Ella sufre en su mansión, yo sufro en los arrabales

Esto no es un homenaje a la canción de Ricardo Arjona, que particularmente no es de mi gusto un poco por sus letras complicadas y otro porque me recuerda a una persona maligna de mi vida que era fánatica del Richard.
Es querer comparar como Cañada vive en estos últimos tiempos, donde muertes sorprendentes, dudosas y sin explicaciones nos invaden desde hace un par de años o quizás más.
Desde los arrabales muchos obreros, amas de casas, estudiantes, niños y ancianos están condenados a beber un agua prácticamente intomable, con arsénico y con mucho olor a cloro. Creo que si desayunamos con lavandina nos hace mejor…
Mientras que los señores de alto poder adquisitivo sean los terratenientes, empresarios, directores de fundaciones toman agua purificada, agua mineral que hoy cuesta los diez litros una suma cercana a los 6 pesos. Si pensamos que cada ser humano toma en promedio 2 litros de agua por día en una familia tipo de 4 personas se necesitan como mínimo de $150 para beber agua saludable.
No sólo el agua diferencia a estos señores de elite con el pueblo, ni hablemos de la salud donde el Hospital de Cañada de Gómez desde que está el socialismo tiende a desaparecer, sin director, con la Región de salud desarmada para depender exclusivamente de la ciudad de Rosario como si esa gran urbe no tuviera problemas como para hacerse cargo de los nuestros.
Si un hombre de pueblo necesita un crédito, una ayuda económica o un fiado de 15 días, los señores te miran de reojo, te piden un análisis de sangre, ADN y antecedentes policiales mientras que esos señores lucran con muchas mutuales lavando sus dineros en negro sin que nadie le pida explicaciones desde donde proviene el dinero. Pero es más lindo decir: “¿De dónde este negro sacó la plata?” Mientras que si algunos de los señores de las mansiones trae sus valijas, comentan “¡Cómo progresa! Es un genio”
Esto es Cañada, no nos asustemos. Hace muchos años atrás, cuando las chicas del barrio sur venían al centro a dar sus vueltas al perro los muchachos del centro hacían una ronda y le gritaban “Ahí van las fáciles del sur”, y fue así que muchos de ellos terminaron casado con algunas de esas niñas. O acaso nos olvidamos que los bailes del Sport Club eran para cierto nivel social mientras que los humildes bailaban en la pista del Club San Martín. Y sí, la Cañada donde vivimos.
Durante décadas nuestros gobernantes tenían al barrio sur como el patio de atrás de la casa, hoy podemos decir que es la puerta de bienvenida y es importante la decisión política de Clérici de hacerlo así, darle la importancia que le corresponde a un sector de la ciudad eternamente marginado.
Otro caso de discriminación cañadense, cuántas veces escuchamos que dicen que a cierta hora el centro de la ciudad es intransitable por la cantidad de “negritos” con gorritas que hay caminando. Es increíble pero nunca escuché a esa Agrupación de Derechos Humanos hacer una campaña de convivencia entre ambos sectores. Es que los de gorrita para ellos no serán humanos???
Así es Cañada, una ciudad gorila por excelencia, donde cualquiera es Gardel sin hacer nada y quiénes trabajan día a día para construir una ciudad mejor y pujante son criticados por vulgares personajes de la oscura urbe.