Historia Sanitaria de la Ciudad de Cañada de Gómez escrita por el Dr. Gerónimo Carlos Etchart. Parte 8



 MORTALIDAD GENERAL


En el estudio de la evolución de la mortalidad general, agrupamos a las defunciones en dos clases de índices; los de mortalidad genérica, vale decir número de muertos por año y por mil habitantes sin discriminación alguna y los de mortalidad especifica en que consideraremos los grupos de afecciones, edades de los muertos, etc.


Hay dos hechos muy llamativos en el análisis de este aspecto de la demografía. En primer lugar, la disminución de la mortalidad general y, en segundo, el cambio que se produce en el predominio de las diferentes causas de muerte.

La disminución de la mortalidad general es un hecho universalmente constatado: las probabilidades de vida han aumentado mucho y en un lapso relativamente breve se ha duplicado casi la duración de la vida humana, que para nuestro país y en la actualidad se puede fijar en sesenta y cinco años más o menos.

Las causas de aquella disminución son especialmente atribuibles a conquistas logradas por la higiene y la Medicina Preventiva, especialmente en sus luchas contra las enfermedades infecto contagiosas, que, en épocas pretéritas diezmaban a la humanidad. Bastaría para fijar bien este concepto estudiar lo que ha pasado con la viruela en el reducido medio que estudiamos. Afección absolutamente erradicada con una muy simple medida inmunitoria, causó en Cañada de Gómez 52 muertes entre los años 1901 y 1912 y desde entonces, hasta la fecha, el monto de la mortalidad se ha reducido a cero. Algo parecido ha sucedido con la difteria, cuya vacunación lamentablemente no ha sido aún practicada por la totalidad de la población infantil: entre 1901 y 1925 dejó un saldo de 64 defunciones y entre 1926 y 1950 solo 34.



Cabe agregar, con respecto a la difteria, que el último año con mortalidad es el de 1946, figurando en blanco desde entonces.

Los años de más alta mortalidad para nuestra ciudad fueron 1901 y 1918: el primer arrojo 186 defunciones para una población de 6.454 habitantes y el segundo 302 defunciones para 10.363. Los índices fueron idénticos: 29 por mil en ambos casos.

Si analizamos las causas de muerte en estos dos años de tan alta mortalidad, veremos que, en 1901, nos encontramos con fallecidos de menos de un año  (sin incluir los nacidos muertos que fueron 9) y 120 de más de un año de edad. Las causas fundamentales fueron, en todas las edades las edades, diarrea y enteritis con 35 defunciones; bronquitis, neumonía y bronco neumonía con 51 y luego un extenso número de causas sin predominio de ninguna de ellas.


En 1918, como volverá a ocurrir en 1919, la alta mortalidad está condicionada por la pandemia gripal, por la fiebre tifoidea y por las enteritis. Por gripe y sus complicaciones, mueren en todas  las edades 33 personas; por fiebre tifoidea 38; por diarrea y enteritis  84y hay, además, una elevada mortalidad por tuberculosis pulmonar (24), y por muerte violenta (13).

Los años de menor mortalidad son todos los que transcurren a partir de 1945, en que los índices oscilan entre el 7 y el ocho por mil.

Como se ve, y puede apreciarse en el gráfico respectivo, la de la mortalidad general es una curva de franco descenso, armónico y sin altibajos, salvo el correspondiente a 1918, que ha de figurar en cuanto estudio de mortalidad de haga, en el mundo entero. Si estudiamos las tasas agrupadas por quinquenios, veremos que el de más alta mortalidad fue el comprendido entre 1906-.1910 con un indic3e del 26,23 para llegar al 1946-1950 con 7,4.

Si comparamos nuestras cifras con las de toda la provincia y con las de las ciudades de Santa Fe y de Rosario, veremos que debemos considerarlas como altamente satisfactorias. En efecto considerando los dos últimos quinquenios (1941-1945) y (1946-1950), tenemos que, para toda la provincia las tasas fueron de 8,8 y 7,9; para la ciudad de Santa Fe de 11,7 y 11,7; para Rosario de 10,4 y 10,3 y para Cañada de Gómez los índices arrojaron 9,6 y 7,4.

Es elemental, pero importante, consignar que esta tan satisfactoria baja de la mortalidad general, está condicionada, en primer lugar por el descenso de la mortalidad infantil, ya estudiado, por la desaparición casi absoluta de esos grandes factores de muerte que  eran las enfermedades infecto contagiosas en general y, luego, por las causas que regulan este fenómeno, en todas las colectividades: progresos higiénicos y preventivos, inmensos progresos terapéuticos en el capítulo de los antibióticos y las drogas sulfa, más alto nivel de vida, mejor asistencia medica, etc.

Este notable decrecimiento de las defunciones, muere mucha menos gente en 1950con 16,000 habitantes que en 1901 con poco más de 6,000, es lo que explica que la población siga creciendo a ritmo discreto, a pesar de la notable disminución de los nacimientos. Este hecho nos ha de llevar fatalmente al envejecimiento de la población que no se renueva, sino que sigue viviendo.

El otro aspecto interesante de la mortalidad general, es la evolución que han ido sufriendo con el tiempo las principales causas de muerte. Como puede verse en el cuadro  el cuadro que insertamos a continuación y los diagramas circulares que corresponden al mismo asunto, hemos elegido tres años intermedios, 1901, 1925 y 1950 para considerar en ellos cuales han sido las causas predominantes de letalidad.

Observamos que, en 1901, más del 31 por ciento fallecieron por afecciones del aparato respiratorio, sin incluir tuberculosis, fueron 61 los que murieron por tal grupo de enfermedades, entre las que predominaron las bronquitis, neumonías y bronco neumonía de todas las edades. Las afecciones del aparato digestivo, que representaron el 24,1 por ciento son fundamentalmente las consabidas diarreas y enteritis y las que constituyeron la tercera causa, infecto contagiosa con 11, 15,8 %, están constituidas por viruela, sarampión, meningitis, fiebre tifoidea y tétanos infantil.

Como puede apreciarse, en este primer año estudiado no tienen mayor significación la tuberculosis pulmonar, el cáncer y las afecciones cardiovasculares.

En 1925, toma el primer lugar el grupo de las afecciones del corazón y de los vasos que ya no ha de dejar su predominio: su frecuencia es del 23,5%. En segundo lugar las del aparato digestivo predominando siempre las enteritis y ya el cáncer ocupa un lugar de privilegio con 13 defunciones y el 7,7 % del total.

En 1950 ratifica su inmenso predominio el grupo de las afecciones cardiovasculares que producen  68 defunciones y el 40,9 por ciento del total. Todas las demás se desdibujan, salvo el cáncer que siguiendo su ritmo ascensional provoca 27 defunciones que corresponden al 16, 2 por ciento de la totalidad.

Esta evolución del predominio de cusas de muerte en normal y el habitual en todos los sitios estudiados ya que, desde hace muchos años las enfermedades del corazón y de los vasos ocupan en toda la humanidad civilizada el primer lugar entre las causas de muerte y el cáncer el segundo.

Vamos a estudiar ahora, con algún detalle cuatro grupos de causas de muerte, las producidas por fiebre tifoidea, tuberculosis, cáncer y afecciones cardiovasculares.



FIEBRE TIFOIDEA: apenas se observa el cuadro y gráfico correspondientes que acompañan a este capítulo se verá que el índice más alto de mortalidad por esta  afección se registró en 1918, con 38 defunciones y una tasa del 36,66 por diez mil habitantes y, en 1912 con 17 fallecidos y tasa del 19,31.

Estas dos epidemias hacen epidemias hacen que las cifras de los quinquenios 1911-1915 y 1916 aparezcan abultadas y sean las únicas que alteren el ritmo siempre decreciente de la afección.

Pero lo que parece realmente extraordinario es el proceso regresivo que se establece a partir del año 1921 en que los índices de mortalidad decrecen en forma vertiginosa: del 14,46 de 1916-1920 al 3,16 del quinquenio siguiente, siendo este índice el más alto de los últimos veinticinco años.

En la historia epidemiológica de la fiebre tifoidea se observan cuatro años (1938, 1939, 1946 y 1950) sin ninguna defunción.


Resulta interesante observar el gráfico relativo a la mortalidad por esta afección, que se inserta a continuación; es poco frecuente ver una línea de tendencia tan franca, de descenso en este caso que semeja casi una vertical, comprendida entre los años 1920 y 1925. Cualquiera pensaría desprevenidamente que corresponde años posteriores a la instalación de servicios de provisión de agua potable pero no es así, sino a los inmediatamente anteriores, lo que significa que, para nuestra zona, el fenómeno de Mills y Reincke, en lo que a fiebre tifoidea se refiere, no tiene significación, no así en otras afecciones como lo hemos visto en el capítulo correspondiente.

Demás está decir que todas las defunciones, a partir del año 1931, de instalación de provisión de agua, corresponden a zonas no servidas por este servicio, sino a la suburbana y rural. Cabe agregar que, en los últimos veinte años, no ha revestido el carácter epidémico, tratándose siempre de casos aislados o esporádicos.

No intentamos, para esta afección, hacer un paralelo con cifras de la ciudad de Rosario, por la circunstancia de que esta última ciudad presenta en las estadísticas una alta morbilidad, de casos autóctonos sino de la población hospitalaria del más diverso origen, procedente de esta y otras provincias.

TUBERCULOSIS: esta temible y temida afección ha seguido en nuestro medio un franco proceso regresivo, tal como ocurre en todos los ambientes con buena cultura sanitaria. Como podrá apreciarse en las tablas y gráficos correspondientes, el año 1918, que fue de más alta mortalidad general, lo fue también para esta afección. Murieron 24 personas por tal causa y es probable que la pandemia gripal haya terminado con muchos enfermos bacilares. A partir de entonces el descenso es franco y de una tasa de 19,71 por diez mil habitantes registrada en el año 1906-1910, llegamos a la de 2,94 en el último quinquenio 1945-1950. Podrá apreciarse en el grafico correspondiente que la curva de la mortalidad por tuberculosis es muy semejante, en su descenso a la de la fiebre tifoidea.





CANCER: el cáncer y otros tumores malignos en general, presentan en Cañada de Gómez la misma tendencia en el aumento de sus tasas de mortalidad que en toda la humanidad.

Hasta 1914 son muy pocas las defunciones que se anotan por tal causa, para iniciarse después una línea de francos ascenso solo interrumpida en el último quinquenio y, específicamente en el año 1948 que es de baja mortalidad con 16 casos y una tasa del 8,55 por diez mil. El de más alta mortalidad fue 1941 con 31 defunciones y un índice del 19,41.

La localización del cáncer y otros tumores no ofrece en esta ciudad ninguna característica llamativa, salvo para el cáncer de pulmón, entidad que no aparece nunca en los diagnósticos de los primeros treinta años de nuestro estudio y cada vez con mayor frecuencia en los últimos. Entendemos que esto, como muchos  otros casos de esta afección, se debe a un mejor diagnostico por la posesión de mejores medios para realizarlo.



CARDIOPATIAS: los decesos por afecciones cardiovasculares ocupan el primer lugar entre nuestras causas de muerte, siguiendo una característica que es universal, pero lo que llama la atención es su muy pronunciado aumento en los últimos años hasta el punto de tomar para sí casi todo el panorama de la mortalidad, como puede observarse en los respectivos diagramas circulares que acompañan a este trabajo. En el año 1950, último estudiado, este grupo de afecciones represento el 40,1 de la mortalidad  general incluida la infantil, mientras que en 1901 solo significaron el 5,5 por ciento.

Las principales afecciones del corazón y de las arterias están representadas, en los últimos años, por miocarditis (24 decesos en 1950), hemorragias cerebrales con 15; sincopes cardiacos, son otro diagnostico aclaratorio con 15, asistolias con 6 y endocarditis.

Parecería ser que, también en nuestro ambiente, se cumple fatalmente con la ley del equilibrio biológico que explica el Profesor Albornoz a sus alumnos: desde el  primer momento que las enfermedades infecto contagiosas  van perdiendo su significación, las crónico degenerativas aparecen en escena para ocupar su lugar. Dicho sea esto, sin desconocer que una serie de factores tales como el pronunciado alargamiento de e la vida, el nuevo ritmo que hemos impreso a esta, etc., condicionan es6e cambio en la patología.


BREVE SINTESIS EPIDEMIOLOGICA

Después de realizar una prolija investigación en archivos locales y consultas con viejos vecinos, hemos podido individualizar las siguientes epidemias, que tuvieron alguna significación:

En 1886-188, apareció una epidemia de Cólera que, al parecer causo gran mortandad. Eran los primeros años del pueblo y se instaló Barraca sanitaria para atender los enfermos; se lee en una publicación local que los muertos fueron enterrados en el cementerio de la población, en una fosa común y sin identificarlos. Todo el que pudo hacerlo se dirigió a otros lugares y, siempre según la publicación que comentamos, los muertos eran llevados a su última morada en el único carro recolector de basuras. El lazareto local fue visitado por el Gobernador de la Provincia Dr. Don José Gálvez.

En 1894-1895 aparece una segunda epidemia de cólera; el único medico local se ausenta y actúa entonces el Dr. Arsenio de la Colina, auxiliado por un prácticamente y un Delegado Sanitario. No hay otras referencias a esta epidemia.

En 1919 se registran dos casos de muertes por Peste de Oriente, siendo esta la única referencia que hemos podido encontrar sobre tal episodio. En el lapso 1901-1950 no hemos individualizado otros fallecidos por tal afección.

La Fiebre Tifoidea ha revestido carácter endemo epidémico en esta zona, pero de ella ya nos hemos ocupado oportunamente.

La Poliomielitis ha tenido alguna significación por las secuelas que hemos podido observar pero solo hemos encontrado, en el total de nuestra búsqueda dos casos de fallecimientos por tal causa.

La Gripe epidémica, causo 16 muertes en 1918 y 37 en 1919, presentándose con características formas bronco pulmonares.


Cabe agregar, para terminar con este capítulo, que las Amebiasis son parasitosis que se presentan con extraordinaria frecuencia en esta zona. Por nuestra experiencia personal nos animaríamos a sostener que nos menos de un 75 por ciento de la población esta parasitada, habiendo muchas formas asintomáticas y otras con los habituales trastornos de la afección.