100 AÑOS DEL CLUB ATLÉTICO APRENDICES CAÑADENSES

Cuando el aroma a tierra húmeda invadía las calles del entonces pueblo, la pasión por el fútbol iba creciendo día a día. De esas reuniones entre los jóvenes deportistas locales, nacieron muchos de los clubes que hoy siguen en pie, pero otros fueron fugaces instituciones que fueron desapareciendo o uniéndose con otros clubes, entre ellos podemos citar al Club Alem, Los Misteriosos, Unión Central o el 7 de Octubre ya más entrado a mediados del siglo XX. Hoy vamos a recordar, con los pocos recuerdos que poseemos de él en nuestro Museo, al Club Atlético Aprendices Cañadenses.


Aprendices nació el 1 de marzo de 1915 y su primer Comisión Directiva estuvo integrada por Juan Cabero como presidente, Antonio Nadal vicepresidente, José C. Ghignatti secretario, Venturas Flores como prosecretario, Carlos Cichetti tesorero y Bautista Lombardo como protesorero. Pero entre sus primeros colaboradores y quizás también deportistas estuvieron Carlos Nícoli, Francisco Martignón, Raúl S. Borsini, Arturo Augsburger, Ramón Cabero, Oreste Conni, Santiago Ardizzi, Pedro Tamborini, Manuel Sosa, Humberto Amadeo, Walter Neuhaus, Alfonso Crivelli, Leonidas Poletti, Lorenzo Bustos, Ángel Capdevila, Guillermo Steiner, Emilio Primerano, Abraham Crosetti, José Guerra Repiso, José F. Fernández, y José García. Cabe recordar que el destacado Nicasio “Romano” Santucho vistió los colores de esa institución que solía jugar en su cancha ubicada por calle Sargento Cabral, donde posteriormente jugó de local Talleres.
Romano Santucho

En un texto publicado en la Revista Atenea en 1929 expresa

«Grato nos es escribir estas líneas, que son un sincero homenaje a la simpatica institución, que a través de su sencilla pero noble actuación en nuestra ciudad ha sabido granjearse la admiración y el respeto de la generalidad de los deportistas, que ven en ella una comunidad de altivo idealismo sportivo y una consecuencia singular en pro del encumbramiento de los afanes nobilísimos de que hicieron gala aquellos muchachosque echaron los cimientos del Club. Y bien merecidas son las simpatías, que hoy rodean a la popular institución de la casaca auriazul, ya que su actuación en los fields ha sido siempre digna de los deportistas que la defienden y rigen, y porque su cultura jamás ha sido puesta en tela de juicio por nadie, pues ella siempre ha dejado un precedente honroso que bien podría ser ejemplo para muchos que, ante el imperativo del triunfo, se olvidan que no sólo haciendo goals se gana, sino que también se triunfa ante la opinión con su comportamiento caballeresco y culto.

»En sus primeras actuaciones, Aprendices se medía con terceras divisiones, que en aquellos tiempos era más fuertes que las segundas de hoy, y más tarde con las segundas, para luego ingresar como primera y disputarse el triunfo a las más aguerridas escuadras.
»Transcurrido el tiempo en el que el Club se había afianzado bastante y gozaba de brillante reputación, sobrevino, desgraciadamente una crisis aguda y Aprendices se disolvió yendo algunos de sus defensores a actuar por otros Clubes y otros se retiraron de las actividades.

»Pero aunque pasaron algunos años y al Club se le contaba por definitivamente desaparecido, en el espíritu de muchos el amor por la institución se mantenía latente, y así en buen día, merced al esfuerzo de un grupo de muchachos y en especial del malogrado Guillermo Steiner, Aprendices volvió a los fields de su antiguas luchas y tras recio bregar reverdecieron los laureles conquistados gallardamente en otrora.

»Después de su refundación, hizo sus primeras presentaciones interviniendo en el campeonato de segunda división, en el que le cupo una actuación magnífica. Más tarde ingresó en el concierto de las primeras divisiones donde sostuvo matchs que ya dieron la seguridad de que volvería a la potencia de sus primeros días, cosa que hoy es una evidencia. »


Hoy revisando viejas hojas, recordamos aquellos hombres que detrás de una pelota buscaban la gloria de ser campeones de la vida. Deportistas que eran obreros, empresarios, campesinos y los vagos de la cuadra, pero que detrás de ellos estaba la inocencia de esos niños, que con su pequeña pelota de trapo, soñaban ser los hermanos Brown, Julio “Matador” Libonatti, los hermanos Hayes, los hermanos Blanco, Zenón Díaz, Pablo Molina o José Edwin Clarke.