Testimonios de los inmigrantes cañadenses, primera parte

Mientras sigo escribiendo los testimonios de muchos cañadenses para el libro que se presentará en octubre próximo, comparto con ustedes el finalizado allá por el 2011 con la vida de muchos cañadenses que vinieron a nuestra ciudad a hacerse la América. Hoy será solamente la introducción...
A modo de introducción

Nuestra ciudad cuenta hoy con un importante número de inmigrantes cañadenses, los que comúnmente llamamos gringos, gallegos, tanos, vascos, portu´s, paisanos… Personas que apostaron a una nueva vida en un lugar desconocido y por crecer.

Muchos vinieron escapando a la barbarie de una guerra absurda, otros de las consecuencias que trajo esa etapa bélica del mundo, otros por amor, otros engañados por la famosa frases vamos hacernos la América, algunos de aventureros, trotamundos y muy pocos, diría casi nadie por voluntad propia.

La crisis dejada por la Primera y Segunda Guerra Mundial no fue solamente económica, también ha perjudico el estado emocional de muchas personas que atemorizadas por otra matanza atroz decidieron escaparse al Nuevo Continente. Y de esta manera podemos decir, que esta fue la última oleada de inmigrantes que llegaron a nuestra patria para conseguir un bienestar mejor.

En cada una de las entrevistas pude escuchar el ruido de las bombas, el llanto de los sobrevivientes, sentir el olor a pólvora y correr juntos para salvar nuestra mayor riqueza, la Vida.

También viajamos juntos en ese barco, durmiendo en esos lugares de cabotaje que le brindaban a los que huían de la pobreza y la humillación. Recorrimos juntos el Puerto de Buenos Aires, con algunos nos vinimos a Rosario y con otros nos embarramos al caminar por aquellas primitivas calles de la Cañada de Gómez.

Las lágrimas de muchos de ustedes quedaron plasmadas en este informe sobre las experiencias mas relevantes de algunos de los que orgullosamente podemos llamar inmigrantes cañadenses, porque aunque no nacieron en esta tierra, trabajaron, invirtieron, caminaron, formaron su familia, en esta la que seguramente es su segunda Patria porque la primera es aquella que vive en lo más profundo del corazón de cada uno de los que hicieron posible, gracias a su esfuerzo y valor, vivir en una sociedad digna y solidaria.

La Municipalidad de Cañada de Gómez agradece a todos los que colaboraron con sus testimonios, con sus imágenes y sus ganas de seguir vivos en la pequeña pero rica historia local. 


Hagamos un poco de historia…


En 1949, durante el gobierno del Gral. Juan Domingo Perón, mediante el Decreto Nº 21.430, se establece el 4 de septiembre como “Día del Inmigrante” en recuerdo de la disposición dictada por el Triunvirato en 1812, que ofreciera “su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio”.

Entre los considerándos, el Decreto de 1949 expresa: “Que ese primer documento fue, en verdad, el punto de partida de una ininterrumpida serie de actos de gobierno; que a través de leyes, decretos y reglamentaciones estimuló, protegió y encauzó la inmigración”.

Más adelante destaca “…la conveniencia de que se rinda un permanente y público homenaje al inmigrante de todas las épocas, que sumó sus esperanzas a la de los argentinos, que regó la tierra con su sudor honrado, que ennobleció las artes, mejoró las industrias....”

Nuestro país tuvo distintas etapas inmigratorias, la primera de ellas en los siglos XVI y XVII donde vinieron mayoritariamente masculinos que al mezclarse con los nativos se produjo los primeros mestizajes. Esto sucedió esencialmente en las grandes urbes ya que las regiones interiores todavía eran propiedad de los pueblos originarios como los mapuches, ranqueles y wichis entre otros. Otra etapa, fue la entrada de esclavos de piel negra que llegados desde África fueron introducidos al país entre los siglos XIX y XX.

Cuando Alberdi propuso gobernar es poblar, nuestra Constitución deja claramente expresado en su preámbulo original la presencia y las garantías para

“promover el bienestar jeneral, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino: invocando la proteccion de Dios, fuente de toda razon y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitucion  para la Confederacion Argentina.”[1]

No sólo Alberdi defendía este proyecto, junto a él la Generación del 37 que la componían entre otros Domingo F. Sarmiento y Esteban Echeverría quienes pretendían una inmigración de blancos anglosajones provenientes de Inglaterra, Suiza, Alemania e Irlanda.

“Poblar es civilizar cuando se puebla con gente civilizada, es decir, con pobladores de la Europa civilizada. Por eso he dicho en la Constitución que el gobierno debe fomentar la inmigración europea. Pero poblar no es civilizar, sino embrutecer, cuando se puebla con chinos y con indios de Asia y con negros de África. Poblar es apestar, corromper, degenerar, envenenar un país, cuando en vez de poblarlo con la flor de la población trabajadora de Europa, se le puebla con la basura de la Europa atrasada o menos culta. Porque hay Europa y Europa, conviene no olvidarlo; y se puede estar dentro del texto liberal de la Constitución, que ordena fomentar la inmigración europea, sin dejar por eso de arruinar un país de Sud América con sólo poblarlo de inmigrados europeos.”[2]

Lamentablemente para Alberdi, esa inmigración que él pretendía decidió irse hacia Estados Unidos, Canadá y el resto de las colonias británicas. Esa actitud racista no tuvo más remedio que aceptar la llegada de italianos, españoles y en menor medida de la Europa oriental. Pero este proyecto modificaría en menos de medio siglo la composición social del país de manera radical. En 1869 el país contaba con 1.877.490 habitantes, de los cuales 160.000 habían llegado de Europa en la década inmediatamente precedente; la relación crecería exponencialmente, sumando hasta 1930 un total 6.330.000 emigrantes, de los cuales 3.385.000 se establecerían permanentemente en el país, los restantes eran los llamados trabajadores golondrina, que cruzaban el océano dos veces al año para trabajar en la cosecha.

Cañada de Gómez no es ajena a la realidad inmigratoria del país, cuando el presidente Mitre encarga a Guillermo Whellwright la construcción del ferrocarril, el mismo que pasa por estas tierras dando nacimiento a la Colonia y que contaba con algunos rancheríos a la redonda en lo que era por aquel entonces el Desmochado Abajo, siendo un punto estratégico para la llegada de inmigrantes.

Allá por 1865 se estableció en nuestras tierras la primera familia extranjera llegada de Alemania, encabezada por Rodolfo Heiland. Ellos se instalaron en el campo La Esperanza hasta que en 1869 se trasladan a uno más cercano al entonces del pueblo cuyo propietario era Pablo Krell, que por aquel entonces se llamaba Colonia Vieja y hoy es a lo que todos conocemos como Estancia Del Sel.

Un testimonio fundamental en el desarrollo de la historia de los inmigrantes locales, es la que escribió Margarita Hansen de Schnack, Quién realiza un viaje tiene algo para narrar. En él describe sus últimos días en Alemania, su viaje, como fue llegar a la Estación Cañada de Gómez donde arribaron el 1º de agosto de 1867 con su cuñado Pedro Reün –primer jefe ferroviario–, su hermana Enriqueta y sus sobrinos Magdalena y Jorge.

Guillermo Wilken escribió el Informe sobre el estado actual de las colonias agrícolas de la República Argentina en 1872, donde dice que en la zona correspondiente a Cañada de Gómez “la cantidad de terrenos arrendados o vendidos es de 3275 cuadras, ocupadas por 30 familias argentinas, 5 alemanas, 11 inglesas y 21 industriales de varias nacionalidades en el pueblo…” Finalizando el siglo, en la provincia de Santa Fe más del 40% eran inmigrantes.

De esta manera se inicia en la ciudad una etapa de progresismo continuó hasta mediados del siglo XX, donde muchos inmigrantes fueron los iniciadores de los mayores emprendimientos locales como Eugenio Vázquez, Antenor Beltrame, Abel Romegialli, Agustín Lovazzano, los hermanos Natalio y Martín Zanetta, Pedro Laguna, Antonio Muñoz, Juan Palmano, Isidro García Hernández, Enrique Pacchiotti, entre muchos otros

Hoy los hijos, nietos y bisnietos de aquellos que soñaron con hacerse la América debemos fortalecer ese camino iniciado por ellos aportando lo mejor de nosotros sin olvidarnos de palabras claves como solidaridad, sacrificio, amor, compañerismo, amistad que dieron el empuje inicial para poder disfrutar lo que hoy tenemos.


[1] Texto original del primer Preámbulo de la Constitución Nacional Argentina, 1853
[2] Alberdi, Juan Bautista (1879), "Gobernar es poblar", página explicativa incluida en Bases y puntos de partida para la reorganización nacional, Buenos Aires: La Cultura Argentina, 1915, pág. 18.
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