martes, 27 de febrero de 2018

ARMANDO AMIRATI, NUESTRO CURA SANTO. Parte 1



Quién fue Armando Amirati. Donde nació. Quiénes fueron sus padres, hermanos y familiares. Por qué Amirati debería ser santo. Muchas preguntas que nunca llegaremos a llenarlas del todo, porque las figuras fuertes de nuestras historias son así, son tan grandes que nunca llegamos a descubrir la inmensidad de su trabajo, de su misión en esta tierra y de su custodia en las llanuras celestiales.


Hoy quiero contarte quien fue el padre Armando Amirati, pero te lo presentaré como el Amirati hombre, sacerdote y amigo, iremos tras las huellas de ese pastor que dejó fuertemente marcado sus pasos por los lugares que anduvo. Para varias generaciones sigue siendo el padre de los pobres, pero otras tantas no lo llegaron a conocer, solo saben de los textos y dichos de personajes que convivieron con él en momentos buenos y malos. Mucho se sabe de aquel hombre que un 29 de junio de 1969, en plena misa conmemorando a nuestro santo patrono, siendo cura párroco  de Cañada de Gómez anunciaba su renuncia al frente de la Parroquia San Pedro y de la crisis que se produjo a raíz de la misma en los días sucesivos en la ciudad. Recordemos que esa decisión fue en tiempos complicados para los argentinos, había ocurrido el Cordobazo, el Rosariazo, la crisis económica afectaba seriamente a la clase obrera, la mayoría popular proscripta y el líder de las masas exiliado. Durante la década del sesenta se acentuaban las críticas hacia un modelo de iglesia, que aun después del Concilio Vaticano II no se habían experimentado las transformaciones esperadas. Existía una diferencia en una cúpula eclesiástica cercana al Estado y a las clases altas, con muchos sacerdotes que se comprometían con los más humildes integrando a toda la comunidad laica.

Pero volvamos a la historia del Hombre, de ese Armando Amirati que muchos cañadenses conocen y otros tantos necesitan conocer. Nació un 12 de marzo de 1918 en la ciudad de Rosario. Hijo de Vicente Amirati e Isabel Lamagna, dos italianos que compraron una lechería y vivieron de eso hasta la temprana muerte de ambos. Florencia era la mayor de los ocho hermanos, la seguían Mateo, Sabelio, Ricardo, Orlando, Antonio, Armando y finalmente Eduardo, éste último por ser el séptimo hijo varón fue ahijado en la primera presidencia del radical Hipólito Yrigoyen siguiendo la antigua tradición. Al fallecer sus padres su tía Teresa cumplió un rol fundamental en la formación educativa y religiosa de Armando. Varios testimonios afirman que Amirati ingresó al Seminario Nuestra Señora de Guadalupe de la ciudad de Santa Fe de la mano del entonces capellán del Hospital de Caridad de Rosario el Pbro. Antonio Caggiano, quién tenía un gran aprecio por ese niño que había perdido a sus progenitores. Olga Díaz recuerda que «Caggiano estaba muy ligado a él, en lo afectivo, porque cuando tenía diez años entró al seminario, y la mamá cuando se estaba muriendo le pidió a Caggiano que le dejaba al hijo porque ya no tenía a su papá...»[1]; otra evidencia que reafirma ese dato es el del Pbro. Roberto Queirolo cuando manifiesta que « Caggiano, antes de ser Obispo, era capellán del Hospital de Caridad y tenía un grupo de jóvenes y de chicos, entre los cuales estaba Amirati y él entra al seminario por indicación de Monseñor Caggiano, pero en un seminario de Santa Fe porque Rosario todavía no era Diócesis y no había seminario. Inclusive en la Casa de Retiro San Alberto hay una foto muy linda de Monseñor Caggiano con muchos estudiantes y en ella se encuentra un Amirati con esos rulos estilo italiano que tenía en su juventud.»[2]. Por último Víctor Caulin expresó a quién esto escribe que «fuimos con mi madre y mi hermano a visitar al Cardenal Caggiano a Buenos Aires y él venía del Cónclave que eligió a Giovanni Montini como Pablo VI donde nos regaló una medalla alusiva al hecho y, en ese encuentro, Caggiano habló maravillas de Amirati, que lo conocía de niño y que fue su monaguillo, recordando que era tan pequeño que solía ponerse de punta de pie para llegar al altar para alcanzarle los misales, demostró un cariño enorme por él, como el de un padre a un hijo.»[3] Cabe agregar que sobre la edad exacta de su ingreso a la carrera sacerdotal el mismo Amirati no recordaba si fue a los 12 o 13 años, siendo ésta quizás la más real ya que es el momento del final de la etapa primaria y el comienzo de la secundaria, donde era muy común en esos años el ingreso al Seminario de los jóvenes.

Armando comenzó entrada la década del treinta sus estudios en el Seminario Conciliar Nuestra Señora de Guadalupe, ubicado en la quinta de Guadalupe en la capital santafesina cuando era rector el Pbro. Ángel Rodríguez y fue  testigo de hechos destacados en el establecimiento como la transformación del mismo como Metropolitano en 1934, el fallecimiento de Juan Agustín Boneo y la asunción de Nicolás Fasolino en 1932, éste último fue el tercer cardenal argentino después de Santiago Copello y Antonio Caggiano. Allí cursó hasta que recibió el título de Filosofía yendo a terminar su etapa de Teología en el Seminario de Villa Devoto cuando un 21 de diciembre de 1941 es ordenado Sacerdote. De allí retornó a nuestra provincia comenzando su tarea como docente en el Seminario San Carlos Borromeo ubicado en la entonces Juan Ortiz, hoy Capitán Bermúdez, donde fue profesor de esa entidad de Teología y Filosofía, también ocupó la conducción de la parte académica hasta 1951 bajo la dirección espiritual de Carlos María Cafferata y en 1956 reemplaza a éste cuando fue designado Obispo Auxiliar de Rosario el 22 de mayo. Y otra vez el Cardenal Monseñor Antonio Caggiano aparece en la vida de Amirati, el mismo cura que lo llevó a Santa Fe para que empiece el largo camino del sacerdocio fue quién le encarga al Padre Amirati la difícil tarea de guiar espiritualmente a los seminaristas. Quién lo conoció en su tarea como docente y asesor fue Roberto Queirolo quién nos describe como fue Amirati en esos tiempos...

«Yo al padre Amiratti lo conocí antes de que yo entrara al seminario, ya que formaba parte del grupo de la Acción Católica, donde una vez al mes teníamos un retiro en el colegio de los Hermanos Maristas y una vez cayo este curita que yo no lo conocía ni de nombre, jovencito todavía, muy humilde se lo veía, una apariencia muy insignificante con unos lentes de carey medio antiguos y un guardapolvito con un sobretodo más o menos bueno, empezamos a hablar y con esa calidez y calidad que tenía él, con esa profundidad nos conquistó de entrada. Quiénes integraban  Acción Católica ya lo tenían medio junadito se ve, y lo habían traído para lo que ellos llamaban Escuela de Dirigentes, era una formación especial para algunos jóvenes que pensaban que podían el día de mañana ser dirigentes de la entidad. Después fui al seminario en año 1951, con 18 años en el Seminario San Carlos Borromeo de Rosario que funciona en Capitán Bermúdez, en esa época se llamaba Juan Ortiz. Resulta que mi primer día de clases fue el dos de julio porque me demoré en la entrada y Amirati era el encargado de la parte académica de estudios, y claro en esa época filosofía, teología todo eso se aprendía en latín y yo como ya tenía el bachiller hecho, fui el primero que hicieron pasar directamente al seminario mayor a pesar de no tener latín. Y Armando mismo para no cargar de trabajo a otros, porque había varios profesores de latín para la secundaria que funcionaba en el seminario, me tomo él como profesor. Casi todos los días teníamos mañana y tarde, y un día o dos por semana. Bueno hablábamos de latín, era dirección espiritual, era acompañamiento, era sacarte dudas, era un poquito de todo. Demostrar esa abnegación, ese espíritu de sacrifico, de tener que cargar con un solo alumno que le robaba todo ese tiempo y al final ya estaría en condiciones de hecho con más dificultad que otros que ya habían estado cinco años estudiando latín toda la secundaria. Así que pude acoplarme a las clases con alguna dificultad seguramente mayor que los otros.

»Pasa el tiempo y fue mi profesor de Filosofía y más adelante debido a algún cambio que hubo también lo tuve en primer año de Teología Moral. Cuando lo suben como Obispo a Caferatta, que era el padre principal del seminario mayor, ponen a Amirati en el lugar de él, tenían eso que decían que la dirección espiritual era la cátedra más importante del seminario porque era lo que te iba formando como sacerdote, ellos eran los que daban las meditaciones. Entonces había libertad para confesarse podía ser Amirati u otro quien uno quisiera y yo lo elegí a él como confesor porque Caferatta era muy diferente, y dije voy a aprovechar, la dirección espiritual y la confesión. Me recibí de sacerdote en el `59 y todavía Amiratti seguía como director espiritual y también lo tuve hasta tercer año de Teología porque cuando terminé ese año me mandaron a Roma a terminar allá y seguir la licenciatura, ahí perdí el contacto regular con Amirati. Fui a Roma en diciembre del ´57 y volví en mayo del ´62, justo cuando Amiratti llega a Cañada a reemplazar a Martin.»[4]

Mientras todo eso sucedía, en una joven ciudad ubicada a poco más de sesenta kilómetros de Rosario, la vida sacerdotal no era muy diferente a la de la mayoría de las poblaciones en una Iglesia Católica que todavía no esperaba que llegara al mundo aquel anciano Roncalli, que una vez convertido en Juan XXIII, iniciara profundos cambios en la comunidad y en la vida institucional de la milenaria religión. Recordemos que desde 1905 hasta 1952 dos españoles, como Mateo Llodrá y Manuel Aizpuru, administraron los grandes cambios en nuestra Parroquia San Pedro. El primero de ellos fue quién construyó el Templo inaugurado en 1916, mientras que el segundo lo remodeló como actualmente lo conocemos veinte años después. Llodrá habilitó la primera escuela católica que funcionaba donde hoy es la casa, el Colegio San Luis Gonzága mientras que Aizpuru fue un ferviente dirigente social participando entre otras cosas en la fundación del Círculo de Obreros Católicos y la Universidad Popular. Al fallecer Monseñor Manuel Aizpuru, su reemplazante fue Guillermo Martín que construyera la casa parroquial como la vemos hoy en día, colaboró en la habilitación del Instituto José Razetto impulsado por los Hermanos Corazonistas.

El 25 de marzo de 1962 llega a nuestra ciudad el Padre Armando Amirati y ya nada será igual...



[1] Testimonio de Olga Díaz. Conflicto entre la Jerarquía Eclesiática y los Curas Renunciantes. Autores: Dherin, Gabriela; Pietrani, Miriam y Turre, Marisa. Facultad de Humanidades y Arte. UNR. 1993
[2] Testimonio del Pbro. Roberto Queirolo. Archivo del autor.
[3] Testimonio de Víctor Caulín. Archivo del autor.
[4] Testimonio de Pbro. Roberto Queirolo. Archivo del autor.

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