DISCURSO DEL DR. FÉLIX PAGANI, UN 9 DE JULIO DE 1936 EN EL NACIONAL

Dr. Félix Pagani, c. 1935


Comparto con ustedes un discurso encontrado en una valija que contiene recuerdos del Dr. Félix Pagani, quién fuera Ministro de Obras Públicas y Educación del gobernador Dr. Carlos Sylvestre Begnis, también fue concejal de la ciudad en 1932, dirigente de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia y un odontólogo de renombre. Su casa estaba ubicada donde actualmente se encuentra el Estudio Jurídico Rossini y Pirchi Asociados.

Este discurso lo brindó en el Instituto Florentino Ameghino, quizás en 1936 al mes de sus comienzos como Colegio Nacional, como lo conocemos desde el 8 de junio de 1936. Pero el Instituto Incorporado Florentino Ameghino inició sus actividades el 23 de marzo de 1931 con veintidós alumnos inscriptos en primer año. Unos días antes de esa jornada, más precisamente el día 5, se conformó una Comisión Administradora integrada por Miguel A. Barrios, presidente; Ricardo Berella, secretario; Ángel Robledo, tesorero; y Gumersindo López, Pedro Fernández, Juan Antonucci, Ramón Rodríguez, Valerio Tissera y Victoriano Rodríguez, vocales. El Dr. Félix Pagani integró el cuerpo docente en esos primeros años del Instituto.



El Dr. Pagani en un discurso, con su tradicional pipa se encuentra escuchando el Gobernador Dr. Sylvestre Begnis


Las palabras de Pagani, suponemos que son de 1936 porque en un párrafo de las mismas habla que el Instituto hace cinco años que funciona, lo que nos hace suponer que fueron hechas el 9 de julio de ese año, o sea un mes después de su inicios a raíz de un decreto firmado por el presidente Agustín P. Justo el 22 de marzo del mismo año cuando designó rector organizador al Dr. Alfonso Gallo Fernández.  

En ese año, el Dr. Félix Pagani, en el acto de la Independencia, en puño y letra escribió y dijo lo siguiente:

«Desde el año 1813 las generaciones argentinas vienen entonando el viril y humano coronados de gloria vivamos. Es que el pueblo argentino es un pueblo en marcha y conscientemente orgulloso de su pasado. Por ese orgullo del pasado, por esa admiración amorosa hacia los que en derroche de sacrificios nos legaron ese pasado glorioso se apresta el pueblo argentino a reunir en renovado, cálido y sincero homenaje a los que en 1816 con la energía del pensamiento y el acusado perfil de su actitud, dejaban identificar en el ritmo de sus decisiones, la sístole y la diástole de un empeño grande y generoso.

»Nada más justo pues que el Instituto Ameghino desflore las siempre vivas de su humilde homenaje, que en su espontaneidad, trae calor de sinceridad y vibraciones de lucha en la marcha ascendente hacia el porvenir.

»Al designárseme para dirigirnos las palabras alusivas que rezan en el programa de esta fiesta, se me invito a que tradujera en palabras el homenaje latente en el Instituto hacia los que en un 9 de julio, cristalizando la idea de mayo nos incorporaban al grupo de países que marchaban cobijados en la sacrosanta sombra de la libertad. Pensamos que las dos formas de hacerlo – El uno recordando, alabando la luminosa trayectoria de los próceres y rindiendo admiración en hilvanado discurso académico – El otro haciendo una afirmación de convicciones que aguzadas en punta de lanza, se esgrime hacia el porvenir desgarrando nubarrones, abriendo senda en la idea en macha.

»Del primer modo laudo a los próceres se cumple una misión, pero se nos figura más grato para ellos, si sus cenizas pudieran palpitar en la vida, el segundo. Dinámicos, generosos, combativos, abierto a los vendavales de la lucha, sus espíritus no podrían asentir las consagraciones académicas. La repudiarían y en su hidalga arrogancia nos señalarían el camino de la acción. Por eso no cantaremos una loa sino que en cariñoso recuerdo y sentido homenaje ofrendamos la consiente labor del Instituto Ameghino aun en lucha afanosa hacia el cenit de las realidades.

»El Instituto Ameghino, honrando el nombre que lleva alienta en sus entrañas el deseo vehemente de lanzar a la vida no bachilleres acortando caminos en promesa de un docto título, antes de ellos acaricia la esperanza que esa juventud que de sus aulas surjan a emprender el camino de la vida lo han de hacer bajo la advocación del deber con, para y por la Patria. Patria dije y el mismo nombre pronunciado desde miles de tribunas ha de lanzarse a los ámbitos argentinos, nadie se ha de resistir de formar parte de esas filas caldeadas de entusiasmo cívico que el pueblo argentino en recuerdo cariñoso y en consiente reconocimiento ha de tender en actos tributarios a los festejos del nuevo aniversario de nuestro siempre magno 9 de julio.

»Y será entonces el momento que siempre lo es, para que el pueblo comprometa su acción en solemne y mudo juramento a repudiar – aun a costa del hambre y la sed – a los falsos políticos, mercaderes de conciencias, fariseos en procura de siempre insatisfechos apetitos personales, y disponerse para siempre a coadyuvar con esa pléyade de anónimos soldados del magisterio que a fuerza de privaciones y sacrificios – ni comprendidos ni correspondidos – van ganando conciencias para el futuro impoluto de la patria.

»Habremos de continuar oyendo la patria en las bullangueras manifestaciones callejeras que con cualquier motivo y fin entonan destempladamente nuestro himno o es hora ya que el oído argentino escuche solo la marcialidad de nuestro himno en el continuado repiqueteo del martillo arrancando al yunque sonoridades de aurora.

»Es necesario que no demos clara cuenta que la Patria se va construyendo no al esfuerzo de las pulidas y blanquísimas manos de nuestra rutilante frondosa e inútil burocracia sino al esfuerzo conjunto de ese millón de manos que mueve el rodaje de las fábricas, que empuña el arado y el volante, que vuelve el milagroso tornillo del microscopio y deja caer la gota de tinta pregonando todos los evangelios, en ese otro millón de manos que  corren por el teclado dactilográfico, que surce, lava, retoña heridas y acaricia, de ese otro millón, de manos sucias de tierra, grasa y aceite como el fango fecundo y bendito como los lirios y todas esas manos que en el descanso meridiano recogen el pan obtenido con el trabajo honesto, dignificante e indudablemente constructor del patrio altar. Imperioso es que dejemos de admirar en su fulgurante brillantes las arquitectónicas líneas de los grandes emporios en cuya cúpula flamea el azul blanco de nuestra bandera cobijando en su inmaculada pureza los expoliadores del pueblo y a cambio habremos de admirar e su justa grandeza trabajar y colaborar con esos cientos de edificios, sus líneas casi que en nuestras llanuras hacen el trigo y el maíz y en cuyas cimas no flameas sino el girón de miseria e indigencia del agro argentino.

»Preciso es a tiempo corto que los miles de lupanares y tabernas que enlodan nuestro suelo, caigan a la acción de la piqueta demoledora demoledora de la acción verdaderamente patriótica dando sobre sus minas génesis a los blanquísimos asilos de basilosos por los que clama el país, construyendo con sus escombros los silenciosos y alegres refugios para ancianos y a la floración de escuelas de muchas escuelas de verdad, que forjen a fuego blanco la salud moral, económica y política de nuestra patria hacia cuyo porvenir marchamos con orgullo aun en medio de los fraudes que a pleno pulmón en la actualidad nos toca respirar.

»Y por ello y por todo ello en este nuevo alto en el camino de la Patria, en que presentes también estarán los bandidos y los traidores, los que agradecidos y consientes del deber para con ella levantan en vez de palabras acciones, hechos que contribuyen a engrandecerla y ha ennoblecerla a los ojos del orbe todo.

»Y este deber para con ella inherente a todos, más compartido por todos, tiene que ser el estandarte de vanguardia del pueblo argentino en marcha hacia el destino que los hombres del pasado nos señalaron – así sea –.

»La dirección del más modesto cuanto pletórico de nobles ideales, Instituto F. Ameghino, me ha discernido el honor de ocupar esta Tribuna y si orgulloso me siento al hacerlo no es menos cierto que dudo grandemente pueda mis fuerzas alcanzar el nivel de modesta brillantez para encuadrar en la luminosidad de los fines que inspira este acto.

»El Instituto de enseñanza media que lleva el mil veces preclaro nombre de Florentino Ameghino nació destinado a realizar grandes obras en el camino a recorrer, nació del esfuerzo, del entusiasmo del presentido anhelo de superación de unos pocos muy pocos. Aquellos que esta obra emprendieron en el medio glacial que aprisiona, queriendo ahogar, a todas las iniciativas privadas me ambicionaron jamás otra cosa que no fuera la erección de una casa de estudios que irradiando la clara luz de la verdad, constituyera en el devenir un faro de amplias proporciones luminosas que esta ciudad pudiera ostentar orgullosa, y ofrecer en consiente tributo del esfuerzo de sus hijos a la imperecedera memoria de los paladines de nuestra cultura nacional. Así humilde, calladamente no alentando otro objetivo que el del bien colectivo, una presentida mutación total de valores por la que los pueblos no habrán de merecer el nombre de tales, si en el metabolismo de sus vidas no existe una inversión tal de esfuerzo que raye en el sacrificio humano en pro de la cultura y educación de sus hijos. En el deseo vehemente del anonimato personal gestaron este Instituto pero en el cálido ambiente de esta casa de estudios campea el calor de sus esfuerzos, de sus nobles aspiraciones que seguirán marcando rumbo en la deseada marcha ascendente. Contando unas veces, muy pocas con el auspicio valioso siempre de los poderes constituidos siguió el instituto la ruta que tiene trazada y a cuyas márgenes se levantaron al par que las voces de aliento la ayuda material.

»Posiblemente se han cometido errores en la administración, en la dirección del establecimiento por cuanto de humanos es el errar pero también es cierto que siempre se obra en la plena conciencia de la reafirmación de los principios que engendraran su creación.  Yo estoy seguro que nadie de los que han consentido su constitución moral, material, personal con el Instituto hayan alentado otra idea que no sea el de la constante reparación de los valores que llevaran al Instituto a un nivel de alta ponderación del consenso popular. Nosotros creíamos que en esta tarea éramos muchos menos de los que en realidad somos y esta aseveración la hago en el derecho que para ello me da vuestra presencia en esta sala.

»Muchos de nosotros estamos en esta reunión por compromisos contraidos y es a ellos quiénes invito a acrecentar la indiferencia y dejar de lado las pequeñas cosas de la vida para que salvando, si fuera necesario, horas al trabajo cotidiano contribuyáis con el esfuerzo de vuestros medios a levantar esta que hoy prometemos ofrendar a los desvellos culturales de Montalvo, Bello, Sarmiento, Rivadavia que en el suelo americano fueron los precursores de la instrucción pública como elemento fundamental de la independencia moral, económica y política de los pueblos.

»Corto es el camino andado, y sin embargo el prestigio moral del Instituto, cien veces amenazado de muerte, hoy se levanta firme, limpio y desafiante a los embates de todos los fariseos que crean encontrar en el medio un lucro personal o una posibilidad de usufructo del esfuerzo y desvelo de los que ambicionaron y todo lo dieron en pro de cristalización de una obra que ayer fuera un sueño y hoy viste las galanas cuanto tangibles vestiduras de las consagraciones materiales y morales.

»Nosotros que siempre habéis acompañado, con vuestra valiosa colaboración, al empeño de las diversas comisiones y direcciones del Instituto no como padres, alumnos y vecinos todos en esa noble tarea que de vosotros todo es la obra y vuestro el tiempo definitivo que anhelamos por igual. Hace cinco años, ayer nomás, comenzaba a funcionar el Instituto Ameghino, comenzaba su marcha, pobre muy pobre de elementos de enseñanza y mucho más de la fuerza propulsora siempre al calor popular. Hoy después de ese corto lapso, de constante lucha, sin desmayar en sus esfuerzos sigue el Instituto Ameghino en marcha siempre difícil y como en su iniciación pobre, muy pobre de elementos de enseñanza y si el calor del apoyo popular es mayor que en su origen, aún no alcanza a contrarrestar al penetrante frío de la indolencia e indeferencia de muchos.

»Necesario es que vosotros todos y por vuestro intermedio que es necesario el apoyo moral y material del pueblo para cubrir las necesidades del Instituto ya que el que fuera obligatorio deber de los gobiernos provinciales y nacionales cuando no es mezquino se niega y si llega algún día, tanto más lejano cuanto mayor las necesidades, habrá de llegar el influjo soberano de vuestra influencia todo de un pueblo consciente y celoso de su rol en el concierto nacional de los pueblos que luchan como titanes en la convicción que sólo la educación de sus hijos constituirá en un tiempo no lejano el puntual solídisimo de la Soberanía Nacional.

»En esta lucha cuanto grata tarea estamos empeñados, no habemos de dejar, hasta conseguir de los poderes públicos pertinentes la tutela oficial que asegure la marcha del Instituto por el emprendido camino del acervo cultural de la masa popular. Pero hasta tanto ello llegue necesitamos de vosotros y del pueblo todo. Vuestro apoyo moral y desidido para todas las gestiones y vuestra contribución material como la de hoy, generosa y valiosa, para que los elementos de enseñanza urgentemente necesitados puedan ocupar sus destinados gabinetes y completar la eficiente enseñanza que es obligación, conciencia y el deber de impartirlo.»

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