El poeta del tango


El 23 de diciembre de 1951, con sólo 50 años, murió Discépolo uno de los compositores de tango más importantes que tuvo la historia. Así como fue producto de un tiempo y un espacio, el autor y compositor construyó a su público, lo habituó a sus tangos.
El 60º aniversario de la muerte de Enrique Santos Discépolo nos lleva a recordar sus orígenes y conmemorar la poesía de sus letras. Nacido en el barrio porteño de Balvanera un 27 de marzo de 1901, quedó huérfano a los nueve años y creció bajo la tutela de su hermano mayor Armando.

Pese a las duras experiencias vividas, a los 16 años Discépolo ya era actor y a los 17 autor de obras de teatro. Pese a la oposición de su hermano, en 1925 comienza a componer los tangos cuyas letras angustiadas e irónicas lo convertirían en uno de los grandes renovadores del género. Justamente para el teatro compuso su primer tango “Bizcochito”. Más tarde, llegaría su primer éxito con “Esta noche me emborracho”.

Con sus poemas construyó una radiografía testimonial de la Década Infame de los años treinta. Percibió e interpretó las emociones colectivas y el sentimiento del ciudadano argentino común. Su obra y su compromiso político con el peronismo, hablan de un Discépolo comprometido a observar la realidad para poder transformarla.

Así, sus críticas y denuncias fueron proféticas. Se convirtieron en su legado. Fue la voz de aquellos que oprimidos por el dolor o la injusticia no actuaban. Discépolo hablaba de peronismo mientras lo vivía. Manifestó su apoyo al gobierno que venía a redimir las décadas que también él había vivido, que las contempló y que vislumbró la angustia de muchos, “el hambre de los otros, la injusticia de los postergados y la tristeza infinita de vivir en la tierra que lo ofrece todo para que los más no tengan nada. Esa injusticia que orilla por las calles de los pobres…”

No obstante, las proyecciones internacionales de Discepolín, el gran tema de su vida y de su obra ha sido y sigue siendo el tipo de relación que logró establecer con la sociedad argentina. Ese lazo tan estrecho entre una sociedad cambiante y multiforme y un conjunto de canciones no fue una creación fortuita ni azarosa. Podría decirse que, así como Discépolo fue producto de un tiempo y un espacio, el autor y compositor construyó a su público, lo habituó a sus tangos.

A partir de ese momento, las cosas cambiaron definitivamente. Para él y para la canción porteña. Desoyendo las fórmulas fáciles del tango que más y mejor encajaba con el gusto de la época, Discépolo intentó establecer un nuevo pacto de lectura con sus potenciales oyentes y lo logró. Tomó el tema del abandono y lo convirtió en vehículo de crítica mordaz: “Piantá de aquí / no vuelvas en tu vida / Ya me tenés bien requeteamurada / No puedo más pasarla sin comida / ni oírte decir tanta pavada…”

El 23 de diciembre de 1951, con sólo 50 años, murió uno de los compositores de tango más importantes que tuvo la historia. Entre sus mayores éxitos figuran “Cambalache” (1935), “Uno” (1943) y “Cafetín de Buenos Aires” (1948).

Sin lugar a dudas fue uno de los más destacados compositores de la música ciudadana, por lograr interpretar y reflejar en las letras de sus tangos la verdadera historia del pueblo y la cultura popular. Fue Discépolo quien impuso imágenes de cruda violencia en los versos y desterró la cursilería con sus hallazgos de poeta.

A 60 años de su muerte, sus tangos siguen siendo escuchados porque “voy a estar en el grillo de tus noches, en la canilla que gotea, en el ropero que cruje a medianoche, en el humo final del pucho que apretás rabioso contra el cenicero, en el chas-chas del cinc cuando llueve, en todos los pequeños ruidos de la obsesión, allí voy a estar, persuadiéndote”. “Aunque me marche, como me marcho ahora, sé que seguirás oyéndome” 
Natalia Leiva para Telam
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