![]() |
| La quietud de uno de los caminos de la plaza, registrada por un fotógrafo de La Prensa de Bs. As. en 1928 |
El radicalismo vivía tiempos turbulentos a raíz del
liderazgo de Hipólito Yrigoyen que comenzaba a tener importantes opositores
dentro del gobierno de Marcelo T. de Alvear. Estas diferencias comenzaron desde
el comienzo desde la segunda gestión radical, «tenían estilos políticos y
personalidades muy distintas. Alvear no estaba de acuerdo con las
intervenciones que Yrigoyen había ordenado y decretó además para lograr la
reducción pública, practica muy frecuente durante la presidencia Yrigoyen. Poco
a poco, las relaciones entre los dos líderes radicales se fueron endureciendo. Alvear
aspiraba a retomar los objetivos reformadores de Saenz Peña en cuanto a
fortalecer el sistema de partidos y transparentar la práctica política. Durante
su gestión, la crisis del partido Radical y el surgimiento de las ideas
nacionalistas prenunciaron un desplazamiento del sistema político. En 1925, las
tensiones entre los radicales provocaron la división del partido, los
dirigentes que lo seguían a Yrigoyen integraron el grupo de los personalistas.
Quienes apoyaban a Alvear, entre los que se encontraban sectores ligados con
los conservadores y grupos de gran poder económico, fueron conocidos como
antipersonalistas. De acuerdo con sus objetivos, Alvear cuidó las relaciones
entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. A diferencia de Yrigoyen,
concurrió a la inauguración de las sesiones del Congreso, respondió a los
pedidos de interpelaciones y no abusó de las intervenciones a las provincias.
Por otra parte, atendió los reclamos de los conservadores acerca de la
disminución del gasto público. Principalmente, dicha demanda apuntaba a exigir
al gobierno que no se desviaran los fondos públicos para satisfacer los
compromisos políticos del radicalismo con sus adherentes mediante la expansión
del empleo público»[1],
Alvear además insistió en el Congreso para que Argentina volviera a la Liga de
las Naciones, cuestionó la Reforma Universitaria, derogó la ley de jubilaciones
de empleados y obreros de empresas particulares, no reglamentó la ley
antimonopólica, con lo cual esta quedó prácticamente anulada, paralizó la
construcción de los ferrocarriles a Huaytiquina, Zapala y
Madryn-Esquel-Jacobacci. Pero la principal diferencia de Alvear e Yrigoyen, es
que el primero no continuó con la voluntad de emancipación que encarnaba el
radicalismo.[2]

