El secreto club de la derecha que reúne a Carrió, Sanz y Martínez de Hoz

A cuatro cuadras del obelisco funciona un club, que algunos llamarían secta, y casi nadie conoce. No es religiosa, sino política. En Corrientes 671 se levanta un caserón estilo francés de dos pisos, con rejas negras, que esconde al club social más golpista y reaccionario del país. Aquí, hace 80 años, brindaron por la caída de Hipólito Yrigoyen, bendijeron el modelo agroexportador y festejaron todas las interrupciones democráticas posteriores.
El tradicional Círculo de Armas fue fundado en 1885 y sus mesas reunieron a nefastos personajes que colaboraron en la debacle nacional: desde el abuelo del actual diputado macrista, Federico Pinedo,  hasta Julio Argentino Roca, José Alfredo Martínez de Hoz y Carlos Pedro Blaquier.
A escasos 100 metros, en Florida 460, tiene sus oficinas la Sociedad Rural Argentina, con la que comparte algo más que el vecindario. Los une la misma historia, valores y hasta fundadores. De hecho, al menos seis apellidos (Sundbland, Olivera, Mexía, Casares, Blaquier, Acosta) fueron presidentes de la entidad ganadera y fundadores del Círculo de Armas.
A simple vista, no llama la atención. No hay carteles ni placas. Sólo las iniciales doradas sobre una alfombra roja y el nombre de los arquitectos tallado en la pared. 
Un joven de impecable traje oscuro baja las escaleras y antes de retirarse le devuelve una corbata celeste al hombre que custodia la puerta de entrada. Se la había prestado para ingresar. Él es el encargado de pedir el carnet a los socios. A los viejos conocidos, les hace una venia y los deja pasar. A los que no identifica, los detiene en la puerta y les pregunta el apellido.
El guardián, calvo y de punta en blanco, filtra quién entra y quién no al club donde se reúne lo más rancio y conservador de la sociedad porteña: desde militares retirados hasta embajadores, pasando por políticos en actividad y empresarios.
Aunque los diplomáticos que defienden las causas por los Derechos Humanos tienen el rechazo del Círculo garantizado: el ex embajador en Francia, Archibaldo Lanús, lo sufrió en carne propia cuando en 2004 le denegaron la admisión por colaborar con la justicia argentina al prestarle la sede de la embajada en París para tomar declaración a un acusado de delitos de lesa humanidad. En diálogo con este diario, Lanús los criticó duramente: “Pensaron que estaba cerca del gobierno de Kich-ner porque en ese momento había un auge por la reapertura de los juicios. Son momios y pobre gente que se escudan en el anonimato para expresar su resentimiento.” (ver recuadro).
“Sin traje y corbata aquí no se puede ingresar. Menos si no es socio”, repite una y otra vez el custodio de traje blanco.
Hay un código de vestimenta que respetar: saco y corbata en los salones principales, excepto para ir a las salas de deporte. Mujeres, abstenerse.
Si bien por teléfono informan que existen “nueve mesas para no socios y siete para socios” y que se puede almorzar de lunes a viernes, la realidad cambia cuando uno llega al lugar. Para cada reunión (más allá de ser socio) se debe concertar cita y reservar un espacio en los eventos.
“‘Debe haber una confusión. Aquí sólo pueden pasar al comedor los socios o gente que viene especialmente invitada por ellos. Y menos así vestido… hay que venir bien arreglado, de traje y corbata’, explica la gerenta del lugar”, aseguró a este cronista el hombre que hace de filtro.
En diálogo con Tiempo Argentino, un joven socio, que porta apellido ilustre y pide reservar su identidad, reconoce que el hermetismo de lo que sucede puertas adentro es total y explica la cuestión hereditaria: “Los hijos varones de cada familia heredan el título de socio, pero si resulta que el perfil no es conveniente para la reputación institucional, puede que no lo admitan y quede invalidada su membresía.”
Si bien oficialmente figura inscripta como una asociación civil sin fines de lucro dedicada a “servicios de organización, dirección y gestión de prácticas deportivas y explotación de las instalaciones”, en realidad cumple un papel más ideológico que recreativo.
 De bajo perfil y camuflada bajo la práctica de la esgrima, el Círculo funciona como un núcleo duro del poder político y económico. Sus propios integrantes así lo confirman: “Es un club social, de reunión y lobby. Se organizan muchas reuniones de trabajo, sobre todo del sector agropecuario y con fines políticos”, confiesa otro socio que frecuenta sus pasillos. Y suele verse almorzando a gran parte del abanico opositor y a los popes del establishment local: por allí desfilaron Martín Redrado, Santiago de Estrada, Federico Pinedo, Ernesto Sanz, Enrique Olivera, Ricardo López Murphy, Elisa Carrió, Carlos Pedro Blaquier, Eduardo Constantini y Alejandro Bulgheroni.
 La mayoría de estas figuras son invitadas a “intercambiar pareceres sobre los destinos del país y el mundo”, afirma la misma fuente.
El club tiene un fuerte sesgo machista: las mujeres sólo pueden ingresar como invitadas a ciertas reuniones y no se las acepta como socias. La decisión obedece a una raíz histórica: los Paunero, la familia fundadora, tenían un fuerte vínculo con la masonería de la época y estaban inspirados en la filosofía de los clubes ingleses, que eran exclusivos para caballeros.
Lo curioso es que a este particular club no le interesa tener nuevas afiliaciones. Cuenta con 300 adherentes y el estatuto fija un límite: “El tope es de 400 para mantener el perfil y la exclusividad que exige cada uno de ellos”, relata a Tiempo un miembro que brinda su testimonio a cambio de mantenerlo en el anonimato.
A pesar de que la historia oficial cuenta que el nombre Círculo de Armas responde a la práctica deportiva de esgrima, por lo bajo dos socios afirman lo contrario:  “La mayoría de los fundadores eran generales y coroneles de las tres fuerzas, y hasta hoy muchos de ellos forman parte del club.”
Sea cual fuere el origen, ser miembro del Círculo es casi una misión imposible, ya que un severo proceso de selección se encarga de filtrar quién entra y quién no. Si alguien quiere hacerlo, además de estar en condiciones de pagar cerca de $ 700 mensuales, debe ser recomendado por cinco socios con antigüedad mayor a dos años, cuya solicitud será sometida a votación de todos los miembros. Previamente se exige enviar una carta de presentación dirigida al director. A partir de allí, se evalúa el ingreso.
Como lo hacían las viejas logias, y aquí otra vez se deja ver la influencia masónica, el procedimiento de selección es mediante bolillas blancas o negras. ¿Cómo funciona? Cada uno de los integrantes del círculo deposita su bolilla en relación con determinado solicitante. Si todas resultan blancas, el postulante es aceptado. Y por cada bolilla negra, el pretendiente debe lograr cinco blancas. Si no lo logra, es automáticamente rechazado. Todo esto ocurre bajo la estricta evaluación de los socios más antiguos.
El sectario club fundado por el abogado conservador Mariano Paunero, que cobija en sus filas a la derecha procesista del país, tiene actividades reducidas pero intensas: cuenta con una sala de juegos de azar donde hay mesas de paño y se juega a las cartas, sobre todo al póker. Cuentan los viejos tertulianos que el escritor Manuel Mujica Láinez perdía siempre y que “Julito”, el hijo del ex presidente Julio Argentino Roca, era un jugador empedernido. También se puede beber, disfrutar el sauna, comer, practicar squash, esgrima y hacer yoga. Es famoso, además, por contar con acuerdos de reciprocidad con los clubes más selectos del mundo.
Por sus alfombras  pasaron el duque de Windsor, el escritor francés Anatole France, todos los Martínez de Hoz, Marcelo T. de Alvear, Roque Sáenz Peña y los recién mencionados Roca padre e hijo. Hasta lo visitaron el príncipe Guillermo Alejandro de Holanda y su prometida, la argentina Máxima Zorreguieta. Fueron a almorzar el jueves 8 de noviembre de 2001, tres meses antes de contraer matrimonio. El vínculo con la entidad lo habría generado el padre de la novia, Jorge Zorreguieta, ex secretario de Agricultura y Ganadería durante el gobierno militar de Jorge Rafael Videla.
El auge y desarrollo de la entidad coincidió con la puesta en marcha del modelo agroexportador que impulsó la Generación del ’80. Fue en esa década cuando la élite empezó a nuclearse entre sí para disfrutar de actividades de recreación como fútbol, rugby, criquet y carreras de caballos.
Al despuntar el siglo XX, la clase alta porteña comenzaba a mirarse cada vez más en el espejo europeo y a participar de reuniones acotadas a su círculo social.
Era el tiempo en que las familias patricias del país viajaban a Europa con la vaca en la bodega de los barcos porque la calidad del ganado local era muy superior. Sus hijos se divertían a bordo arrojando manteca al techo para ver cómo resbalaban los mozos por el piso.
El primer golpe de Estado en la argentina moderna tuvo al Círculo de Armas como uno de sus principales refugios intelectuales. Allí se reunían civiles y militares para orquestar la interrupción democrática del segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen, inaugurando lo que se conoció como la Década Infame. Entre las personalidades de entonces estaba el abuelo del actual diputado macrista Federico Pinedo, luego ministro de Hacienda del gobierno de facto de Agustín P. Justo y Leopoldo Melo, tristemente célebre por aplicar bajo su gestión al frente del Ministerio del Interior el sistema de tortura y persecución a los opositores.
El 6 de septiembre de 1930, el mismo día que el general José Félix Uriburu tomó el poder por la fuerza, una multitud asaltó el domicilio particular de Hipólito Yrigoyen y destruyó e incendió sus muebles y papeles particulares. Por la noche hubo un banquete en el Círculo de Armas para festejar el triunfo. Todos escucharon con atención a un Julio Argentino Roca (h) exultante, quien dos años después sería vicepresidente del gobierno de facto de Agustín P. Justo: “Hoy he vivido uno de los momentos más emocionantes de mi vida, solo, en un profundo recogimiento, frente al espectro de mis mayores, que parecían vindicarse del caudillo oscuro que les infirió el agravio de su barbarie.”
Aquel espíritu conservador, pro militar y antidemocrático se mantuvo inalterable a lo largo del tiempo. Y son los actuales miembros del Círculo los encargados de preservar la tradición y los ideales que dieron origen a la institución. Sobre todo coinciden en exaltar un sentimiento que nació en los ’40 y se profundizó en los ’50: el odio visceral hacia el peronismo. La llegada de este movimiento político, económico y social al poder no fue una buena noticia para los que allí se reunían, a pesar del origen castrense de Perón. Ellos añoraban el modelo agroexportador que los había llevado a tener un estatus social equiparable a las más distinguidas familias del Viejo Continente. Su proyecto de Nación iba a contramano del florecimiento de los nuevos sindicatos impulsados por el auge de la industrialización del país.
“Cómo habrán sido de fanáticos que, al principio, hasta al propio Martínez de Hoz lo tildaban de industrialista”, cuenta un viejo conocedor de la historia del Círculo, que vio allí cenar varias veces al ex ministro de Economía.
La primera sede estuvo ubicada en la calle Sarmiento, entre Florida y Maipú. Pero la mudanza llegó pronto. Como los salones no fueron suficientes para contener a todos los interesados en practicar deportes, en 1910 se iniciaron las obras en la casa actual, dirigidas por el arquitecto Eduardo Sauze, que finalizaron dos años después.
Los muebles y la decoración estuvieron a cargo de Hampton & Sons LD, una de las firmas más prestigiosas del mundo, con sede en el corazón de Londres, y aún hoy siguen intactos.
Se destacan los tapices cuzqueños del siglo XVIII, pinturas del XIX, fina vajilla francesa y un lujoso mobiliario inglés y francés. Tiene un salón de lectura, otro de juegos, un amplio bar, un comedor, canchas de squash, gimnasio, biblioteca y cuatro dormitorios.
De ellos se enorgullece el actual titular del Círculo de Armas,  Jorge Otamendi, abogado egresado de la Universidad Católica Argentina y miembro del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires y de la Asociación Argentina para la Protección de la Propiedad Industrial.
Como dato de color, en la parte más frívola del curriculum del actual titular, figura que es suegro de la modelo Geraldine Neumann, hermana de Nicole: ya que su hijo, Jorge, es músico y tiene dos hijos con la modelo.
En contraposición, en la parte más delicada de su vida laboral se destaca que trabajó bajo las ordenes de José Alfredo Martínez de Hoz durante la dictadura militar más sangrienta de la historia contemporánea argentina, ya que  fue asesor del secretario de Desarrollo Industrial entre 1979 y 1981, y asesor del subsecretario de Economía, en 1982.

Tiempo Argentino