Los masones argentinos salen en busca de nuevos “hermanos”

Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera” escribió José Hernández en su Martín Fierro y hay quienes aseguran que no sólo se refería a un vínculo familiar. “Puso ‘hermanos’, no ‘ciudadanos’ o ‘habitantes’, porque él era masón”, dice Ángel Jorge Clavero, reelecto Gran Maestre –máxima autoridad– de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Para desmitificar las costumbres masónicas, Clavero habló con Tiempo Argentino y contó los rituales de esa institución, de 154 años en el país.
“La masonería es filosófica, filantrópica y progresista. Su grandeza es lograr que se debata con tolerancia”, dice. La idea es que esos debates generen en la sociedad mayor “libertad, igualdad y fraternidad”, como indican los emblemas de Francia. Clavero detalla: “El masón transmite lo que se debate pero no lo hace desde la institución, sino desde sus actos.”
No es una religión pero hay religiosos entre sus adeptos. Tampoco es un partido político pero hay militantes en sus filas. El ritual de sus adherentes es semanal o quincenal y dura dos horas. Es un encuentro de los 25 o 30 integrantes que integran una logia, y allí se debaten temas políticos, religiosos, literarios. Los que se sientan de un lado hablan primero, los que están del otro, hablan después, y los miembros más antiguos se sientan delante de todos y hablan al final.
Las autoridades –que en tres años deberán dejar el cargo porque sólo se permite una reelección– se muestran interesadas en incorporar miembros. Aseguran que hay 12 mil seguidores en todo el país, aunque reconocen que sólo 6000 son activos. Requisitos: “Puede sumarse todo buen ciudadano que desee agrandarse moral, intelectual y espiritualmente. Tiene que tener más de 18 años y una cultura media para comprender lo que conversamos. No es nada del otro mundo”, asegura el Gran Maestre. Cuando dice “buen ciudadano”, se refiere a un hombre “que no está atado a ningún fanatismo, ya sea político o religioso”, y “que paga sus impuestos, tiene su familia, su trabajo y puede pagar el arancel mensual de 100 pesos”.
El postulante se somete a varias entrevistas con los Maestros (el máximo escalón, luego de Aprendiz y Compañero), quienes resuelven si puede ingresar. Luego hay una ceremonia de iniciación, donde se rememoran las escuelas precursoras. Sobre el anonimato de sus miembros, Clavero analiza: “Siempre se dijo que la masonería era una cuestión secreta. El que se inició puede contarlo, pero nadie puede hacerlo por él, y sabe algunas cosas que el ciudadano común no sabe. Después, el secreto tiene que ver con la mala prensa por ser una escuela de libre pensamiento, una cátedra de moral. La Iglesia y las dictaduras nos persiguieron. Ahora no es para tanto pero todavía hay casos de discriminación.”
Hace 25 años que las mujeres tienen sus logias en la Argentina, pero no se integran con los hombres. El Gran Maestre revela que en las reuniones anuales que tiene con sus pares del mundo se debate la posibilidad de que trabajen en el mismo grupo.
Tiempo Argentino