La hipocresía


Hipócrates fue quien organizó el teatro griego y debido a los actores que representaban sentimientos, ideas y exageraban situaciones viene el término. Con el correr del tiempo la palabra obtuvo una connotación negativa.

Existen máscaras para representar cada papel: el adinerado, el moral, el buen padre, etcétera. Existen tantas como personas.
Básicamente tenemos que hablar de dos tipos de hipócratas:
el que simula: necesita mostrar algo que no tiene y demostrar e impactar a la otra persona para que lo admire. Y el que disimula: tapa algo que no quiere que la otra persona vea.
Dentro del hipócrita conviven dos Yo: el Yo verdadero (cuando nadie los ve) y el Yo social (el que se construye para tapar al Yo verdadero). Cuando se muestra una imagen distinta a su Yo verdadero, se necesita energía para mantener una imagen falsa distinta de la real.
Cuando hablamos de la hipocresía hablamos del miedo al rechazo; la persona tiene miedo de que vean quién realmente es. 
Hay un protocolo social y un convencionalismo de cortesía que se aceptan, pero cuando hay una intención deliberada de engaño hablamos de hipocresía.
Un psicólogo definió la disonancia cognitiva como dos ideas contradictorias que entran en conflicto, cuando hay una contradicción entre lo que pienso y lo que hago, y esa contradicción trae angustia, entonces la persona recurre a racionalizar esa contradicción interna.
Las personas hipócritas tienen mucho miedo al rechazo y se juntan con personas semejantes a ellos, y simulan el juego de la aceptación.
Tenemos que perderle el miedo al rechazo y amigarnos con los errores, de esta manera vamos a dejar de taparlos.
Por eso tenemos que mostrarnos como somos, “todos venimos fallados de fábrica”, y sin 
idealizar a nadie. Cuando una persona quiere llamar la atención es porque, probablemente, hay algo en ella que no está funcionando bien.
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