Cien veces lo quisieron matar


La justicia está a punto de encarcelar a Héctor Ricardo García por una supuesta evasión de impuestos, mientras Héctor Magnetto no fue citado siquiera a indagatoria por la causa Papel Prensa. A 30 años de la Guerra de Malvinas, el editor y periodista que documentó el Operativo Cóndor en 1966, lejos de recibir una medalla quizá sea condenado. 

Héctor Ricardo García, fundador de Crónica, el diario que vendía un millón de ejemplares hasta que Clarín lo ahogó monopolizando Papel Prensa en alianza con la dictadura, está a punto de ir preso, pero ADEPA y la SIP hacen silencio. Nunca fue tan clara ni evidente la doble vara para tratar a un editor de diarios. Sin que todavía haya sido citado a indagatoria en la causa que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en el despojo accionario a la familia Graiver, Héctor Magnetto, CEO de Clarín, cosechó innumerables muestras de adhesión de las patronales mediáticas que custodian el orden conservador de la Argentina. Pero García no tiene la misma suerte. ¿Será que no cumple con los requisitos mínimos para ser reconocido como un par por sus viejos competidores monopólicos? ¿Acaso no le perdonan que los haya desafiado? 
La causa judicial en su contra lleva una década. Se lo acusa por “evasión fiscal” y la AFIP le pidió una pena de seis años de prisión. Le reclaman una deuda de $ 17 millones acumulada entre 1998 y 2002. García ya resignó la propiedad del diario Crónica. Sólo conserva el canal de las placas rojas. Por esta misma causa, ya estuvo detenido hace siete años, condena que completó con un arresto domiciliario que conjuró rodeado de su colección de muñecos de Mickey Mouse. Los que quieren quedarse con su canal le atribuyen una defraudación de aportes previsionales de $ 103 mil. Para el periodismo gráfico antimonopólico, García es una referencia profesional insoslayable. En 1963, fundó el diario popular más exitoso de la Argentina. Con una virtud, que refleja el nivel educativo que el país tenía por aquellos años: de tendencia sensacionalista, con gran despliegue de noticias policiales, faranduleras y deportivas, Crónica no copiaba a sus pares ingleses donde predominaban las fotos por sobre los textos, sino que durante 15 años privilegió las crónicas extensas antes que las imágenes impactantes. La clase obrera leía (tenía como mínimo educación primaria), y leía Crónica, que estaba “firme junto al pueblo”. Recién después de que Clarín lo arrinconara con Papel Prensa, García resignó una edición de las tres que sacaba a la calle diariamente, viró al amarillismo extremo y debió contentarse con un margen estrecho del mercado editorial, antes de entrar en un pozo financiero irremontable. Vale aclarar que en este último escándalo por las fotos de Jazmín De Gracia no tiene responsabilidad: se desprendió de su diario insignia en 2005. 
A 30 años de la Guerra de Malvinas, quizá sea una buena señal para el Foreing Office enterarse que Héctor Ricardo García, el periodista que valientemente documentó en 1966 el Operativo Cóndor, como fue bautizada la espectacular operación de un grupo de militantes nacionalistas y peronistas que secuestraron un avión y desembarcaron en las islas para reclamar la soberanía argentina sobre el archipiélago, hoy no aguarda medalla ni reconocimiento en su país sino un destino carcelario como simple evasor de impuestos, a los 79 años de edad. Sería el único editor de diarios detenido por este delito, en un país donde el Estado, pesificación asimétrica mediante, licuó la monumental deuda del Grupo Clarín, durante el interinato de Eduardo Duhalde, sin siquiera sonrojarse.
Sorprendente, inquieto y atrevido, García fue un periodista que mezcló oficio y aventura, como los que ya no hay. En su libro autobiográfico Cien veces me quisieron matar desgranó pasajes realmente de película: su relación con el poder en un país herido de dictaduras, el secuestro que sufrió a manos de los guerrilleros del ERP-22 de Agosto, amores escandalosos, el canal del que fue despojado, todo narrado con el vértigo atrapante de las buenas novelas. 
En su caso, todo fue real, no hubo ficción. Lo único increíble es que ahora busquen meterlo preso. 
Tiempo Argentino