Un día como hoy fallecía el Gordo Cooke

John William Cooke nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919; su padre, Juan Isaac Cooke, fue diputado por la Unión Cívica Radical y canciller durante el gobierno de Edelmiro Farrell. Cooke militaría en la Unión Universitaria Intransigente, mientras cursaba Derecho en la Universidad de La Plata. Egresó como abogado en 1943 y fue electo diputado por el peronismo, a los 25 años, para el período 1946-1952. En el Congreso fue presidente de las comisiones de Asuntos Constitucionales, de la Redacción del Código Aeronáutico y de la Protección de los Derechos Intelectuales. Fue profesor titular de economía política en la facultad de derecho y ciencias sociales de la Universidad de Buenos Aires entre 1946 y 1955. Integró la resistencia peronista, fue delegado de Perón y sufrió cárcel y exilio. Es uno de los máximos referentes intelectuales de la izquierda peronista. Murió de cáncer el 19 de septiembre de 1968, dejando un importante legado en el seno del Movimiento Peronista.

fragmentos de... 
Nunca vi un hombre mas vivo que este, Jose Pablo Feimann. 

(prólogo al libro Jonh William Cooke: Peronismo Revolucionario, Fragmento de La astucia de la razón)


"(...)Y así entré en la casa de los mecánicos. Así entré en la casa de la calle 27 de Abril. Allí, en esa casa, estaba René Rufino Salamanca. Y con él, qué duda podía caber, estaba John William Cooke. Allí, entonces, estaba la Historia. Entré. 

Los compañeros habían traído vino de damajuana y empanadas. Cooke comía y hablaba a la vez. Y las dos cosas, abundantemente. Pasaba con él eso que pasa con los gordos: se los ve más gordos cuando comen. Pero la gordura de Cooke no era la de cualquier gordo. Era la de Cooke. Quiero decir: simbolizaba todo cuanto había en él de exuberante, de desmesurado. Lo engordaban sus ideas, sus convicciones incontenibles, sus pasiones. Ahora, un hilo de aceite denso, amarillento, se deslizaba desde sus labios hasta perderse entre su barba. Entonces, recuerdo, pensé: nunca he visto a un hombre más vivo que éste.

Y no era casual: Cooke tenía una vasta historia a sus espaldas. Había sido diputado bajo el gobierno de Perón, había sido interventor del Partido Justicialista en el tórrido mes de junio de 1955, cuando el gobierno peronista era desplazado por la reacción oligárquica, había sido representante de Perón durante los primeros años del exilio del general, había tramado el pacto Perón-Frondizi, había estado en Cuba, con Fidel, había sido amigo del Che, y ahora estaba aquí, en la calle 27 de Abril, en la casa de los mecánicos, y hablaba con René Rufino Salamanca, y comía empanadas, y se bebía ese vino oscuro de damajuana, y exudaba vida.

(...)Y entonces Salamanca, como si anunciara la más meditada de sus frases, el más hondo de sus cuestionamientos, "Mirá, Gordo", dijo Salamanca, "el problema es éste: los obreros son peronistas, pero el peronismo no es obrero". Luego de los cual, es decir, una vez oída esta frase, Cooke se llevó a los labios el abundoso vaso de vino que Salamanca le había servido y se lo bebió hasta más allá de la mitad. El silencio, según suele decirse, podía cortarse de un tajo, Cooke apoyó con fuerza el vaso de vino sobre la amplia mesa y le echó una mirada rápida al flaco Marimón, como si dijera: "¿Durante cuanto tiempo te pensaste esa frase, pibe?". Y por fin dijo, mirándolo a Salamanca dijo: "Si el peronismo fuera obrero como los obreros son peronistas, la revolución la haríamos mañana mismo". 

(...)Cooke se tomó un buen trago, apoyó otra vez el vaso sobre la amplia mesa, miró fijamente a Salamanca y dijo: "No sé si he sido claro, compañero". Salamanca se adueñó de la damajuana y se sirvió vino. No bebió, pero lanzó una risa inesperada y sonora. Súbitamente aliviados, todo reímos con él. ¿No era acaso maravilloso oírle a Cooke "Me cago en Perón"? ¿Hasta dónde llegaría la osadía teórica de ese hombre excepcional? Porque nadie dejó de entenderlo: "Me cago en Perón" no era un insulto. Era una afirmación teórica.(...)"
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