ALDO CASENOVE, EL GRANADERO DE PERÓN

Aunque es nacido en la pequeña localidad de Sastre, en el oeste santafesino, Aldo Casenove es un cañadense más entre nosotros. Este hombre que a lo largo de su vida le dedicó mucho de sus momentos a trabajar en distintas instituciones tiene un pasado que muy pocos conocemos y es que en sus años juveniles hizo la “recordada” colimba en el Regimiento de Granaderos a Caballos.


En los primeros días de febrero del ´55, Aldo se dirigió hacia la ciudad de Rafaela donde estaba la sede del Distrito Militar Nº 37 sin saber que le deparaba el destino. Era un joven de 20 años que había sido sorteado para realizar el Servicio Obligatorio. Una vez que se reunieron allí, los Jefes trataban de distribuir a los flamantes soldados en distinto puntos del país. Buenos Aires fue el destino de Aldo y por su altura tuvo el honor de integran aquel Regimiento que fundó el Padre de la Patria y que junto a él independizó a nuestra América del Sur. “La verdad estaba contento porque tenía familiares en Capital y los podía ir a visitar en caso de poder salir, a mis padres le pude avisar a los pocos días cuando tuve un tiempo para escribirle”, expresó Casenove. Y hasta allí fue, con un pequeño bolso llegaron miles desde el interior para sumarse al Regimiento que se encuentra en el barrio de Palermo.







No era fácil hacer el Servicio en esos tiempos, Casonove recuerda que “a veces apenas terminábamos de comer y nos hacían salir a correr por el patio en pleno invierno, era una locura.” Pero lo más emotivo de ese año fueron las guardias de honor que son exclusivas de los soldados sanmartinianos. “Varias veces me tocó recibir al presidente Perón, siempre llegaba a las 6,20 de la mañana. Al entrar además de hacer el saludo oficial, era un tipo que venía nos abrazaba y nos daba la mano. Era imposible no quererlo.” Con estas palabras Casenove recuerda a la figura del líder justicialista. Otro recuerdo es cuando le tocaba estar de guardia en la residencia presidencial, que por aquel entonces era el Palacio Unzué, ubicado por calle Austria y Av. Libertador. “Cuando nos tocaba ir a la residencia era un privilegio, Perón salía a caminar por el patio compartía charlas con nosotros, nos brindaba una buena alimentación... Era como estar en casa!!!”

Pero no todo fue sencillo en ese año. Ese 16 de junio de 1955 el General Perón llegó a Casa Rosada como de costumbre, apenas ingresó a su despacho el director de la SIDE, general de brigada Carlos Benito Jáuregui le anotició de las informaciones que los espías brindaban, las mismas no eran buenas. Perón trató de no desviar su jornada ya que ese día debía ir el embajador de los Estados Unidos Albert Nufer. La reunión se pudo concretar, pero a media mañana la misma se ve interrumpida por un alerta del Ministro Lucero avisando a Perón que el desfile de la Fuerza Área iba a ser utilizado para bombardear Casa de Gobierno. Lucero convence a Perón que se retire hacia el Ministerio de Guerra, por un túnel que los conectaba cruzando Paseo Colón. Esa mañana Aldo Casenove estaba ubicado en Casa Rosada, su turno finalizaba a las 12,30 del mediodía. “Nosotros en el Regimiento teníamos rumores del malestar hacia Perón, pero eran rumores”, expresa Casenove. Al llegar el cambio de guardia, Aldo y sus compañeros fueron trasladados hacia el Regimiento a unas veinte cuadras de la sede gubernamental. A los pocos minutos comenzó la masacre. Los Avro Lincoln y Catalinas de la escuadrilla de patrulleros Espora de la Aviación Naval, coordinados por el almirante Samuel Toranzo Calderón y comandados por el capitán de navío Enrique Noriega empezaron a bombardear sus objetivos. El plan era el siguiente, primero hacer volar la Casa de Gobierno, donde se presumía estaría el presidente y después continuar por los edificios públicos y emisoras radiales. Acompañados de levantamientos en Entre Ríos, Córdoba y Puerto Belgrano. Los aviones atacantes llevaban pintadas en sus colas una “V” y una cruz, que señalaban “Cristo Vence”. Las primeras bombas cayeron a metros de la Pirámide de Mayo, sobre la Casa Rosada 29 más de entre cincuenta y cien kilos cada una, la destruyeron en gran parte y otras tantas asesinaron a cientos y cientos de argentinos.

“Cuando llegamos al cuartel”, recuerdo Casenove, “veíamos como pasaban los aviones y se escuchaban los estruendos de las bombas. No sabíamos que iba a pasar con nosotros. Adelante nuestro pasaban camiones lleno de obreros que se dirigían hacia Plaza de Mayo a defender a Perón, fue una masacre, de terror, fue horrible ver como se mataban entre argentinos. Al llegar la noche se largó una fuerte lluvia, creo que fue una señal para lavar tanta sangre derramada.” Con la voz entrecortada por la emoción y los recuerdos, Aldo recuerda que una parte del Ejército desconfiaba de los Granaderos por considerarlos leales a Perón. “Nos sacaron la guardia, vinieron la Aerotransportadora de Córdoba. Fue muy duro esos días, nueve de nosotros murieron injustamente. Después del golpe de septiembre se decía que nos mandaban castigados a San Martín de los Andes. Fueron momentos difíciles, estuvimos mucho tiempo a oscuras en el cuartel, no sabíamos en que momento nos iban a atacar”, así describe Aldo los momentos posteriores a la masacre, “por el hecho de ser la guardia de honor nos tenían amenazados, esos meses hasta septiembre no dormíamos pensando que nos podía tocar a nosotros un ataque. Me acuerdo cuando destruyeron la sede de la Alianza Libertadora Nacionalista donde estaba Guillermo Patricio Kelly, se empezaron a sentir cañonazos, y a las horas cayó detenido a nuestro cuartel el mismo Kelly. Nosotros debíamos cuidarlo en su celda, otro que también estuvo detenido por ahí fue Jorge Antonio pero todo esto fue después del golpe a Perón.”

Quizás la historia más triste fue la de su familia, que a cientos de kilómetros no sabían que había pasado con el joven soldado. Su hermana viajando en tren, ve a un señor que estaba sentado al lado leyendo un diario donde decía que a raíz del bombardeo a la Casa Rosada habían muerto algunos granaderos. La desesperación hizo que le escribieran a Aldo para ver si existían noticias de él. Consiguió una autorización para estar siete días con su familia, el viaje fue interminable, no sabía porqué lo habían mandado a llamar desde su querido Sastre. Pensaba en su madre. Al llegar a Las Rosas, uno de sus hermanos que era el Jefe de la Estación lo recibe y le tranquiliza diciendo que su madre se encuentra bien, sólo que quería verlo porque no sabía nada de su hijo después de aquella tragedia. Al llegar a su pueblo, vecinos y niños lo recibieron sorprendidos. Nunca habían visto a un Granadero caminando tan cerca. Vestido con su traje de gala caminó desde la Estación hacia su casa, donde se unió a su madre en un eterno abrazo.


El 13 de febrero de 1956 fue dado de alta en el Servicio Militar Obligatorio, al poco tiempo se vino a vivir a Cañada de Gómez, ciudad que lo adoptó y formó su familia. Esta es la historia de un hombre que conoció a tres presidentes Perón, Leonardi y Aramburu. Pero además tuvo de Jefe a Alejandro Agustín Lanusse, quién fuera presidente de facto entre 1971 y 1973. Por eso amigo, cuando lo vea a don Aldo, recuerde que frente a usted lo tiene al “Granadero de Perón”.