EN EL DÍA DEL MÉDICO, UN RECUERDO A UNO DE LOS GRANDES. GONZALO BERESIARTU, EL MÉDICO DEL PUEBLO


El pasado 3 de diciembre se conmemoró el día del médico, hoy en esta columna queremos recordar a uno de los recordados médicos del entonces pueblo de Cañada de Gómez. Gonzalo Beresiartu nacido en la localidad entrerriana de Gualeguay un 29 de mayo de 1879, donde recién recibido de médico decidió trabajar como tal en los pueblos del interior del país, entre sus primeros lugares podemos citar a Coronda y El Trébol, instalándose finalmente en forma accidental en nuestra ciudad una vez que viajaba en tren desde ésta última localidad hacia otro destino.


En nuestro Museo Histórico Municipal “Elías Bertola”, existe un pequeño libro creado por la Comisión Popular de Homenaje al Dr. Gonzalo Ignacio Beresiartu, con motivo de inaugurarse la plaza que lleva su nombre un par de años después de su fallecimiento. Por eso quiero transcribir lo expresado en ese texto, que ha sido muchas copiado en otras oportunidades pero como es nuestro propósito compartir los innumerables archivos de la historia cañadense que tenemos, quiero brindar no solamente una distinción a Beresiartu sino a aquella Comisión que publicó tan noble documento que hoy nos sirve para recordar a este brillante vecino de aquellos años. Aquel grupo lo presidía otro gran médico de la ciudad, el Dr. Juan Carlos de Altube acompañado de Adolfo Filisetti, Manuel Andrada, Dr. Dante Perazzi, Alfonsa de Bianchi, Ricardo C. Romegialli y Eduardo Mellado.  Entre lo expresado en ese trabajo podemos destacar que expresa que Beresiartu “tenía un concepto de la vida y de los hombres, un sentido apostólico y misional del médico en íntima correspondencia con su ser moral y quiso cumplir su destino de hombre probo y médico humanitario”.
Manuel Andrada entre otras elogiosas expresiones expresó que “copiada en bronce ha quedado la mansedumbre de tu mirada, la sonrisa paternal de tus labios, la belleza de tus rasgos varoniles. Y el lugar es, sin dudas, el que prefieres, a pleno sol y viento”. El profesor Jacinto S. Quian lo recordó de esta manera, “Gonzalo Ignacio Beresiartu fue de esa estirpe, casi diría que amaba las llagas del dolor porque en ellas ponía la esencia de su vida y de su saber para mitigarlas. Era como un franciscano, hecho con argamasa de modestia, consciente de su sacerdocio, al que le dio toda esa fe vocacional que lo impulsó muchas veces por caminos aún difíciles y vedados…”. La señora Carolina Bondoni de Leoni también describió a Beresiartu de esta manera, “sintió a la hora muy temprana de su vida de médico el dolor y la miseria que lo rodeaba; sufrió por los desdichados y los enfermos que no solamente tenían hambre y carecían de techo como un mínimo de confortabilidad que exige la condición humana, sino que los encontraba postrados y enfermos sin asistencia ni medicinas y el Hospital era una posibilidad y una esperanza para esa clase humilde y sufrida. (…) Y así derramó por esta casa, como un óleo milagroso de su inmensa bondad, todo cuanto pudo su gran corazón hecho para los impulsos y las acciones nobles, incólume en su puesto del deber y en la proa de un destino que lo hizo ruta obligada, como pareciera que bogaran las estrellas en el espacio sideral del infinito tiempo”. Por su parte el entonces Director del Hospital “San José”, Dr. Arnoldo R. Migoni recordó a su colega como un hombre que tenía una luz divina, luz de los elegido, “los que como él, hacen de cada día de su vida una obra de bien, no mueren del todo nunca. Los que, como él, nos enseñan sin ánimo de santo o profeta, el verdadero sentido de la vida y que en su profesión vocacional son un paradigma para sus iguales los médicos, no pasan en vano. Para los que lo conocieran, para los que tuvimos el gran bien de valorarte, tú, doctor Beresiartu, nos alumbrarás el camino con tu recuerdo.”
Quién presidió la Comisión, el recordado Dr. De Altube en las palabras alusivas expresó que fue un “hombre de virtud y de ciencia, fue proverbial su vida austera y sus hábitos silenciosos y recogidos que le sustrajeron voluntariamente de los atrayentes sensualismos de la fortuna y los ruidos halagadores del mundo. Sobrias fueron sus costumbres, mesuradas sus maneras, tolerante el juicio, afable y cordial en el trato; inimitablemente desinteresado, respetuoso y entrañablemente respetado, consultor y consejero, fue repitiendo una fresa, verdadera síntesis de ese tipo de médico de la campaña argentina que tanto influyó en su progreso”. El entonces Intendente Ricardo Cónsul Romegialli manifestó que “la Municipalidad no podía permanecer ajena a este tan justiciero homenaje y cumple en este acto con su adhesión y reconocimiento a los valores de este gran vecino que simple y humildemente, cómo solo lo hacen los hombres de bien, todo lo dio sin pedir nada”. Finalmente Juan Dalledonne presidente del Club Social describió que en Beresiartu “la mente se embelesa con el recuerdo de la obra moral que dimana de sus actos, de su espíritu libérrimo alentado por principios rectores de su vida entera. Lo tenemos aquí presente, en el ámbito todo de esta Institución donde pasó sus mejores años en constante acción formativa y en abierta comunión de espíritu con sus amigos, que no descubrieron fisuras en su alma bondadosa”.

Creo que seguir describiendo la personalidad de Bersiartu está de más, es que aquellos cañadenses que por entonces dirigían los destinos de muchas instituciones locales, hoy héroes de sus legados, han expresado muy claramente la forma de ser de este hombre que vivió en nuestra ciudad. Recordemos que Gonzalo Beresiartu fue durante mucho tiempo presidente del Club Social, fue diputado provincial de Santa Fe representando a la Unión Cívica Radical y en 1916 participó del Colegio Electoral que proclamó a Hipólito Yrigoyen como Presidente de la Nación.  Para finalizar quiero transcribir las palabras que María Dolores Orodirizzi expresó aquel 9 de noviembre de 1956 cuando se inauguró la plaza Gonzalo Beresiartu, donde pronunció entre otras emotivas letras que el Dr. Beresiartu “hizo mucho bien, que sólo Dios y Él lo saben…
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