23 de setiembre, el voto femenino y la tercera de Perón





Hoy recordamos dos fechas importantes en la vida democrática del país. Primero la promulgación de la ley del voto femenino y posteriormente la tercera presidencia de Juan D. Perón






El 23 de septiembre, la CGT organizó una concentración en Plaza de Mayo para celebrar la promulgación de la ley 13.010, que concedía el voto a la mujer. Un público numeroso concurrió desde temprano al evento. Tras la firma del decreto, Perón se lo entregó a Evita en un gesto simbólico que expresaba el reconocimiento del gobierno por su campaña a favor de los derechos políticos de la mujer.
Pese a que la lucha por los derechos de la mujer en el país se remontaba a finales del siglo XIX, ya en 1946 Evita hizo suya la campaña a favor del voto femenino. Tras las elecciones de febrero de ese año, que dieron el triunfo a la fórmula Perón-Quijano, Evita pronunció su primer discurso oficial. En él manifestaba su apoyo a los derechos políticos de la mujer:
“La mujer del presidente de la República, que os habla, no es más que una argentina más, la compañera Evita, que está luchando por la reivindicación de millones de mujeres injustamente pospuestas en aquello de mayor valor en toda conciencia: la voluntad de elegir, la voluntad de vigilar, desde el sagrado recinto del hogar, la marcha maravillosa de su propio país. Esta debe ser nuestra meta. Yo considero, amigas mías, que ha llegado el momento de unirnos en esta fase distinta de nuestra actividad cotidiana. Me lo indican diariamente la inquietud de vuestros pensamientos y la ansiedad que noto cada vez que cruzamos dos palabras.
”La mujer argentina supo ser aceptada en la acción. Se está en deuda con ella. Es forzoso establecer, pues, esa igualdad de derechos, ya que se pidió y obtuvo casi espontáneamente esa igualdad de los deberes. El hogar, esa célula social donde se incuban los pueblos, es la argamasa nobilísima de nuestra tarea. Al hogar estamos llegando y el hogar de los argentinos nos va abriendo sus puertas, que son el corazón ansioso del país. Todo lo hemos supeditado, repito, al fin último y maravilloso de servir. Servir a los descamisados, a los débiles, a los olvidados, que es servir –precisamente- a aquellos cuyos hogares conocieron el apremio, la impotencia y la amargura. Del odio, la postración o la medianía, vamos sacando esperanzas, voluntad de lucha, inquietud, fuerza, sonrisa.
”El hogar, que determinó recién el triunfo popular del coronel Perón, no podía ser traicionado por la esposa del coronel Perón.
”La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles. Aquella que se volcó en la Plaza de Mayo el 17 de Octubre; aquella que hizo oír su voz en la fábrica, en la oficina y en la escuela; aquella que, día a día, trabaja junto al hombre en toda gama de actividades de una comunidad dinámica, no puede ser solamente la espectadora de los movimientos políticos.
”La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar. La mujer, resorte moral de un hogar, debe ocupar su sitio en el complejo engranaje social de un pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos más extendidos y remozados. Lo exige, en suma, la transformación del concepto de la mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes sin pedir el mínimo de sus derechos.
”El voto femenino será el arma que hará de nuestros hogares el recaudo supremo e inviolable de una conducta pública. El voto femenino será la primera apelación y la última. No es sólo necesario elegir, sino también determinar el alcance de esa elección.
”En los hogares argentinos del mañana, la mujer, con su agudo sentido intuitivo, estará velando por su país al velar por su familia.
”Su voto será el escudo de su fe. Su voto será el testimonio vivo de una esperanza, de un futuro mejor”.
El 23 de septiembre de 1947, Eva Perón manifestaba en la Plaza de Mayo:
“Mujeres de mi patria: recibo en este instante de manos del gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo entre vosotras con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria. Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos, una historia larga de luchas, tropiezos y esperanzas. Por eso hay en ella crispación de indignación, sombra de ataques amenazadores pero también alegre despertar de auroras triunfales. Y eso último se traduce en la victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional”


En 1973 el gobierno del presidente provisional, Raúl Lastiri, convocó nuevamente a elecciones presidenciales para el 23 de septiembre, e inmediatamente se comenzaría a hablar de la formula Perón−Balbín como una posibilidad. Mientras esta idea y la de la creación de un consejo de estado intrigaban y entusiasmaban a muchos argentinos, la realidad los iba desencantando. La designación de vicepresidente recaería sobre la persona señalada por el dedo de alguien que se suponía actuaba en nombre de Perón.
El 18 de agosto, en el Teatro Nacional Cervantes y ante el congreso del Partido Justicialista, Perón ratificó su candidatura y pronunció un importante discurso, por momentos fuertemente doctrinario, al referirse a qué ideología tiene el Movimiento Peronista. Definió como primera tarea del futuro gobierno la de reconstruir al
hombre, reconstruirlo económica y moralmente. Dijo, entre otras cosas, sobre la enfermedad moral de la República: nos hemos convertido en una factoría de avariciosos y concupiscentes, donde todo es a base de trampa, a base de maniobras, mediante las cuales los intermediarios se quedan con el santo y la limosna...
El 22 de agosto, en acto realizado en el estadio de Atlanta y convocado por la Juventud Peronista, Mario Firmenich lanzó sus dardos contra la candidatura de Isabelita, quien, ante otras expresiones adversas, declarará un día después: No tengo motivos para renunciar a mi candidatura.
¿Cómo no iba a contar con la aprobación de Perón?¿Quién iba a osar plantarse frente a la mujer del conductor? La asamblea aprobó la moción por aclamación. La duración de todo un trámite no fue de más de veinticinco minutos.
La campaña electoral fue muy liviana, ya que se trataba de una ratificación de lo que todos sabían: Perón seria el nuevo presidente.
De todos modos, el cerro su campaña con un mensaje televisado que fue como una clase de repaso. Abordo todas las necesidades del momento y pidió cooperación activa y fehaciente en caso de un triunfo del Frente Justicialista de Liberación.
El FREJULI obtuvo 7.359.252 votos (61.85%); la U.C.R., 2.905.719 (24,42%); y la Alianza Popular Federalista, con Manrique−Martínez Raynomda, 1.450.998 (12,19%).

La vicepresidencia de Isabel
Retomando el tema de la candidatura a vicepresidencia de Isabel, podemos decir que fue un hecho determinante que marco la historia argentina durante una década entera. La ex bailarina había logrado algo que a la idolatrada Evita se le había escurrido entre los dedos.¿Cómo sucedió? ¿Perón deseaba en verdad compartir la formula presidencial con ella? ¿O se trato de un golpe maestro de Isabel y su astuto brujo como creen muchos peronistas?
Perón puede haber decidido que la designación de Isabel era una consecuencia política lógica. Algunos peronistas se oponían a la formula conjunta con Balbín. La izquierda no lo tenia en muy alta estima pues consideraba al líder radical como un representante de los intereses burgueses. Los políticos se daban cuenta de que un arreglo con el significaría la división del boletín político con los radicales luego de la victoria. Eran
muy pocos los peronistas que podían disfrutar ante la perspectiva de que el Chino pudiera asumir la presidencia en el caso de la muerte de su conductor, y, a corto plazo, la presencia de Balbín en la formula no tendría efectos fundamentales. Perón había hecho un buen trabajo al alentar especulaciones sobre una candidatura conjunta, al reflotar la idea de la creación de un consejo de estado y, lo que era mas importante, al asegurar la concurrencia de su rival en su gran proyecto para el futuro de la Argentina, pues esto lo anulaba como adversario político. Balbín iba a ser mucho mas útil en su papel de enemigo creíble pero no por ello difícil de derrotar en los comicios. Finalmente, el peronismo había sido siempre un movimiento multifacético que había exigido que Perón mantuviera el equilibrio entre le bando gremial, elementos de la clase media, los empresarios los militares. La elección de un compañero de formula que se identificaba con la clase media podía ser percibida como una inclinación decisiva hacia uno de los sectores. En definitiva, todos iban a poder seguir a un candidato a vicepresidente que pareciera una extensión del propio Perón.
Como la verdad es aún demasiado candente, es virtualmente imposible encontrar dentro del ámbito político argentino alguien que dé una opinión desinteresada respecto a la ascensión de María Estela Martínez de Perón al poder. Cualquiera sea la versión que uno quiera adoptar, Perón no puede quedar desligado de toda la responsabilidad que le cupo. Si lo que quería era que ella fuera su compañera de fórmula, o si simplemente decidió no hacer nada para interferir en su designación, estaba demostrando una indiferencia insensible respecto de la futura supervivencia del peronismo y del destino de la Argentina en el caso de que su muerte se produjera mientras estaba en el ejercicio de la primera magistratura.

Asunción
La tercera presidencia de Juan Perón, iniciada el 12 de octubre, no transcurrió en un lecho de rosas, puesto que a los problemas del país se sumaban los internos de su Movimiento. El gabinete que lo acompañó estaba integrado en su gran mayoría por peronistas y veteranos: Benito Llambí, Jorge Taiana, Alberto Juan Vignes, Angel Federico Robledo, Ricardo Otero y Antonio Benítez. También estaban en él José Ber Gelbard y José López Rega, reclutados en la década de 1970.
Juan Perón según sus hábitos, madrugaba para ir a la Casa Rosada. Creó nuevas secretarías en la Presidencia y ubicó al Dr. Vicente Solano Lima al frente de la Secretaría General. Trabajaba más de lo que su salud le aconsejaba y permitía.

23 de setiembre, dos fechas importantes en la vida del peronismo.

Fuentes:
El Historiador de Felipe Pigna
La Tercera Presidencia de Perón