De gringos, cabecitas y discriminadores

En el Segundo Festival Internacional de Cine Migrante, el ministro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni hizo una historia crítica no exenta de ironía sobre migraciones, migrantes y racistas en Argentina. La mesa se abrió en el Centro de la Cooperación.




En el marco de un festival de cine dedicado a reivindicar los derechos humanos de las personas migrantes, el ministro de la Corte Suprema de Justicia Raúl Zaffaroni hizo una reseña histórica crítica –no exenta de ironía– sobre la discriminación sufrida en la Argentina por los que llegaron no sólo del exterior, sino también del interior del país. “La utopía latinoamericana de los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín fue desbaratada por cuatro racistas que se la tomaron en broma, pero creo que ahora estamos en condiciones de comenzar a realizarla y hacerla realidad”, afirmó Zaffaroni. Antes había hablado el secretario ejecutivo del Instituto de DD.HH. del Mercosur, Víctor Abramovich, quien expresó su preocupación por la situación, en el continente, de “los niños migrantes, sobre todo los que migran solos (hacia los países centrales), a veces por cuestiones económicas o para reintegrarse a sus familias, y que sufren abusos extremos, a veces por parte de grupos del crimen organizado y a veces también por la violencia estatal, como privaciones de la libertad o malos tratos en los puestos fronterizos”.
Los dos oradores cuestionaron la Ley de Migraciones de la dictadura, conocida como Ley Videla, reemplazada por una nueva norma aprobada por el Congreso nacional. Abramovich señaló que, más allá de las normas legales, los Estados a veces prefieren mantener a los inmigrantes como “ilegales” porque “como los mantienen en una situación de ficción o en ‘limbos legales’, como si no hubieran ingresado a su territorio, los Estados creen que no tienen que cumplir con las normas básicas en materia de derechos humanos”. En lo que atañe a la represión de grupos migrantes, recordó la tragedia de Tamaulipas, México, donde fueron asesinadas 72 personas.
Sobre la Ley Videla, Zaffaroni resaltó que durante el gobierno de facto encabezado por el dictador Jorge Rafael Videla “los migrantes no eran legalizados por invocadas razones de ‘seguridad’, pero había entre un millón o dos millones de personas en esa situación, sin saber quiénes eran ni dónde estaban. La verdadera inseguridad la generó la Ley Videla”.
Sostuvo que el problema central es “cultural” y en ese sentido recordó a la primera tanda de inmigrantes, que fue la de los que vinieron a la conquista de América por la fuerza, masacrando a las culturas originarias y creando “cristianos a garrotazos”. Con el correr de los años, en lugar de reclamar primero por los derechos humanos básicos, en América latina hubo que reclamar ante los países centrales “por el desarrollo y después por los derechos sociales, a partir primero del yrigoyenismo y después del peronismo, dos formas populistas de gobierno que, sin embargo, pudieron imponer una serie importante de normas que pusieron freno a los falsos liberales que habían desbaratado las utopías de los libertadores”.
Al realizar un escueto recorrido histórico de la discriminación en la Argentina, recordó que primero “se idealizó todo lo que venía de afuera, por decisión de una elite que actuó contra los originarios, contra el mestizo y el gaucho, pero cuando llegaron los inmigrantes de verdad, los que venían de Europa escapando del hambre y la guerra, los calificaron de gringos degenerados”. En otros momentos de la historia, con las migraciones internas, “los que empezaron a ser discriminados fueron los ‘cabecitas negras’” que llegaban del interior del país.
Un país, dijo Zaffaroni, que en manos de los “falsos liberales” se debatió primero “en las guerras fratricidas que terminaron instalando repúblicas oligárquicas” donde fue posible que ocurrieran hechos como “la guerra de la Triple Alianza, el ‘fraude patriótico’, los fusilamientos sin juicio previo, el bombardeo de la Plaza de Mayo, la derogación de la Constitución nacional por bandos militares y la desaparición de 30 mil personas”. Mientras, los libertadores que alimentaron utopías, como Bolívar o San Martín, “terminaron, uno muriendo pobre por la tuberculosis y el otro refugiándose en Francia porque, si se hubiera quedado en la Argentina, seguramente lo hubieran matado”.
Sobre el final de la charla, Za-ffaroni dijo que, a pesar de todo, su visión actual es optimista porque con la nueva Ley de Migraciones y otros instrumentos legales afines “se puede institucionalizar este avance de los derechos de la ciudadanía real. Es necesario institucionalizar este camino porque de esa forma estaremos realizando las utopías de los libertadores que fueron derrumbadas por cuatro racistas”. La charla se hizo en el Centro de la Cooperación, en el marco del Segundo Festival Internacional de Cine Migrante. En la mesa estuvieron, como moderador y presentadora, Gastón Chillier, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), y Florencia Mazzadi, directora del festival.
Carlos Rodríguez para Página 12
Foto de Sandra Cartasso
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