo de Winkelman conocida como la Flaca Tita, María Elena Monasterolo, Gustavo Pon, Elsa Guadalupe Sedrán de Carullo, Teresa Soria de Sálate y Norma Valentinuzzi de Maggio todos ellos asesinados y desaparecidos.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Décima segunda parte

Díaz Bessone, un genocida en la ciudad de Rosario


TORTURARLA POR PERONISTA

Este capítulo trata por primera vez el caso de una detenida que provenía de la Juventud Peronista. Cabe recordar que esta persona nunca dio entrevista a nadie, y este caso fue extraído de la Causa Feced II cuya sentencia salió publicada el 2 de diciembre de 2014 donde los Jueces de Cámaras del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 2 de Rosario, Dres. Noemí Marta Berros, Roberto Manuel López Arango y María Ivón Vella, bajo la presidencia de la primera de los nombrados, asistidos por los Sres. Secretarios de Derechos Humanos del Tribunal, Dres. Silvina Andalaf Casiello y Guido Yercovich. En este caso precisamente fueron condenados Nast, Lucio César;  Altamirano, Carlos Ulpiano; Lo Fiego, José Rubén; Torres, Ricardo José; Ibarra, Ramón T; Fermoselle, Julio; Olazagoitia, Ovidio; Portillo, Diego; Travagliante, Pedro; Vallejo, Ernesto y Dugour, Eduardo.

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Undécima nota.

Adriana y Cali, en su exilio, c.1978

El exilio fue la salida que utilizaron millones de argentinos para salvar sus vidas. Es preciso decir que muchos debieron huir antes del Golpe cívico-militar de 1976 a raíz de las amenazas que recibían de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), durante el gobierno de Isabel, que enfocó directo su ataque hacia diversos sectores de la izquierda a través de prácticas similares a las que posteriormente usarían los militares en el poder. Un informe publicado en la página Amérique Latine Histoire & Mémoire, titulada “El exilio argentino en Francia”, escrita por María Oliveira-Cézar confirma lo siguiente

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Décima parte

Cali  y Adriana

Las mentes asesinas de quiénes llevaron a cabo la dictadura cívico-militar de entonces tenían muy claro sus objetivos, sabían que atacando al círculo más cercano de las personas a las que ellos ya habían juzgado desde sus oscuras oficinas podrían llegar hasta el individuo el cuál, de ser encontrado, quizás no tenía más destino que la muerte. Ese objetivo, el que nunca concretaron, era detener y quizás asesinar a Juan Carlos Gabriel, el hijo de Alberto y que en el momento del golpe hacía poco tiempo que se había casado con Adriana de la Fuente. Sobre lo ocurrido con su padre, Cali, como todos los conocen en Cañada de Gómez, expresó que

EL NUNCA MÁS CAÑADENSE... ACÁ TAMBIÉN PASÓ... Novena parte

Dr. Alberto Gabriel

IREMOS POR TODOS...

Retomando aquella frase de Ibérico Saint-Jean, gobernador de Buenos Aires durante la dictadura entre los años 1976 y 1981, que expresaba «primero mataremos a los subversivos, después a sus cómplices, después a sus amigos, después a sus familiares, después a los indiferentes y por último a los tímidos» así trabajaron los Servicios en Cañada de Gómez. Un ejemplo de persecución familiar es la que sufrió el Dr. Juan Carlos de Altube, conocido popularmente como Chicharra, y quién recuerda estos hechos es Ricardo García cuando expresa que «Juan Carlos no encajaba con la medicina comercial, él era un médico no era un comerciante; lo marginaron y dejo la medicina, quiso volver y no pudo porque el sistema no lo dejaba. Él era un apasionado. Las persecuciones que sufrió junto a sus dos hermanos, Hugo y José María… Ellos venían de una  familia de clase media alta que podrían haber optado por darle la espalda a los más humildes y sin embargo se pusieron del lado de los pobres.» Cabe agregar que el 5 de abril de 1974, dos años antes del Golpe, a las ordenes del General Miguel Iñiguez y del Comisario Alberto Villar, efectivos de la Policía Federal ocuparon en pocos minutos la manzana delimitada por las calles España, Ocampo, Sarmiento y Ballesteros, al tiempo que sobresaltaban el sector dos helicópteros, presuntamente en la búsqueda de militantes revolucionarios. Por ese sector vivían familiares de Chicharra y de Trucha Giordano.