Historia Sanitaria de la Ciudad de Cañada de Gómez escrita por el Dr. Gerónimo Carlos Etchart. Parte 7



MORTALIDAD INFANTIL

Este capítulo de la Demografía dinámica nos ha interesado particularmente y lo hemos estudiado con especial dedicación ya que como es sabido, los éxitos más espectaculares a lograrse en un plan bien trazado de Medicina Preventiva son aquellos que pueden detenerse sobre la Mortalidad Infantil.


La facilidad con que puede manejarse ese material humano, los grandes recursos de que disponemos en la actualidad tanto en inmunizaciones, como en normas higiénicas y dietéticas, medios terapéuticos o acción en el campo social, permiten considerar a esta como una lucha tipo, actuando con la técnica de las grandes agrupaciones o masas humanas. Bien distinta y de mayor complejidad es, por cierto, toda iniciativa que se dirija a adultos y, muy especialmente en el campo de la Gerontología.

Creemos que todo medio, aun no dotado de una suficiente cultura sanitaria, puede ser un factor eficacísimo en un plan de mejoramiento de los índices de morbilidad y mortalidad infantil.

La ciudad de Cañada de Gómez, ha seguido el ritmo universal en la evolución de la Mortalidad Infantil, y su franco descenso ha tomado, en los últimos años un carácter extraordinario.

El método que hemos seguido en la confección de tasas, es la habitual en esta clase de estudios o sea “número de muertos en el primer año de vida, por cada mil nacidos vivos, en el mismo lapso”.

El año en que comenzamos nuestra investigación, 1901, observamos que fallecieron 66 niños en el primer año de vida y habiendo nacido en el mismo año, 339, se establece un índice de Mortalidad Infantil del 195 por mil. En 1950, año que epiloga nuestro estudio nacen 375 y mueren solo 9, lo que hace descender el referido índice al 24 por mil.

La línea del descenso es armónica y no ofrece muy pronunciados altibajos, especialmente si la consideramos por quinquenios, como puede verse en el gráfico correspondiente.

Hay una excepción muy llamativa, que ocurre en el año 1922, ya que, la Mortalidad Infantil que en 1921 arrojaba una tasa del 112 por mil, desciende en ese año al 40, para volver a subir en el siguiente a 63. Nos interesó estudiar detenidamente lo ocurrido en el citado año y, examinando las causas de defunciones en el primer año de vida observamos que no hay ninguna por afecciones del aparato respiratorio noi por enfermedades infecto-contagiosas; 13 niños murieron por las habituales dolencias del aparato digestivo, 2 por meningitis, el total de los fallecidos fue de 22. No pudimos establecer ningún hecho que podría haber influenciado en este resultado, por lo que nos inclinamos más bien a creer que se ha de tratar de una de las tantas curiosidades demográficas.

Si agrupamos las cifras en periodos de cinco años, para simplificar la exposición, obtenemos las siguientes:


1901-1905: 178,4 por mil
1906-1910: 172,8 por mil
1911-1915: 146,4 por mil
1916-1920: 142, por mil
1921-1925: 78,0 por mil
1926-1930: 102,0 por mil
1931-1935: 75,4 por mil
1936-1940: 64,0 por mil
1941-1945: 69,0 por mil
1946-1950: 48,8 por mil



Estas cifras, tan satisfactorias, son comparables con las de la ciudad de Rosario, cuyas tasas para los últimos quinquenios de que poseemos información, son s siguientes: 1936-1940, tasa del 85,8 por mil y en 1941-1945 del 65,8. Lamentamos no poder haber obtenido las del último quinquenio, ya que las de nuestra ciudad nos parecen excepcionalmente buenas.

Para considerar las causas de la Mortalidad Infantil y poder interpretar su extraordinario descenso,  seguido a Felipe de Elozalde en su clasificación, agrupándolas en causas de orden médico y de orden social aunque, como es evidente, ambos grupos se han de entrelazar frecuentemente.

Desde el punto de vista estrictamente médico el descenso está condicionado por la disminución de las muertes por afecciones del aparato digestivo. Citando cifras globales veremos que el quinquenio 1901-1905 arroja un saldo de 114 niños muertos por tal grupo de causas: en 1906 a 1910 el número de muertes, por las mismas causas de  174; de 170 en el siguiente; de 187 en el comprendido entre 1916 y 1920. En el quinquenio 1945-1950 solo fallecen 33 niños por afecciones del aparato digestivo y, específicamente 33 niños por afecciones del aparato digestivo, y específicamente en 1950 el número se reduce a 3, todos fallecidos por Toxicosis.

Las afecciones del aparato respiratorio, incluida Tuberculosis, han tenido siempre una significación meno en nuestro medio, como puede apreciarse en el respectivo cuadro. Otro tanto cabe destacar de la Debilidad congénita y Prematurez que, revistiendo tan alta importancia numérica en otros países, en Estado Unidos es la primera causa de la Mortalidad Infantil, tiene en la ciudad de Cañada de Gómez poca significación en las cifras.

El muy pronunciado descenso de los últimos años está fuertemente condicionado por la aparición y la generalización del uso de las drogas sulfa y los antibióticos.

Desde el punto de vista Higiénico social, cabe consignar desde ya que no hay en la actualidad, ni ha habido nunca en nuestro medio, institución u organismo alguno especializado en la Protección Materno Infantil. Un solo consultorio de lactantes en el Hospital local, y la actuación de una Asistente social, que cumple con muchas otras funciones, no pueden haber sido elementos que hayan influido mayormente en los resultados obtenidos.

Confirma esta opinión, otro capítulo de este trabajo, titulado “Un problema social”, cuyo estudio fue efectuado a nuestro requerimiento por la citada Asistente social y que se refiere a este mismo tema.

Existen otros factores que revisten mayor importancia. En primer lugar cabe destacar la instalación de Servicios cloacales y de aguas corrientes, hechos ambos que ocurren en enero de 1931, a cargo de Obras Sanitarias de la Nación. La tasa de mortalidad Infantil que fue de 102,0 para el quinquenio 1926-1930, anterior al funcionamiento de dichas instalaciones, desciende el siguiente a 75,4 y este descenso es, desde entonces, siempre progresivo.

Es de elemental justicia destacar la acción de los médicos asistenciales que, es necesario no olvidarlo, ejercen en los ambientes rurales o semi rurales, con espíritu de sanitarios en su permanente función de educación de las madres, tarea silenciosa y poco llamativa pero que, sin duda, influye sobre la mortalidad infantil al desterrar vetustas y peligrosas normas higiénicas y dietéticas.

El problema del curanderismo, con su legión de especialistas en “empachos” y otras firmas de embaucadores, no tiene trascendencia en nuestro medio ya que, no conocemos la actuación de ninguno de estos peligrosos traficantes.


Es, para nosotros, fundamental no subestimar la importancia que ha tenido el mejoramiento del “estándar” de vida con las conquistas logradas en los últimos años por las clases menos pudientes, tanto en lo económico como en lo social y lo asistencial, con el consiguiente mejoramiento de la alimentación, el vestido como factores conducentes para el logro de los resultados que comentamos.

Sirven para avalar esta afirmación las cifras que arrojan los años transcurridos entre 1946 y 1950, que son los de la nueva política social y económica de la Argentina, en que los índices de mortalidad infantil han acelerado su ritmo decreciente: 69,0 en el quinquenio 1941-1945 y 48,8 en el de 1946-1950. La del año 1950 es, específicamente, del 24 por mil.

No estamos en condiciones de poder confirmar estadísticamente la premisa que sentamos, pero nos parece que el hecho es muy llamativo y digno de ser considerado.

Incluimos algunos cuadros estadísticos que presentan en forma completa la evolución del problema de la Mortalidad infantil: cifras globales, tasas de mortalidad, causas de muerte, relación porcentual entre Natalidad y Mortalidad Infantil y Tasas de sobrevivientes de un año, por mil habitantes. En estos dos últimos hemos seguidos las directivas del Dr. Alejandro E. Bunge  dadas en su libro “Una nueva Argentina”, para intentar el estudio de la probable vinculación existente entre la disminución de la Natalidad y la de la Mortalidad Infantil.





Para que esta reseña fuera integral hubiera sido necesario un estudio discriminatorio de la mortalidad neo natal, pero no ofreció, en nuestro medio, características que nos indujeran a intentarlo.

MORTINATALIDAD




Al intentar el estudio de la Mortinatalidad en la ciudad de Cañada de Gómez, se nos presentaron algunas dificultades que, entendemos han de ser habituales en investigaciones de este tipo.
En primer lugar conviene establecer que es lo que se entiende, en nuestro país, por mortinato.

Parece muy adecuada, aunque incompleta, la definición de la Liga de las Naciones, propuesta en Ginebra, el 19 de abril de 1925, que expresa: “El nacido muerto es el nacido en el cual la respiración pulmonar no se ha establecido; su muerte se puede haber producido antes, durante o después del alumbramiento pero, siempre antes de que ha ya respirado. Decimos que es incompleta porque no se refiere a la época del embarazo o tamaño del embrión.

El Código Civil Argentino establece que, “Cualquier signo de vida, indica que el niño ha nacido vivo”.

El profesor Germinal Rodríguez, en su libro “Demophylaxia”, (tomo I, pág. 537), define al mortinato como “nacido muerto es todo feto viable que muere dentro de los tres primeros días consecutivos al parto”.

Nosotros aceptamos y esta es la norma que hemos de seguir, la definición del Código Civil Argentino, agregando que debe tratarse de un feto viable, pudiendo esta última circunstancia derivar del tiempo del embarazo, información no siempre fácil de obtener, o de la longitud del feto que no deberá ser menor de treinta y cinco centímetros.

Casi planteadas las cosas se nos presentaron dos problemas que, a nuestro juicio, invalidad cualquier conclusión que quisieron sacar, en nuestro medio.

En primer lugar, y muy especialmente en épocas ya lejanas, que comprenden los primeros veinte años de nuestro estudio, los certificados de defunción extendidos por los médicos al referirse a los mortinatos adolecen de defectos que se traducen en insalvables dificultades de interpretación ya que, por los general, en ellos solo se ha asentado el término “Feto de sexo tal…” sin ninguna otra información aclaratoria sobre la viabilidad del mismo, por ejemplo.

En los últimos años, esta dificultad ha sido superada y los médicos extienden ahora en forma correcta sus certificados. Tenemos la pretensión de que algo haya influido en ello, la enseñanza que sobre prácticas demográficas y especialmente sobre la documentación que debe manejar el médico, se imparte desde hace años en la Cátedra de Higiene y Medicina Social de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario.

Resulta singularmente llamativo, en segundo término, y cuesta mucho creer que se ajuste a la realidad, que en muy prolongados lapsos aparezca en blanco la mortinatalidad, especialmente en años relativamente cercanos. Por ejemplo, y como puede apreciarse consultando el cuadro respectivo, no aparecen nacidos muertos entre los años 1929 a 1931 y desde 1941 a 1945 solo se registra uno en 1942. Tal vez estos hechos tengan alguna interpretación lógica, pero confesamos que nosotros no alcanzamos a percibirla.

Hechas las salvedades correspondientes, intentaremos con las cifras que hemos obtenido un parangón entre la mortinatalidad de la ciudad de Rosario y la nuestra. Tomamos las cifras de Rosario de las “Versiones de Clases de Higiene y Medicina Social del Profesor Francisco Albornoz” ya que tales datos no figuran en el último Anuario Estadístico de la ciudad de Rosario (1945) que hemos tenido oportunidad de consultar:

Mortinatalidad en Rosario 1901-0925: 47,6 por mil nacidos vivos.
Mortinatalidad en Cañada de Gómez en el mismo periodo de tiempo: 25,8 por mil.
Mortinatalidad en Rosario en 1928: 26,5 por mil nacidos vivos. En Cañada de Gómez en el mismo lapso: 2,5 por mil.

En el Anuario citado, encontramos como única información del tema que tratamos, una relación porcentual, para Rosario, entre nacidos vivos y muertos; es para el año 1945 de 3,29 mortinatos por cada 100 nacidos vivos. En el mismo lapso el coeficiente correspondiente a Cañada de Gómez es de cero.

En una tabla adjunta ofrecemos, con las salvedades ya apuntadas, toda la información que nos han sido posible obtener sobre Mortinatalidad, como asimismo un gráfico ilustrativo.

CORRELACION ENTRE LA NATALIDAD Y MORTALIDAD INFANTIL




En un trabajo  nuestro anterior, titulado “Problemas de Natalidad y Mortalidad Infantil en la ciudad de Cañada de Gómez”, presentado a la Facultad de Higiene y Medicina Preventiva para optar al título de Médico Higienista y donde usamos parte del material demográfico que habíamos obtenido para este intentamos el estudio de la correlación entre la natalidad y mortalidad infantil. Nos parece útil repetirlo aquí, ya que necesariamente debe formar parte de este estudio de conjunto.

La circunstancia de que el descenso de la natalidad y el de la mortalidad infantil sean dos hechos demográficos que coinciden ha llevado a pensar a muchos estudiosos de estos problemas que ambos fenómenos están correlacionados.

Barreiro en la versión de sus clases dictadas al curso de Médico Higienista ha interpretado el problema “como importante y digno de ser dilucidado”. Lo ha estudiado con riguroso método estadístico, teniendo a la vista especialmente tasas de Europa en largos periodos de tiempo y que por consiguiente abarcan volúmenes humanos inmensos y llega a la conclusión de que “la caída de la curva de la natalidad” o dicho con nuestras propias palabras, no mueren menos niños por el solo hecho de que nazcan menos.

Francisco De Veyga en su importante trabajo, “El actual movimiento de desnatalidad en nuestra raza”, emite una opinión diametralmente opuesta, ya que dice textualmente “La tasa de natalidad de pende directamente de la mortalidad. Es una ley biológica, afirma Kucsinskey, esta según la cual es la mortalidad el fenómeno que, dentro de las poblaciones, regula el número y las proporciones de la natalidad”.

Desearía que se prestara atención al concepto del Profesor de Veyga, que comparto, de que “nacen menos niños, porque mueren menos” vale decir que mismo problema pero encarado en forma inversa a como lo hace Barreiro.

Continua De Veyga: “Las reducción de la mortalidad representa, en efecto, el principal sino el único factor que ha provocado y mantiene en las naciones de la parte más avanzada de nuestra cultura  (Alemania, Gran Bretaña, Francia, etc.), el movimiento de aumento de la población. Es también el factor que impide, por el momento, en las naciones afectadas por la denatalidad, la caída o desmembramiento de sus elementos constituyentes. Es a sus expensas y a sus solas expensas, allí donde no hay inmigración, que se cubran las bajas producidas por la disminución de los nacimientos.

Alejandro E. Bunge  en su libro “Una Nueva Argentina” se decide por la siguiente opinión: “De un modo constante y en todo el mundo, con la baja de la natalidad coincide la baja de la mortalidad, de un modo más acentuado, la baja de la mortalidad infantil. La mejor forma de observar el paralelismo en el orden histórico, a través del tiempo es trazar dos curvas en un diagrama de ordenadas; la que une los puntos de la natalidad en una serie de años y la que une los puntos de la mortalidad infantil en los mismos años. Estas curvas, siempre descendentes marcan un perfecto paralelismo entre sí. A menos natalidad, menor mortalidad infantil, o si se quiere a la inversa, a menor mortalidad infantil menor natalidad.

Salta a la vista que para el Dr. Bunge es lo mismo el problema planteado en un sentido o en otro, lo que constituiría una tercera opinión, comparada con las de Barreyro y De Veyga.

A. MK. Carr Sanders, Director de la Escuela de Economía de Londres, en su notable libro “Población Mundial”, se ocupa ampliamente de este y otros problemas demográficos y aunque se inclina por otras causas para explicarse el problema de la denatalidad, emite conclusiones que, por su extensión, no nos es posible transcribir, pero intentaremos un resumen entre natalidad y mortalidad en épocas muy anteriores de la civilización ya que la primera ha sufrido fluctuaciones y estancamientos mientras que la segunda ha seguido una curva de ininterrumpido descenso, pero a partir del último cuarto del siglo XIX, hay coincidencias muy llamativas, aunque el descenso de la natalidad es más vertiginoso que el de la mortalidad.

Las citas anteriores, que hemos hecho con alguna amplitud, obedecen el propósito que deseáramos cumplir, de intentar en nuestro medio repetir las experiencias, estadística de Barreiro y un tanto empírica de Bunge, para tratar de obtener resultados comparables.

No se nos escapa que, lo muy limitado de la población y los fenómenos demográficos de la ciudad que estudiamos ha de dar un valor muy relativo  a las cifras que obtengamos pero, creemos que de cualquier manera es interesante intentarlo.

Siguiendo a Bunge confeccionamos gráficos de mortalidad infantil y natalidad e el lapso comprendido entre 1901 y 1950 y buscamos, además, la correlación entre las tasas correspondientes y el promedio de sobrevivientes de un año por mil habitantes.

Analizando los resultados los resultados obtenidos, se puede observar que la citada correlación existe sin duda alguna pero que la coincidencia no es tan absoluta como sostiene el autor, ni loas curvas marcan un perfecto paralelismo entre si.

Para la consideración del mismo problema desde el punto de vista estrictamente estadístico, realizamos en primer término un diagrama de dispersión o “nebulosa”, cuyas características nos indicaron que era factible buscar el coeficiente de  relación entre ambos fenómenos. Para ambos estudios seguimos las directivas impartidas por A., Bradford Hill, en su libro “Estadística Médica”.

Estudiando el resultado de dicho coeficiente de correlación, que puede verse en el cuadro que va a continuación, se llega a las siguientes conclusiones:

1º: el guarismo obtenido, 0,799, está lo suficientemente cerca de más 1, para ser considerado como significativo.
2º: practicando el test de su significación, utilizando el error  Standard de la muestra que es de 0,142, observamos que el coeficiente es más des veces este valor, (5,6 veces más en nuestro caso), por lo que se puede admitir que es improbable que la coincidencia haya sido lograda por azar, siempre que no haya intervenido otro otros factores, que nosotros no hemos tenido oportunidad de considerar.

Por lo expuesto, llegamos a la conclusión de que, para el caso particular de la ciudad de Cañada de Gómez las cifras de la natalidad y las de la mortalidad infantil están correlacionadas.

Este hecho puede interpretarse de dos maneras, como hemos visto que lo han  hecho los autores citados al comienzo. En efecto, se puede decir que mueren menos niños, dentro del primer año de vida, por la razón de que nacen menos y, por lógica consecuencia hay menos para morir, por el contrario que la natalidad es menor debido a que la mortalidad también lo es.

Aunque tales premisas no pueden ser demostradas estadísticamente, nosotros nos sentimos seducidos por la segunda hipótesis, en perfecto acuerdo con la opinión del Profesor De Veyga.

Nuestro razonamiento que es puramente de orden psicológico, es el siguiente: Esta demostrado que en las clases inferiores y en los países más atrasados económica y socialmente, donde la mortalidad infantil revista caracteres pavorosos, la natalidad siempre es muy alta,. Lo vemos permanentemente en familias que han tenido una elevada cantidad de hijos, pero que los han perdido a casi todos.

Vale decir que, llevada a feliz término la crianza de un hijo, no se desea otro. Pero, muerto en sus primeros meses se busca sustituirlo.

Esta opinión está confirmada estadísticamente; un estudio realizado en Mothorst (Holanda) y citado por Carr- Saunders en el libro ya citado nos informa que, muerto un niño, es reemplazado  por otro dentro de los doce meses, en el 19,7 por ciento de los casos y, en cambio, si el hijo llega sin accidentes a cumplir su primer año, nace otro en solamente el 1,4 por ciento.

Nos parece que este tema, al que le hemos dado una extensión desusada es del mayor interés y como bien dice Barreyro, debe ser prolijamente considerado y, sobre todo, con riguroso método.

Insistimos que nuestras deducciones tienen un valor muy relativo y, más bien, la significación de un ejercicio de Estadística médica, teniendo en cuenta, sobre todo, la poca importancia del valor numérico de la población estudiada.