La verdadera historia de los campeones mundiales de 1950


El 3 de noviembre de 1950, Argentina derrotó 64-50 a Estados Unidos en un Luna Park colmado con 20 mil almas y se adjudicó el primer campeonato mundial de la historia. El triunfo dio lugar a la histórica “noche de las antorchas” en el centro porteño.



En ese  año, Argentina se consagra campeón del primer mundial de básquetbol.  Pero en 1956,  en  el contexto de la llamada Revolución Libertadora, la primera generación dorada fue arrasada. La Confederación los acusó de profesionalismo en un deporte amateur. En consecuencia, los campeones del mundo fueron suspendidos de por vida. Su única falta fue haber recibido de manos de Juan Domingo Perón, como único premio, una autorización para importar un automóvil que les significaba un beneficio económico, pues el precio que abonaban era inferior al precio de mercado en Argentina.
“El campeonato logrado fue el resultado de un trabajo en equipo y esfuerzo conjunto, lleno de amistad. Hoy estamos todos los que vivimos, lo único que pido es que estos ejemplos se transmitan para que todos los pibes puedan sentarse en un banco de juveniles y todos los juveniles puedan sentarse en el banco de la primera. Que no mueran los clubes. ¡Viva el básquet!”, fueron las entrecortadas palabras del director técnico de los campeones mundiales,  Jorge Hugo Canavesi, por la gran emoción que lo embargaba en el acto realizado para conmemorar el 60º aniversario del extraordinario triunfo deportivo, hace tres años atrás.
De aquellos campeones mundiales , los que se mantienen con vida son  Ricardo González (el capitán de la selección), Oscar “Pillin” Furlong, Rubén Menini, Omar Monza, Jorge Nure, Ignacio Poletti, Juan C. Uder, Pedro Bustos, el D.T. Canavesi y el kinesiólogo Lorenzo Morandi y Yamil Kasis. Mientras que los que fallecieron  son: Hugo Del Vecchio, Leopoldo Contarbio, Vito Liva, Roberto Viau, Raúl Pérez Varela, Osvaldo Venturi, Alberto López y Alberto Lozano.
 En enero de 1956 la llamada Revolución Libertadora, que había derrocado al gobierno de Juan Domingo Perón convirtiéndose en una dictadura más de las que castigaron a nuestro país, abrió una investigación contra todos los campeones del mundo de 1950. En tiempos de básquetbol amateur, los jugadores fueron acusados de “profesionales” por haber recibido un permiso para importar un auto de regalo y los suspendieron de por vida. La injusta sanción  fue levantada recién once años después, pero ya habían arruinado sus carreras. Esto es lo que el Lic. Armando Alfredo Aguirre llamó “El Genocidio Deportivo de la Revolución Fusiladora” en el libro “Historia Política del Deporte Argentino” de Víctor F. Lupo, publicado en el año 2004 por la Editorial Corregidor y que se estudia en varias universidades argentinas. “A mí se me mezclan los sentimientos. Por un lado está la felicidad, es un homenaje a los primeros campeones del mundo, tenemos la posibilidad de verlos vivos a muchos de ellos, que siguen siendo amigos y se siguen reuniendo todos los miércoles en el Club Palermo, cosa que nunca dejaron desde que consiguieron el campeonato. Y por el otro lado está la tristeza porque ellos fueron proscriptos por el gobierno militar de la Revolución Libertadora, que fue el puñal más grande que pudo haber recibido el deporte argentino. Les quitaron una parte de su vida, de su juventud”. Éste es uno de los testimonios que se puede escuchar en la película “Tiempo Muerto”, documental de Iván y Baltazar Tokman , que vuelve sobre ese grupo de hombres que de héroes nacionales fueron enviados al anonimato de un plumazo. 
El largometraje sigue, por un lado, a los campeones. Los reúne, los entrevista, les pregunta, los lleva a recordar y, a su vez, rinde homenaje ubicando ese recuerdo en el tiempo, a través del material de archivo (incluidos hallazgos gráficos, de noticieros de la época y hasta parte de un relato radial del mundial). La película fue filmada en el 2010 en Argentina, tiene 80 minutos de duración y los intérpretes son Ricardo González, Oscar Furlon, Rubén Menini, Jorge Canavesi, Ignacio Poletti, Juan Carlos Uder, Emilio Gutiérrez y la participación especial de ‘Manu’ Ginóbilli. Se estrenó en nuestro país en el 2012.
El peronismo intentaba  elaborar una política deportiva tanto por razones de utilización para propaganda como por considerar positivos sus efectos sociales. El fútbol no pasaba por su mejor momento, y el polo era una práctica identificada con los sectores de alto poder adquisitivo antiperonistas. Entonces, dentro de los juegos de conjunto, el básquetbol, por sus excelentes resultados a partir de los Juegos Olímpicos de 1948, se convirtió de ahí en adelante en la estrella de ese impulso.
Un apoyo concreto por parte del gobierno peronista había sido extender licencias laborales que permitieran a los integrantes del seleccionado dedicarse por completo y perfeccionarse. Por aquellos años imperaba todavía la regla del amateurismo, por lo que todos los jugadores trabajaban en otras profesiones para mantenerse ,algo muy distinto a lo que pasa actualmente. Este punto del reglamento sería una de las claves de la Comisión Investigadora número 49 durante la Libertadora, al suspender de por vida a los campeones aduciendo que los jugadores habían recibido favores de Perón, ergo acusándolos de profesionalismo.
Al referirse a este proceso, León Najnudel –fallecido creador de la Liga Nacional de Básquetbol que dio como fruto al exitoso ciclo que tiene a Ginóbili como símbolo– lo había bautizado “genocidio deportivo”, frase que en la película retoma el capitán Ricardo González, uno de los protagonistas a lo largo del documental, mientras en la imagen un tablero electrónico termina su cuenta regresiva del tiempo hacia cero.
Algunos de los mismos dirigentes de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) que habían sido parte de esa etapa y festejaron los logros, fueron los que promovieron la investigación y la posterior sanción que congelaría el desarrollo del básquet por treinta años. “Los integrantes de la Confederación Nacional de Bàsquet, quienes fueron directivos que nos acompañaron al mundial,  fueron los que más se ensañaron contra nosotros. No sé si quedaron resentidos porque no tenían la orden del coche. No se si por miedo, pero nunca nos apoyaron. Nos citaron en el Comité Olímpico Argentino y nos declararon culpables de por vida. Con nosotros también cayeron jugadores de esgrima, y de otros deportes. Borraron una generación que venía muy bien”, señalaban los testimonios de aquellos que integraban ese plantel.Omar Monza,  quien se destacaba en la posición de alero,  nos contaba que “ En una parte de la charla, Perón nos pregunta que nos parecía a nosotros como deportistas que le faltaba ahora al deporte argentino para darle más impulso. Y ahí fue cuando Canavesi le dijo que al deporte argentino le vendría bien una casa. Disponer de una casa para reunirse y discutir todas las cosas del deporte ahí. Ni una palabra más, lo llamó al intendente de Buenos Aires, Di Benedetti y le dijo fijate que yo todos los días paso por Carlos Pelegrini al 1300 y ahí hay una casa que puede ser la que necesitamos. Bueno, fue una orden, en esa casa al poco tiempo funcionó el Comité Olímpico Argentino”.
Paradójicamente, en esa misma casa la Comisión 49 les tomó declaración. “Yo no era peronista y muchos del equipo tampoco, así que cuando llegó la citación de la 49 no entendíamos nada. Imaginate, éramos muy inocentes… Lo que pasaba era que tampoco éramos antiperonistas. En mi casa yo mamaba el socialismo; a otros, en sus casas mamarían otras ideas políticas, otras cosas; pero de ninguna manera éramos antiperonistas”, recuerdo el ex jugador.
  “¡Nos trataban como delincuentes por el simple hecho de haber ganado un Mundial! Estábamos  controlados permanentemente por soldados armados hasta cuando íbamos al baño; en realidad nos hicieron sentir bastante mal. Nos preguntaban donde habíamos puesto los “Carsei” (Carl Zeiss), esos prismáticos alemanes que se usan para ver bien en las carreras.  Nos preguntaban a nosotros, que éramos unos salames. Lo único que habíamos traído eran paquetes de cigarrillos, tres o cuatro,  y saquitos de té y café  Aparte de nosotros estaban otros muchachos de otros deportes que también la pasaron mal, como los que practicaban esgrima. A ellos los inhabilitaron antes”, agregó Monza.
 Este ex jugador  confiesa ser un agradecido a su club de toda la vida: Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque. “Gracias a él pude vivir todo lo que viví como deportista. Pero también es verdad que soy un agradecido a Palermo, el lugar ideal para refugiarme a la hora del ocaso. Palermo es donde hoy transcurren las dos cosas más importantes de mi vida deportiva: los buenos recuerdos y las amistades que supe conseguir gracias a ella”. La cena de los miércoles en el Club Palermo, quizás una suerte de resistencia, se convirtió en cita obligada, lo que sigue siendo hasta el día de hoy. Así como también celebran cada año el día 3 de noviembre, fecha en que se consagraron campeones mundiales. “En varias oportunidades nos reunimos con los campeones olímpicos del 2004”, recordó Monza.  
Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque supo ser el equipo más poderoso de una época dorada, en la que salió campeón durante nueve años seguidos, entre los años 1945 y 1954. “Parque”, como se le conoció siempre, protagonizaba con Palermo los grandes clásicos del básquetbol porteño, cuando se jugaba en superficie de polvo de ladrillo, con pelotas número seis y zapatillas de lona “media caña”.Siete integrantes de esta institución formaron parte del plantel campeón en 1950, incluidos el director técnico y el preparador físico.“Lo del mundial fue una cosa inesperada, no lo soñábamos. Nuestra aspiración era sólo competir, no teníamos grandes pretensiones. En 1948 se habían  realizado los juegos olímpicos de Londres, cuya base de jugadores fue  la del mundial en nuestro país. Allí ya se estaba formando el equipo. Entrenamos rigurosamente dos meses en el club River Plate y logramos esta hazaña” recuerda Monza, emocionado, quien conserva la pelota de la final del mundial. Hubo que esperar  más de medio siglo para que la selección de básquetbol cosechara un nuevo logro: el plantel que se  colgó la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.Cabe destacar, que luego de obtener el mundial lograron los subcampeonatos panamericanos de 1951 y 1955 y llegaron a la semifinal de los Juegos Olímpicos de 1952 organizados en la ciudad de Helsinki, en Finlandia. Al llegar la mal llamada Revolución Libertadora en 1955 crearon la Comisión Investigadora número 49, que suspendía de por vida a los campeones aduciendo que los jugadores habían recibido favores de Perón, ergo acusándolos de profesionalismo. Los dictadores se ampararon en el Código del Aficionado que impedía recibir dinero por jugar.“Nosotros no fuimos nombrados ciudadanos ilustres, creo que merecíamos un mayor reconocimiento”.
Fuente: Mensajero Diario