Recordemos cuando Patti no pudo asumir, y también recordemos quiénes los defendieron en la Cámara

Ya sale un Patti hecho papilla

 

“...como a Patti les va a pasar... adonde vayan los iremos a buscar!”, celebraron desde los palcos del recinto. La carrera política del torturador confeso Luis Abelardo Patti quedó frustrada ayer cuando la Cámara de Diputados aprobó, tras ocho horas de ferviente debate, por el amplio margen de 164 votos a 61, la impugnación de su diploma como diputado electo por su participación activa en el aparato represivo de la dictadura, por sus reiteradas violaciones a los derechos humanos, su procesamiento confirmado en segunda instancia en la Justicia y por haber incurrido en apología del delito. “No puede legislar un torturador”, afirmó con aplastante sentido común el diputado de la CTA Claudio Lozano. “Vamos a impedir que sus manos que picanearon manejen dictámenes”, graficó Remo Carlotto, uno de los impugnadores de Patti. “Acá dicen que fue vulnerado el principio de inocencia, pero yo les voy a contar un secreto”, anticipó el diputado Miguel Bonasso, otro de los impugnantes. “El propio Luis Abelardo Patti dijo: ‘Me pueden decir torturador o represor, pero nunca chorro’. Y también dijo que para esclarecer delitos la policía debe cometer al menos cinco delitos. Por lo tanto, con sus palabras demostró que es culpable”, razonó el legislador de Convergencia, en medio de una sesión cargada de emoción, tanto en los discursos como entre los públicos que se enfrentaban en los palcos.
Bonasso recordó que el ex diputado catamarqueño Angel Luque fue expulsado inmediatamente de la Cámara por haber dicho que hubiera hecho desaparecer el cuerpo de la joven María Soledad Morales. “Esto estuvo muy lejos de ser una ejecución sumaria”, afirmó en respuesta al calificativo que le dio la diputada macrista Nora Guinzburg al proceso de impugnación de Patti. “El sumariado no vino a la comisión a mirarnos a los ojos para decirnos que se enfrentó con Cambiasso y Pereyra Rossi, porque no puede sostener semejante mentira”, completó. Su compañera en la impugnación, la diputada correntina Araceli Méndez de Ferreyra, destacó que “Patti está acusado de delitos permanentes, y hasta que no se encuentren los desaparecidos o los apropiados, siguen cometiéndose”.
La jornada había comenzado a mediodía con una conferencia de prensa del Paufe (Partido de Unidad Federalista de Patti) en Pasos Perdidos, mientras afuera sonaban petardos y se concentraban grupos kirchneristas como Barrios de Pie y Patria Libre. Los palcos que iban a permanecer vacíos, finalmente fueron llenados por presión de ambos grupos. Los del primero y segundo piso fueron ocupados por Hebe de Bonafini, Estela Carlotto, Nora Cortiñas, militantes de HIJOS y familiares y víctimas de Patti. Compartieron una de las bandejas, los hijos del diputado justicialista Diego Muñiz Barreto, los hijos de Gastón Gonçalves y el militante Luis Angel Gerez, torturado por el ex policía y aspirante fracasado a diputado nacional. En el tercero pudo verse al publicista Gabriel Dreyfuss y a la activista castrense Cecilia Pando junto a ruidosos seguidores del represor.
Abrió la lista de oradores el presidente de la Comisión de Peticiones, Poderes y Reglamento, el tucumano Gerónimo Vargas Aignasse, y recordó el testimonio de Gerez cuando declaró los detalles de la tortura que sufrió a los 16 años en la comisaría de Escobar e identificó a Patti como quien dirigía la sesión. “Metéle la picana en las orejas, en los testículos, así se defeca”, eran las órdenes de dipu-represor. “¡He jurado por los desaparecidos y como soy hijo de un desaparecido (el senador Guillermo Vargas Aignasse) voy a dar mi vida antes de permitir que un genocida se siente en una banca!”, cerró el diputado a viva voz, en medio de aplausos y con el abrazo posterior de gran parte de su bancada. Desde los palcos llovían papelitos y, extrañamente, ambos bandos cantaban “como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar”. En boca de los partidarios del represor el estribillo produjo escalofríos. En ese momento, el pattista Juan Carlos Bonacorsi reclamó que el impugnado no había sido convocado a la sesión. “Tenemos tiempo para que llegue”, le respondió el presidente de la Cámara, Alberto Balestrini. Pero Patti hizo su propio acto en Escobar (ver aparte).

Radicales, legalistas y memoriosos

La mejor defensa de Patti la hicieron dos diputados radicales. “Háganse cargo los peronistas que lo trajeron a la arena política, no es cierto que nosotros lo vamos a hacer diputado, sino los votos peronistas”, dijo el radical Pedro Azcoiti, vicepresidente de la comisión que llevó adelante la impugnación. Y al mismo tiempo mostraba una fotocopia con boletas electorales de 1995, 1997 y las últimas legislativas de 2005, en las que aparece Patti en las listas justicialistas, junto a Carlos Ruckauf, Jorge Landau, Chiche Duhalde y José María Díaz Bancalari. “Me repugnan el asesinato y la tortura, provengan de donde sea, y me repugnaría estar sentado en una banca al lado de Patti, pero juré por una sola cosa, que es la Constitución, y la voy a respetar”, concluyó Azcoiti, él mismo víctima de la represión en la dictadura. En el mismo sentido, se pronunció Alicia Tate al afirmar que “los que lo trajeron de la mano a la política, y lo utilizaron políticamente, hoy son sus impugnantes”. Esta legisladora incurrió en un error cuando aseguró que los testimonios que se escucharon en la comisión fueron los mismos que en la Justicia no alcanzaron para condenarlo. De hecho, la reapertura de la causa Cambiasso Pereyra Rossi y el nacimiento de un proceso por Muñiz Barreto se basan en nuevas pruebas. “Si admitiéramos que la Cámara puede desconocer la voluntad popular estaríamos violando los derechos políticos del diputado y de sus votantes, y se sienta el precedente para que mayorías circunstanciales impidan el ingreso a futuros opositores”, dijo a su turno la diputada pattista Adriana Tomaz. Esta vez los aplausos vinieron del palco más elevado, con la dirección de Pando. Le siguió en el uso de la palabra el diputado murphista Pablo Tonelli, quien argumentó que si se dice que el proceso de impugnación fue político, no pueden imputarse a Patti delitos previstos en el código penal. “Hay que hacer abstracción de la persona, las garantías son para todos”, afirmó. Luego fue la macrista Guinzburg quien reflotó la teoría de los dos demonios al decir que “el horror del terrorismo de Estado no nos va a hacer olvidar el terrorismo subversivo”. Los palcos bajos abuchearon.
Quien retomó el razonamiento para rebatirlo fue el presidente del bloque oficialista, Agustín Rossi. “No hubo una guerra ni dos bandos, sino un plan sistemático de tortura y desaparición”, afirmó al cierre de la sesión, casi al borde de la medianoche.

La maraña jurídica

La líder del ARI, Elisa Carrió, se remontó a la Alemania posterior al Holocausto para explicar que el derecho de gentes se impuso al derecho liberal que hubiera exculpado a todos los nazis. En aquel momento, el Tribunal de Nüremberg estableció la doctrina de derechos humanos que impidió que un imputado o sospechado de delitos de lesa humanidad cometidos en aquel genocidio terminara como diputado del Reichstag. “Es la misma posición que actué en el caso Bussi, siendo miembro del partido radical que hoy desconoce tal precedente, por la cual no hace falta que exista condena para impugnarlos”, enfatizó Elisa Carrió. “El derecho de gentes está por encima de la regla de las mayorías”, agregó.
Por las dudas, el diputado Carlos Raimundi, del mismo partido, recordó que la única excepción sobre la regla de la mayoría es la violación a los derechos humanos. “La estrategia de la defensa de Patti fue tratar de convertir a los testigos en acusados, como si a 30 años el ‘algo habrán hecho’ pueda justificar la tortura”, agregó. La cordobesa Norma Morandini afirmó que no hay ex represores porque “en tanto haya víctimas habrá verdugos”. Por su parte, Lozano recordó que “Patti recorría las fábricas pidiendo las listas de delegados” porque “el genocidio del que participó estuvo direccionado a destruir al movimiento obrero”. En lenguaje corriente, el impugnante Carlos Tinnirello no anduvo con eufemismos. “Los que hoy piden respeto por la voluntad popular se cagaron en ella cuando apoyaron el golpe del ’76.”
Había 228 legisladores sentados en sus bancas cuando Balestrini llamó a votar. Sólo 61 se pronunciaron a favor del represor y el oficialismo logró juntar mucho más de los dos tercios requeridos. Once fueron los radicales que desobedecieron a la mayoría del bloque, entre ellos Silvana Giudici, quien calificó a Patti como “un eslabón articulador de la política de exterminio en la provincia de Buenos Aires.
En medio de cánticos y abrazos, los HIJOS y los familiares de las víctimas festejaron sin reprimirse. “El viejo está brindando en el cielo”, dijo emocionada Juana Muñiz Barreto. Desde los palcos colgaba la consigna “Patti torturador” armada con fotos de desaparecidos.
Fuente:Adriana Meyer para Página 12 del 24 de mayo de 2006

 

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