A 25 años de un título marcado por el dolor







La Liga Nacional de 1990 marcó el dominio y la consagración de una de las mejores formaciones de Atenas, un equipo que tuvo la virtud de pulir los defectos y potenciar sus virtudes a medida que avanzaba la competencia, pero que se vio opacada por la perdida de Carlos Cerutti.



La Liga Nacional 1990 quedó en el recuerdo por la consagración de Atenas, un equipo jerarquizado que a medida que fue avanzando la competencia tuvo la virtud de pulir los defectos y potenciar sus virtudes, para ratificar su condición de máximo favorito y obtener así el tercer título de su historia.
Al mismo tiempo, el conjunto cordobés debió superar la pérdida de Carlos Cerutti, quien se accidentó antes de iniciar la ronda de playoffs, y murió doce días después en una clínica de la capital provincial. "Palito", como lo conocían todos, era una persona noble, bondadosa, íntegra y querida por todos, un proyecto hecho realidad dentro de la cancha, un gran compañero y amigo fuera de ella.
Por eso, la tercera LNB ganada por Atenas y la tristeza por el fallecimiento de Carlos Cerutti fueron los dos hechos que jamás se olvidarán de los noventa, a pocos meses delMundial que Argentina organizó, y cuando nuestro básquet aún estaba muy lejos de codearse con las grandes potencias del contexto internacional.
Atenas se armó para campeón aunando el potencial de su plantilla con el dibujo táctico trazado por el cuerpo técnico, que tuvo en Walter Garrone como entrenador jefe, y a Rubén Magnano como asistente especializado en el aspecto defensivo.
Con la base del equipo que había perdido la Liga 1989 a manos de Ferro Carril Oeste, a excepción de Mario Milanesio y Donald Jones, la dirigencia griega incorporó a una de las mejores duplas extranjeras que pasaron por la LNB. Se trataba de Thomas Jordan, un pivote de buen porte (2.06 metros), sumamente atlético y de apenas 22 años (los cumplió en Argentina), quien provenía de la Universidad de Oklahoma State, la cual abandonó para jugar al básquet; y de Kenneard Winchester, un ala/escolta de 23 años que había egresado de James Madison University, destacándose más por sus cortes hacia el cesto que por el tiro externo.
El griego también recuperó a Germán Filloy, después de un breve año en Pacífico de Bahía Blanca. El alero internacional llegó arrastrando una lesión que le impidió jugar la temporada regular, pero su recuperación se dio cuando Atenas más lo necesitó, en el momento de iniciar los playoffs y después del accidente de Cerutti. Fue una inyección anímica, y un aporte de experiencia que terminó por estabilizar al equipo.
Atenas conformó una media cancha letal, con Marcelo Milanesio en la conducción, yLuis “Chuzo” González de escolta por segundo año consecutivo. Las expectativas se cumplieron con creces, porque el base jugó una liga extraordinaria (alcanzó un altísimo 52% en triples) que le valió la titularidad en la Selección Argentina; mientras que el entrerriano fue el tercer goleador detrás de los refuerzos foráneos, aportando su fino lanzamiento en suspensión, o corriendo la cancha para sorprender en la transición.
En la pintura se apostó por dos jóvenes valores, quienes ya habían dado pruebas suficientes de talento y proyección. Carlos Cerutti era un jugador con un potencial enorme, el interno sobre el cual se depositaban grandes esperanzas con la celeste y blanca, que para entonces ya había lucido con orgullo en cinco torneos con el seleccionado mayor; mientras que Diego Ossela se mostraba más dúctil a pesar de sus 2.07 metros de altura, tanto que Garrone lo había utilizado como una alternativa para jugar en varias posiciones, incluso de alero, debido a su adaptación.
En la rotación se destacaban los nombres de Mario Laverdino, a esa altura con una pequeña cuota de experiencia sobre sus hombros, Horacio Borghese, un entrerriano que llegó a jugar en la Selección Juvenil, y Augusto Bussi, el base de recambio de Milanesio. El equipo se completaba con los juveniles Horacio AcastelloGustavo Roque FernándezGermán Baralle y Marcos Nóbile.
Debido a la proximidad del Mundial de Argentina, la LNB 1990 se jugó en una fase única, en la cual se enfrentaron todos contra todos a ida y vuelta. Al cabo de veintiséis partidos, Atenas logró un récord de 20-6 (el 76.9 de victorias), pero quedó segundo por diferencia de gol detrás de Sport Club, precisamente el otro finalista. El griego ganó por uno (82-81) en Cañada de Gómez, pero en Córdoba el triunfo fue para los santafesinos con paliza incluida (74-102) y una soberbia producción de Michael WilsonLuis Oroño,Clarence Hanley, y Alejandro Montecchia, un juvenil que ya pintaba para grandes cosas.
El camino a la final se hizo cuesta arriba, porque Atenas tuvo que convivir con la incertidumbre que generaba la salud de "Palito". Y fue justamente por eso, que dejar en el camino a Olimpo de Bahía Blanca -en cuartos de final- fue mucho más complicado de esperado. Atenas ganó 104-94 y 92-87 en Córdoba, pero antes del tercer juego se produjo la muerte de Cerutti. El golpe anímico fue tan fuerte, que el griego perdió los dos partidos siguientes en suelo bahiense (88-91 y 79-85). Recién en el quinto y nuevamente en la capital cordobesa, los de Garrone aseguraron el pase a la siguiente instancia liguera (83-79).
En semis llegó el turno de un duro Estudiantes de Bahía Blanca, que había dado la sorpresa al eliminar en cinco partidos a Echagüe de Parana sin contar con ventaja deportiva. En el elenco que dirigía Fernando Lacasa las máximas figuras eran Juan Espil y Alvin Frederick, dos de los artilleros de la competencia. El griego lejos de su nivel, pero con un corazón enorme se puso al frente en su casa (89-80 y 113-110 en suplementario).
La defensa del segundo encuentro, cajón y uno, con Milanesio y González alternándose para contener a Espil, funcionó en gran parte del período regular, pero el goleo deFrederick y los lanzamientos de larga distancia de Rodrigo Torre fueron un problema sin solución. En un final dramático, Filloy terminó sentenciando el pleito con un triple memorable.
En el Osvaldo Casanova que desbordó de público (4.500 espectadores), Atenas impuso su defensa y sacó a relucir lo mejor de su juego para imponerse por 92-83 con una gran actuación del “Chuzo” González (23 puntos) y de Thomas Jordan (26 puntos y 12 rebotes). Con otro ánimo y más aplomado, Milanesio volvió a ser el conductor inteligente y cerebral, mientras que Ossela se la bancó en el poste bajo como una gran rueda de auxilio.
Al mismo tiempo, y en la otra serie de semifinales, Sport Club dio cuenta deIndependiente de Neuquén con una barrida (3-0). En el tercer juego disputado en La Caldera, los santafesinos ganaron por un simple (86-85) merced a la superlativa producción de su dupla foránea: Wilson (30 puntos y 8 rebotes) y Hanley (29 puntos y 8 rebotes).
Solo para resaltar el valor del triunfo de Sport Club, cabe aclarar que Independiente había armado un equipo con aspiraciones de pelear por el título. Los nombres de Marcelo RichottiGabriel DarrásEsteban De la Fuente y Mariano Aguilar lo certifican, además de los extranjeros Mergin Sina y Ruffus Jones. Esa formación del rojo era dirigida porEduardo Armer.
Llegó el turno de la final, a la que accedieron los dos mejores de la temporada, parejos en todo hasta en el balance de triunfos y derrotas (26-8), pero con una diferencia importante. Sport Club, con la dirección técnica de Julio Lamas y la asistencia de Sergio Hernández, y un plantel conformado por Diego MaggiLuis OroñoJosé Small,Clarence HanleyMichael WilsonJorge Epifanio y Nelio Badaloni, además deAlejandro Montecchia y Gabriel Díaz, dos juveniles con proyección, había cumplido con creces las expectativas trazadas a principio de temporada, y un subcampeonato no cambiaba en nada una campaña que ya se podía calificar como histórica.
En cambio Atenas necesitaba ganar la Liga de manera imperiosa, y no solo por tradición, el plantel había hecho el juramento de llevar a los padres de Cerutti el título liguero. Tal vez ahí fue donde radicó el esfuerzo mancomunado de un equipo que en la serie final desplegó su mejor básquetbol 
Las dos victorias conseguidas en el Florencio Varni (89-72 y 72-59) fueron la muestra cabal de que Atenas había superado su peor momento, ese que lo había quebrado anímicamente y que se había trasladado inevitablemente de lo personal a lo deportivo. El conjunto cordobés llegó a Cañada de Gómez mostrando un crecimiento paulatino, y allí se terminó de consolidar para arrasar con su rival nada menos que en la final de la Liga.
La defensa mostró una concentración nunca vista, y el ataque lució paciente, buscando el pase extra y desarmando la oposición de Sport Club con un Marcelo Milanesio soberbio, el hombre que manejó los hilos con talento, autoridad, carácter y espíritu ganador.Garrone utilizó seis jugadores en los dos partidos, siendo Filloy el único que saltó del banco para dar una mano.
Milanesio y Jordan jugaron los ochenta minutos, una barbaridad si tenemos en cuenta la instancia decisiva, pero la juventud de ambos les permitió bancarse la exigencia a la que fueron sometidos. De cualquier manera, ¿Quién se habría animado a sacarlos? Para completarla, el cordobés tampoco tuvo recambio en el tercer encuentro disputado en La Docta.
GonzálezWinchester Ossela se alternaron con Fillloy en un constante enroque de posiciones, y a pesar de ello la estructura cordobesa nunca perdió el orden, como así tampoco la concentración y la solidaridad. Con cajón y uno, o triángulo y dos, Atenas anuló a Oroño Wilson, los hombres que podían complicar con penetraciones o lanzamientos externos. Cuando Sport Club encontró variantes, el griego pasó a individual. Fueron dos choques ajedrecísticos que el Griego logró sacó adelante con el plan perfectamente diagramado por Walter Garrone y Rubén Magnano.
En el primer encuentro, disputado el viernes 25 de mayo, Milanesio fue letal con su mortífero lanzamiento (4/5 triples), mientras Winchester deslumbró con sus cortes hacia el cesto; en el segundo, cuarenta y ocho horas después, se lució el “Chuzo” Gonzálezcon sus tiros abiertos, en tanto Filloy aportó experiencia, talento y una gran defensa.
Ossela y Jordan redondearon dos partidos fantásticos en ambos tableros, dominando la pintura y ganando el duelo ante Maggi Hanley (en el global en Cañada ganaron los rebotes 43 a 31); Milanesio, en la noche del domingo, dio claras evidencias de inteligencia, sabiduría y madurez, cuando se dio cuenta que su tiro no entraba, comenzó a pasar la pelota buscando la mejor opción.
Con más rotación que en los juegos previos, debido a que Ossela se cargó de faltas rápidamente, Atenas no dejó dudas en el tercero, aún cuando algunos apresuramientos y cierta ansiedad por liquidar la serie le jugaron en contra durante varios pasajes. Los de Garrone sacaron diez de ventaja (24-14), pero Sport Club reaccionó de la mano deWilson para achicar a cuatro. La defensa y el goleo de Milanesio fueron los factores para darle aire al dueño de casa, que terminó cerrando los veinte iniciales con una ventaja tranquilizadora (46-35).
Al regreso de vestuarios explotó Hanley para poner en juego a Sport Club; pero el cambio de defensa (de combinada a individual), más un intratable Winchester, le permitió a Atenas escaparse a trece (60-47). La visita no se dio por vencido, explotó algunos errores de un adversario, metió un parcial de 10-0 en dos minutos y se puso a tres (60-57).
Milanesio emergió con dos triples consecutivos que enderezaron el rumbo y sacaron del letargo a los cordobeses. A partir de ahí afloró el temple y el carácter del base cordobés para volver a imponer el ritmo y liderar a su equipo a la victoria (78-72). Sport Club no bajó los brazos, pero a esa altura ya no estaba en condiciones de torcer la historia.
Atenas ganó con el corazón, pero también con un rendimiento altísimo en toda la serie, como para no dejar dudas que fue el mejor equipo de principio a fin. De cualquiera manera la alegría se transformó en un desahogo, y la fiesta no pudo ser completa... hubo satisfacción por el título, aunque que el clima de festejo fue invadido por la tristeza. Nunca en la historia, un campeonato se vivió con tanta emoción como el de 1990. Por eso, a 25 de años de esa conquista, el recuerdo aún perdura, de la Liga Nacional que Atenas conquistó con su mística y para cumplir con un juramento.
SERIE FINAL LNB 1990
Juego 1: Sport Club (Cañada de Gómez) 72 – Atenas (Córdoba) 89
Sport Club (72): José Small 5, Luis Oroño 14, Michael Wilson 18, Clarence Hanley 13 y Diego Maggi 11 (Formación inicial); Alejandro Montecchia 11. Entrenador: Julio Lamas.
Atenas (89): Marcelo Milanesio 21, Luis González 18, Kenneard Winchester 20, Diego Ossela 12 y Thomas Jordan 15 (Formación inicial); Germán Filloy 3. Entrenador: Walter Garrone.
Primer Tiempo: 37-43.
Arbitros: Eduardo Alagastino y Obdulio Zelada.
Estadio: Florencio Varni, Cañada de Gómez.

Juego 2: Sport Club (Cañada de Gómez) 59 – Atenas (Córdoba) 72
Sport Club (59): José Small 6, Luis Oroño 9, Michael Wilson 13, Clarence Hanley 23 y Diego Maggi 6 (Formación inicial); Alejandro Montecchia 0 y Jorge Epifanio 2. Entrenador: Julio Lamas.
Atenas (72): Marcelo Milanesio 4, Luis González 19, Kenneard Winchester 15, Diego Ossela 7 y Thomas Jordan 19 (Formación inicial); Germán Filloy 8. Entrenador: Walter Garrone.
Primer Tiempo: 35-31.
Arbitros: Alberto García y Jorge Rubinsztein.
Estadio: Florencio Varni, Cañada de Gómez.

Juego 3: Atenas (Córdoba) 78 – Sport Club (Cañada de Gómez) 72
Atenas (78): Marcelo Milanesio 24, Luis González 11, Kenneard Winchester 16, Diego Ossela 10 y Thomas Jordan 11 (Formación inicial); Germán Filloy 6, Mario Laverdino 0 y Horacio Borghese 0. Entrenador: Walter Garrone.
Sport Club (72): José Small 2, Luis Oroño 5, Michael Wilson 23, Clarence Hanley 28 y Diego Maggi 5 (Formación inicial); Alejandro Montecchia 8 y Jorge Epifanio 1. Entrenador: Julio Lamas.
Primer Tiempo: 46-35.
Arbitros: Darío Rodríguez y Jorge Morillo.
Estadio: Polideportivo General San Martín, Córdoba.
Atenas ganó la serie 3-0, y Marcelo Milanesio fue elegido MVP de las finales.

Fuente: www.lnb.com.ar 
Informe: Roberto Martín. Foto: Marcelo Figueras