2011, el año de las predicciones incumplidas

A comienzos del año, a pocos meses del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner, se multiplicaron los pronósticos de analistas políticos de diversos medios y las principales figuras opositoras, donde abundaron los malos presagios y descalificaciones para el kirchnerismo.

En enero, el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, daba el puntapié inicial y sostenía: “Voy a ser candidato a Presidente, no tengo duda”. El mandatario porteño bosquejó, incluso, algunos lineamientos de lo que sería su hipotético mandato cuando ocupara el sillón de Rivadavia, ante su eventual victoria. Entre las medidas que tomaría, anunció una reforma del “Consejo de la Magistratura para eliminar el poder de veto del oficialismo y garantizar la independencia de la Justicia”. Sin embargo, desde que ejerce su cargo en 2007, Macri vetó más de 70 leyes.
Las voces del resto de los candidatos presidenciales no se hicieron esperar.Eduardo Duhalde pasó por varias etapas, primero afirmó que la reelecta Presidenta no se presentaría a los comicios, y luego cambió su opinión y dijo:“Cristina no pasa la segunda vuelta, no le dan los números”.Entre otras de sus declaraciones premonitorias también sostuvo: “Se presente quien se presente, voy a ser Presidente”.
Por su parte, Elisa Carrió anunciaba en mayo el devenir de los hechos: “La postulante a presidente será Alicia Kirchner”“El kirchnerismo va a ser derrotado. Hoy lo único claro en la Argentina es lo de la Coalición Cívica, decía la conductora del partido que acabó en último lugar y la dejó ocupando “un rol de acompañamiento”, como anunció su compañero de fórmula, Adrián Pérez, poco tiempo después.
Otra de las perlas políticas del año fue la de Ricardo Alfonsín. El radical había definido a Francisco De Narváez como aquel que encarnaba “el neomenemismo”, y, una semana antes de concretar su acuerdo con el candidato bonaerense a comienzos de junio, le contestó a un periodista:“¿Que (De Narváez) se sume al frente nacional progresista? ¡De ninguna manera!". El desenlace de la Alianza Union Para el Desarrollo que conformaron ambos dirigentes fue un tercer lugar, a cinco puntos del segundo y más de 40 del primero, en las elecciones nacionales y un segundo lugar, también con una diferencia de casi 40 unidades por debajo del gobernador reelecto, Daniel Scioli, en las provinciales.
Pero todos estos referentes políticos no eran los únicos que veían ese futuro oscuro para el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, sino que estaban acompañados por grandes figuras periodísticas. “¿El final del modelo kirchnerista?”, titulaba Joaquín Morales Solá en abril, Mariano Grondona hacía lo propio ese mismo mes y encabezaba en La Nación: “El tramo final del modelo kirchnerista”. Un poco más tarde, Eduardo Van Der Kooy anunciaba “un temblor bajo los pies de Cristina”, en Clarín.
Finalmente, el período electoral comenzó y se sucedieron, primero, los comicios porteños del 10 de julio, en los que se votó quién sería el jefe de Gobierno, y más tarde el equivalente para gobernador en la provincia santafecina, el 24 del mismo mes. El sorpresivo resultado de esta última elección, en la que el candidato apoyado por Mauricio Macri, Miguel del Sel, quedó en segundo lugar y superó al kichnerista Agustín Rossi por más del diez por ciento, y la amplia diferencia que sacó el ingeniero del PRO sobre el candidato del Frente Para la Victoria (FPV), Daniel Filmus, en Capital, presentaron los hechos concretos que dieron pie a los análisis periodísticos.

Morales Solá escribía en La Nación: “Rossi y el kirchnerismo confirmaron ayer a Reutemann: la profunda crisis del gobierno nacional con los productores rurales vive ahora sólo una tensa tregua, no una reconciliación”. El columnista y jefe de Editoriales del mismo diario, Fernando Laborda, iba más allá y hacía un análisis que, tomando por ciertas sus premisas, era absolutamente convincente: “Si en las elecciones presidenciales de 2007 Cristina Kirchner obtuvo poco más del 45 por ciento con el acompañamiento de buena parte del campo y los sectores medios urbanos, parece muy difícil que, cuatro años después, pueda llegar a obtener ese mismo porcentaje (…) sin tener hoy el aval del campo”.
Por supuesto, el lector que se encontraba con estos argumentos y conclusiones tan contundentes, sumadas a algunos titulares, como los que hablaban del “voto bronca” en Santa Fe, tendía a pensar que el golpe electoral de esa provincia era una clara muestra de que el kirchnerismo estaba debilitado. Pero, como sucedió a lo largo de todo el año, la mayor parte de los pronósticos políticos fallaron, y en las elecciones presidenciales “la Presidenta se impuso en casi todas las localidades de base agropecuaria de la región central del país”, como bien dijo el historiador del campo Juan Cruz Jaime, e incluso derrotó a Hermes Binner en su propia provincia.
Poco tiempo después vino el ballotage en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, una vez más, por más previsible que fuera el resultado, en el que Mauricio Macri obtuvo el 63,3% de los votos sobre el 35,8% de Daniel Filmus, dio pie a los pronósticos negativos para el oficialismo nacional. Van Der Kooy hablaba del “golpe en Capital” e introducía el fantasma de laderrota kirchnerista en las elecciones nacionales al decir que la Ciudad solía ser “un espejo en el cual se refleja el comportamiento de los grandes centros urbanos, que representan el 40% del padrón total”. “Hay una fatiga social evidente con el estilo de la confrontación, la soberbia, la necedad y la mentira”, sostenía el columnista del diario Clarín.
En la misma línea se ubicaba Luis Majul, quien titulaba “Cristina gana pero ya fue”, y en otra oportunidad lo hacía anunciando “un microclima Anti-K”. Este periodista advertía “un nuevo ambiente” que, según él, llevaría a que “mucha gente se anime a expresar en público que a Ella (Cristina Fernández de Kirchner) no la votaría nunca”. Pero también El Cronista Comercial aseguraba que “no más de un 50%” del padrón iría a votar, en una elección “sin incentivos”. Elección que finalmente tuvo una amplia concurrencia del 78,89%.
El 2011 fue un año que abundó en palabras, sin embargo, la realidad fue lo suficientemente contundente para que las predicciones políticas y periodísticas cayeran por su propio peso.
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