Un día como el de hoy, 79 años atrás, fallecía Hipólito Yrigoyen, el primer presidente popular de la Argentina

Yrigoyen, hombre de la causa radical desde sus días fundacionales, ha hecho un aporte sustancial en la construcción de la Unión Cívica Radical como un partido político, el primer partido moderno de la Argentina , con reglas e instituciones que aún perduran.


Yrigoyen condujo al pueblo radical por el desierto de la abstención electoral para dar testimonio que nuestra causa no legitimaría un régimen donde el voto estaba limitado a unos pocos poderosos y a los que ellos podían controlar.

Fue así que el radicalismo recién participó de elecciones una vez sancionada la Ley Sáenz Peña de sufragio universal, libre y secreto. Y convocado el pueblo a las urnas, eligió mayoritariamente a Don Hipólito -abogado, profesor de historia, instrucción cívica y filosofía y antiguo Comisario de Balvanera, designado por su tío Leandro Alem- como Presidente de la Nación.

El gobierno de Yrigoyen (en su primera y segunda presidencia, intermediadas y complementadas por la presidencia de Marcelo T. de Alvear) supo, aun con el Senado en manos de los conservadores, transformar la Argentina para darle lugar en ella a los que nunca habían tenido una oportunidad en la vida: sectores medios y bajos, inmigrantes, estudiantes, trabajadores.

Su formación krausista lo llevó a poner a la dignidad del hombre como objetivo principal de sus políticas y al Estado al servicio de la causa popular, ya no de las pequeñas minorías que se servían de el para acrecentar sus privilegios.

Durante sus gobiernos se impulsó la política petrolera, creando la Dirección de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) designando a su mando al Gral. Enrique Mosconi; se mantuvo una política soberana en materia de relaciones exteriores, encarnando el principio de la autodeterminación, como decía Yrigoyen: “los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos” defendiendo la igualdad entre las naciones y el diálogo como mecanismo de resolución de los conflictos entre ellas (algo que no era usual sostener en el contexto de la Primer Guerra Mundial); gobernando para las clases populares y los olvidados de la historia, que eran las grandes mayorías, otorgándole los derechos políticos sociales y educacionales que les corresponden a todos los ciudadanos, protegiendo a los más necesitados, reduciendo las tarifas de los FFCC y expandiendo sus líneas, implementando las jubilaciones, y estableciendo el arbitraje de los temas sindicales por ley; apoyando la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918 por una educación sin dogmas y abierta a todas las clases sociales.
 
Yrigoyen fue el presidente de la “Reparación” nacional. Austero, decente, humanista; encarnó el nuevo tiempo de la Argentina. Con su derrocamiento en 1930, nuestro país entró al lúgubre túnel del autoritarismo que significó, en todos los casos, atraso y dolor.
 
Yrigoyen inauguró la democracia que luego recuperaría otro radical. Es indudable, visto desde este lugar, que fue Don Hipólito quien trazó la senda por la que aún caminamos.