Volver a los 17

Un repaso de las jornadas de octubre desde el rol que tuvieron los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión en la organización de las marchas que culminaron en la Plaza de Mayo.





La administración pública argentina no registró prácticamente ningún cambio significativo desde la primera Ley de Ministerios sancionada durante la llamada “Organización Nacional”, a fines del siglo XIX, hasta la llegada del peronismo al poder. Las transformaciones operadas en el mundo durante las dos guerras mundiales evidenciaron, entre otras cosas, la obsolescencia de la estructura del Estado y sus métodos de gestión, algo que fue advertido por Juan Domingo Perón, quien impulsó en 1943 un modelo propio en el que la Secretaría de Trabajo y Previsión fue fundamental.
Los planes, programas y acciones que se ejecutaron a través de ese organismo no sólo reflejaron las realidades de un país en el que no había funcionado la solidaridad social, sino que aportaron respuestas concretas modificando sustancialmente la calidad de vida de los trabajadores a través de las negociaciones colectivas, una de las políticas centrales que materializaron mejores condiciones de justicia en la redistribución del ingreso. Según la Organización Internacional del Trabajo, en 1945 –tras dos años de intensa labor de la Secretaría– la participación de los asalariados argentinos era del 45,9% del Producto Bruto Interno, y en 1952 se elevó a 56,9%. Un logro de los trabajadores resultado de la acción interpretativa y ejecutora de Perón y su equipo de gobierno. Esta fue la causa esencial por la que el 9 de octubre de 1945 Perón debió renunciar a la Vicepresidencia de la Nación, el Ministerio de Guerra y la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Al día siguiente, un grupo de dirigentes y militantes gremiales cerveceros y ladrilleros, entre otros, lo visitaron en su departamento de Posadas 1567 en el que estaba acompañado por su colaborador directo y amigo, Domingo Mercante. Allí se evaluó la conveniencia, cuando aún no había sido aceptada su renuncia, de despedirse de los sindicatos desde la Secretaría de Trabajo y Previsión con un mensaje irradiado a todo el país. Fue el inicio de una estrategia con el objetivo de que los obreros ganaran masivamente las calles en apoyo a Perón.
Por la tarde, en Perú entre Victoria –hoy Hipólito Yrigoyen– y Diagonal Sur, la multitud desbordaba la cuadra hacia los dos extremos. Frente a la puerta del N° 160 se instaló un palco desde el que Perón habló a las 19.15, entre los vítores de unas cincuenta mil personas. Comunicó haber firmado dos decretos: uno estableciendo un nuevo régimen de asociaciones profesionales que daba mayor autonomía y derechos a los trabajadores; y otro otorgando aumento de sueldos y salarios, implantación del salario móvil, vital y básico y participación en las ganancias. Después de esos anuncios, Perón dijo: “Pensamos que los trabajadores deben confiar en sí mismos… No se vence con violencia, se vence con inteligencia y organización”. Y concluyó: “Para terminar no voy a decirles adiós. Les voy a decir ‘hasta siempre’, porque desde hoy en adelante estaré entre ustedes más cerca que nunca. Y lleven, finalmente, esta recomendación de la Secretaría de Trabajo y Previsión: únanse y defiéndanla, porque es la obra de ustedes y es la obra nuestra”. Casi al mismo tiempo, el Poder Ejecutivo Nacional por el decreto N° 25.070 aceptaba su renuncia.
Cuando los pasos de Perón estaban acotados por la adversidad de los intereses que había afectado, los hombres y mujeres leales de la Secretaría a quienes había instado a permanecer en sus puestos, intervinieron de manera fundamental en este acto y en los días sucesivos hasta el 17 de octubre de 1945. Contribuyeron junto a algunos dirigentes sindicales a generar una movilización popular que finalmente fue espontánea, pues canalizó la fervorosa pasión de cientos de miles de trabajadores que vieron peligrar sus conquistas. Las crónicas han silenciado aquella labor decisiva en la que se destacaron cuatro altos funcionarios de la Secretaría: Domingo Alfredo Mercante, director general de Trabajo y Acción Social Directa; Fernando Estrada, subsecretario de Trabajo y Previsión; Héctor Francisco Russo, director de Delegaciones Regionales; y el capitán médico Miguel Ángel Mazza, director general de Asistencia Social que desde años atrás atendía la salud de Perón.
La tarde del sábado 13, Perón, detenido a disposición del Poder Ejecutivo, fue trasladado a la isla Martín García, en jurisdicción militar de la Armada. Por la noche su reemplazante interino en la Secretaría, Juan Fentanes, habló a los trabajadores por radiofonía y si bien intentó disipar inquietudes sobre la pérdida de conquistas laborales, explicitó su convicción de que el Estado no debía desempeñar ningún rol relevante en los conflictos “pues obreros y patrones deben resolver directamente sus problemas”. También informó que el feriado de la víspera era “no pago”.
Ante estos hechos agravados con la detención también de Mercante, el personal de la Secretaría incentivó aún más la organización de las protestas obreras. Entre ellos el secretario de Mercante, suboficial Mario Goizueta; el titular de la Secretaría de Conciliación, Villalta Márquez, Hugo Mercante, Isabel Ernst y Blanca Luz Brum colaboraron en el enlace con los dirigentes sindicales contactados muy discretamente y hasta en secreto: Alcides Montiel (cerveceros), Luis Gay (telefónicos), Silverio Pontieri (ferroviarios), Ramón Tejada (Federación sanjuanina), Juan Pérez (ladrilleros), Aurelio Hernández (químicos), Ángel Borlenghi (comercio), José Espejo (alimentación), Ramón Ceijas (tranviarios) y Cipriano Reyes (carne), entre los principales.
En las primeras horas del lunes 15 hubo reclamos en algunas fábricas y en otras los obreros impidieron el acceso y se expresaron en las calles. En Tucumán fue declarada la huelga y se pidió la convocatoria del Comité Central Confederal de la CGT; al otro día se extendió a Chaco y hubo manifestaciones en Berisso, Avellaneda, Rosario, Remedios de Escalada y Junín. El diario La Época, dirigido por Eduardo Colom, fue el único medio periodístico que reflejó éstos sucesos e instó a la movilización. El 16, grupos a los que se les impidió llegar a la Secretaría de Trabajo, marcharon a Plaza de Mayo y fueron reprimidos con gases. La CGT tardíamente declaró la huelga para el 18; las bases la habían superado. Entretanto, el Dr. Mazza lograba que Perón volviera a Buenos Aires el miércoles 17, y los obreros pudieron concentrarse frente al Hospital Militar, otros frente a la Casa de Gobierno, mientras muchos más atravesaban los accesos a Capital desde la provincia de Buenos Aires, todos reclamando la libertad de Perón, quien por la tarde se reunió con sindicalistas leales. En Rosario, Tucumán, Córdoba y Mendoza se producía la misma demanda popular.
Consciente de esto, fueron varias las referencias a la acción desarrollada por la Secretaría que Perón hizo en el histórico mensaje desde el balcón de la Casa de Gobierno sobre la medianoche del 17 de octubre de 1945. Tan central había sido el rol de ese organismo como garantía de continuidad en la gestión iniciada dos años antes que el propio presidente Farrell había anunciado previamente la designación de Mercante como nuevo Secretario de Trabajo y Previsión. La irrupción de los trabajadores en la historia argentina fue posible también por el apoyo del ala nacional del Ejército y ésta es otra clave de esa jornada.
En medio de la euforia, aquella misma noche un enfrentamiento dejaría como saldo los primeros mártires del naciente justicialismo. Cuando se producía la desconcentración en la madrugada del 18 frente al diario Crítica –en avenida de Mayo 1333– murieron por impactos de bala Darwin Passaponti, militante de la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios, de 17 años, y Francisco Ramos, de 21. Hubo además 50 heridos. Un mes antes habían sido sepultados los hermanos Reyes en La Plata en un masivo sepelio con treinta oradores y la presencia de Perón.
Habiéndosele aceptado la solicitud de pase a retiro del servicio activo del Ejército, cinco días después, Perón se casó con María Eva Duarte en Junín. Mercante, que había asumido el día 20 en el recinto de sesiones de la Secretaría, fue testigo del novio. Ante la Iglesia Católica se casaron el 10 de noviembre en la parroquia San Francisco, de La Plata, y Mercante volvió a testimoniar la unión.
La Secretaría de Trabajo y Previsión funcionó donde hoy se encuentra la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional por Decreto 1495/2011 del 26 de septiembre último, con la firma de la Presidenta de la Nación, restituyendo la condición que el inmueble tuvo por ley del Congreso Nacional desde agosto de 1951 hasta diciembre de 1955, en que fuera derogada por decreto-ley del gobierno provisional de Aramburu y Rojas. El expediente coronado por la declaratoria en vísperas de celebrarse 80 años de la inauguración del Palacio Legislativo, fue iniciado ante la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos por el autor de estas líneas.




Por 
 Héctor Daniel Vargas. Periodista, investigador histórico
Miradas del Sur